Hubo un tiempo que las revistas formaban parte del hábito semanal de millones de personas. Las había de distintos temas y públicos, pero algunas lograban trascender su círculo, o como se dice en la actualidad, las audiencias. Si bien se enfocaban a temas específicos era tal la popularidad y el prestigio que llegaban a manos de fanáticos y de simples curiosos.
Para retratar este modelo de prensa, bien cabe recordar a la revista El Gráfico, fundada el 30 de mayo de 1919 por Constancio C. Vigil (1876-1954) que revolucionó el periodismo local durante casi un siglo. Porque arañando los cien años de vida dejó de salir en papel en 2018, cerrando un ciclo de grandes notas, coberturas, periodistas y fotógrafos. Los nuevos hábitos de consumo, la irrupción de la televisión de cable con señales deportivas y la llegada del diario Olé marcaron la declinación, aunque la marca sobreviva en la página web.


Constancio C. Vigil era uruguayo y un año antes había sacado a la calle la revista Atlántida, cuyo nombre se extendió a la editorial que sería una de las más importantes de la Argentina con títulos como Billiken, Chacra, Gente y otras. Vigil impulsó en los primeros años de El Gráfico la apuesta a la fotografía, con breves epígrafes, notitas al pie de cada foto. Le dio un dinamismo poco visto para la época con antecedente fuertes como Caras y Caretas.
En 1925, El Gráfico dejó los contenidos de la «vida social», modas y costumbres y se volcó al deporte en sus distintas disciplinas; con el tiempo priorizó el fútbol, pero sin dejar de cubrir otras competencias como el boxeo y el automovilismo. Una especie de mandamiento o línea editorial rigió el destino del medio: “El Gráfico no se hace para amigos ni para enemigos”.
Las portadas de la revista traían fotos retocadas a mano en color de ídolos del deporte, luego llegaron los grandes despliegues con fotos de secuencias de goles con el detalle de flechitas que indicaban la deriva de la pelota. También, fue pionera en la incorporación de infografías y estadísticas. Según estudiosos, la revista mezcló la formalidad del periodismo inglés, mezclado con el criollismo. El tono coloquial fue ganando terreno; el lector se sentía parte de esa legión de escribas y fotógrafos que los lunes a la noche parían la revista esperada para analizar la fecha dominguera y todo lo acontecido en la semana.
Porque El Gráfico era una marca de identidad para los lectores y tenerla todas las semanas significaba un ritual. Salía el lunes por la noche y aquellos que andaban por el centro porteño tenían la oportunidad de primeriar a los lectores que la conseguían el martes por la mañana en los kioscos del barrio o en las estaciones del tren de todo el país. El padre de familia que traía a su hogar El Gráfico el lunes por la noche era recibido con pleitesía y el peluquero de la cuadra sabía que un ejemplar no podía faltar en el revistero si no quería evitar el reclamo del cliente.



Estilo propio
En la redacción había especialistas de primera línea que a su vez eran escritores o poetas. Redactores forjados en los libros y en la bohemia nocturna de la Buenos Aires que nunca dormía. En las crónicas convivían las estadísticas y los detalles de las jugadas con una prosa reforzada por literatura, tango y alguna partida de cartas. La calle y el escritorio. Los viajes siguiendo a boxeadores, automovilistas y selecciones junto a la nota “color” del jugador de fútbol con overol que también se ganaba la vida como diariero. De esa redacción de la calle Azopardo surgían apodos para los ídolos y descripciones de jugadas futbolísticas que parecían esconder una clase de danzas clásicas.
Es imposible abrazar 99 años de trayectoria en un solo artículo; recurriremos al botón que sirva como muestra. Ante los ojos del cronista aparece El Gráfico, edición 2915, del 2 de agosto de 1975. La portada decía “River Campeón, en el grito del Beto Alonso”. La foto enorme mostraba al 10 del Millonario celebrando con los brazos y la boca abierta. Recordemos que los de Núñez quebraron ese día el maleficio de 18 años sin títulos.
En otra nota, la revista que dirigió Carlos Fontanarrosa, entre otros, afirmaba: “Si escucha gol, piense en Scotta” que era jugador de San Lorenzo y el goleador del campeonato. Al final de cada nota aparecían las firmas de próceres del periodismo: Félix Daniel Frascara, Ricardo Lorenzo “Borocotó” fueron sus directores en la primera mitad del siglo pasado y Dante Panzeri entre finales de los años 50 y principios de la década de los 60. El Gráfico siempre se ocupó desde los comienzos con Borocotó padre y Frascara de ejercer una prosa cuidada, rica e interesante que captara al lector. En un mundo casi virgen, El Gráfico plantó semillas que fructificaron a lo largo de décadas. Estilo, que se dice.



