El ave del paraíso macho (lophorina superba) galantea a la hembra con una estudiada puesta en escena que incluye decorar el entorno y un baile de movimientos contundentes y magnéticos acompañados de fuertes aleteos. La imagen se hizo viral años atrás gracias a un documental y se usa a menudo como metáfora visual del cortejo. Es ideal para lo que sigue. Cambien el presumido pájaro por el puerto de Barcelona y la señora paraíso por la ciudadanía. La infraestructura celebra este fin de semana la tercera edición de sus jornadas de puertas abiertas. La principal novedad de este año, precisamente, ha sido este sábado un baile de barcos con el que los barceloneses han podido familiarizarse con los navíos que a diario se encargan de manejar todo lo que se mueve entre los 23 kilómetros de muelles y atraques.
Hace ya tiempo que puerto y urbe se han dado cuenta de que no pueden vivir de espaldas. Pero una cosa es la colaboración entre administraciones –incluso el hecho de que la Via Laietana se creara para conectar el floreciente Eixample con el Port Vell– y otra muy distinta, la relación a escala humana con la sociedad. El compartimento estanco de otros tiempos va dejando paso a una infraestructura más porosa (el muelle de Pescadores y la Torre del Rellotge, por ejemplo), aunque sigue pendiente la gran obra: permitir que peatones y bicis conecten desde Drassanes hasta la Marina del Prat Vermell por debajo del Morrot para no tener que dar la vuelta por Montjuïc o Gran Via. Eso solo se puede hacer en coche por la Ronda Litoral, y precisamente al otro lado están los vecindarios que más crecerán en los próximos años.

El puerto barcelonés, ha compartido su presidente, José Alberto Carbonell, mientras presenciaba la danza marina, se ha inspirado en Hamburgo, que cada primer fin de semana de mayo desde 1977 celebra una fiesta mayor marítima que incluye una exhibición de barcos, el conocido como Schlepperballett o baile de los remolcadores. Frente al World Trade Center, en el muelle de Barcelona, han actuado los amarradores Mooring 2 y 5, los prácticos Antares BCN y Spica BCN y los remolcadores Balahu, Cala Mesquida y Cala Gat. Cuando parece que está todo inventado, aparecen seis naves y se ponen a danzar, dando vueltas a su alrededor, lanzando salvas de agua. Incluso besándose (foto inferior).
El espectáculo
Amarradores, remolcadores y prácticos orillan los navíos por un día para mover el esqueleto frente al muelle de Barcelona
El muelle no se ha llenado, ni mucho menos, pero los que estaban han disfrutado de lo lindo con el espectáculo, incluidos los que estaban en el agua a bordo de las Golondrinas, las embarcaciones de toda la vida por las que han pasado distintas generaciones de barceloneses y que en estos dos días también forman parte de las puertas abiertas portuarias.

Además del baile de barcos, otra de las novedades de este año es la visita al faro del Llobregat, construido en 1852, un espacio inaccesible para el público. Era el punto de referencia más seguro para recalar en el puerto, ya que señalaba los bajos arenosos de la desembocadura del río. El año que viene es probable que se incluya en la experiencia el Portal de la Pau, antigua sede portuaria. En su interior está previsto el Port Center, un centro de divulgación, pero no estará listo hasta el 2028. Todavía queda mucha baile de obra en el edificio.