Semillero
Otros periodistas que se destacaron, alcanzando alguno de ellos cargos directivos, fueron Aldo Proieto, Ernesto Cherquis Bialo, bajo el pseudónimo de Robinson; Osvaldo Ardizzone, Héctor Vega Onesime, Juan José Panno, Juvenal, Carlos Basurto y Carlos Garaycochea con sus viñetas humorísticas, y Pablo Ramírez, entre tantas plumas iluminadas. No solo informaron y formaron lectores y futuros cronistas, sino que también llevaron la cultura argentina al mundo. No hay que olvidar a los fotógrafos que hicieron una escuela en el arte de retratar escenas deportivas. Sobre vuela el apellido Alfieri, padre e hijo, como referentes de esa época.
Muchos lectores de países vecinos aprendieron a leer con El Gráfico y a conocer las costumbres y geografías del país por las coberturas de las competencias de automovilismo. El Gráfico fue un embajador cultural sin título y como quiso otros de sus directores Dante Panzeri, un “ministerio de deportes en un país que no lo tenía”.
Opiniones sobre la revista
“A lo largo de más de seis décadas fue la revista deportiva más importante de América Latina y una de las tres más importantes del mundo. Y en esa frase la palabra deportiva podría estar sobrando”, escribió Matías Buaso en Infobae y agregó: “Al lector argentino hojear Guerin Sportivo, Don Balón, Onze o Sports Illustrated le producía una sensación incómoda, una mezcla extraña de desilusión y orgullo. Por un lado, esas revistas no eran lo que uno se había imaginado. No tenían el despliegue de actualidad, la calidad de imágenes, la vitalidad que tenía El Gráfico”.



Según Aldo Proieto, uno de los directores, la revista alcanzó la tirada máxima en la historia que llegó a los “800 mil ejemplares con Argentina campeón del mundo en 1986 con Maradona teniendo la copa. No pudimos editar más porque nos quedamos sin papel. Después le siguen la revista de Argentina campeón 1978 con 500 mil copias» , afirmó Aldo Proieto en un documental. En tanto, para el número de Argentina campeón 1978 se revelaron 232.750 fotos y se utilizaron cien para un número especial.
También, el exdirector recordó “las portadas que nunca quisieron hacer como la que salió de color negro por la derrota 5 a 0 ante Colombia y la otra, con Maradona detenido por drogas en la puerta de un departamento de Villa Crespo”. Además, destacó que El Gráfico siempre cuidó la escritura de los textos.
Escuela de periodismo
En ese sentido Daniel Arcucci, que entró con 20 años a trabajar a la redacción, definió que fue “una escuela de periodismo”, cuyos conceptos los aplica pese al paso del tiempo porque son modernos. “Lo importante es saber contar una historia”, subrayó mientras observaba por enésima vez un poster de Diego y el gol a los ingleses que estaba pegado en la redacción, en el marco de una entrevista que se puede ver en las redes.
El concepto de escuela no era exagerado porque los que entraban a la revista empezaban de cadete y con los años ocupaban distintas responsabilidades y hasta podían llegar a cargos directivos. Ernesto Cherquis Bialo entró como pasante en 1963 y fue el director entre 1982 y 1990. El 17 de enero de 2018 Cherquis escribió una nota en Infobae, tras conocerse el fin de la revista, una nota evocativa de aquellos buenos tiempos. Habló del significado de ese adiós, que no por esperado fue igual de doloroso. “Es nuestra mejor adolescencia y adultez que se nos va. Es una presencia irreemplazable en cualquier rincón de nuestras casas. (…) Es una caricia entre padres e hijos al recorrerla juntos. No tendremos más a El Gráfico. Maldita lógica. Maldita evolución de la vida que siempre se lleva consigo algo de nuestro corazón. Acabo de escribir mi nota más triste y dolorosa”.
Texto: Daniel Artola
Fotos: Gentileza colección de Jorge Fuentes y redes.



