Dos adolescentes fueron encontradas muertas esta semana en distintos puntos del país y sus casos generaron conmoción nacional. Dulce María Beatriz Candia, de 17 años, fue hallada sin vida en una construcción abandonada en Misiones, mientras que Agostina Vega, de 14, apareció muerta en un descampado en Córdoba.
Los dos hechos son investigados por la Justicia y se produjeron en un contexto que sigue mostrando cifras alarmantes de violencia de género en Argentina. Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, elaborado por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema, en 2025 se registraron 200 víctimas directas de femicidio y 19 víctimas de femicidio vinculado. El dato equivale a un femicidio cada 44 horas.
En el caso de Dulce, la adolescente había sido vista por última vez el 17 de mayo en Eldorado. Según la reconstrucción inicial, había quedado en su casa al cuidado de su hermana menor mientras su madre acompañaba a su padre, que se encontraba internado. Esa tarde salió rumbo a una iglesia cercana y no regresó.
La denuncia por su desaparición fue realizada varios días después, cuando se activaron los protocolos de búsqueda. El jueves por la noche, un vecino del barrio El Tucán alertó a la Policía por un fuerte olor que provenía de una obra abandonada. Al inspeccionar el lugar, los efectivos encontraron el cuerpo de la adolescente dentro de una cámara séptica ubicada en la parte posterior del terreno.
Las primeras pericias señalaron que Dulce llevaba varios días muerta. En el cuello de la joven fue hallado un trozo de sábana anudado, por lo que una de las hipótesis es que pudo haber sido estrangulada. De todos modos, la Justicia espera los resultados de la autopsia para determinar con precisión la causa y la fecha de muerte.
El otro caso que conmocionó al país ocurrió en Córdoba. Agostina Vega, de 14 años, era buscada desde hacía una semana y fue hallada muerta este sábado en un descampado de más de 200 hectáreas en Ampliación Ferreyra, al sur de la capital provincial. El lugar venía siendo rastrillado desde hacía más de 24 horas.
La investigación tiene como principal sospechoso a Claudio Barrelier, un hombre de 32 años que está detenido. De acuerdo con la hipótesis judicial, el acusado habría llevado a la adolescente hasta su casa del barrio Cofico con el supuesto argumento de buscar un regalo para su madre. Agostina lo conocía porque había sido pareja de su mamá.
Una cámara de seguridad registró el ingreso de Barrelier a la vivienda junto a la adolescente el sábado 23 de mayo. Esa fue la última imagen con vida de Agostina. Los investigadores intentan determinar qué ocurrió dentro de la casa y si participaron otras personas. Por el momento, la principal línea de investigación apunta a un posible abuso sexual y una posterior agresión.
En las horas posteriores, según la reconstrucción del caso, el sospechoso habría pedido dinero y un auto prestado. La Justicia investiga si ese vehículo fue utilizado para trasladar el cuerpo. Finalmente, una pista que ubicó al detenido en la zona de Ampliación Ferreyra llevó a los rastrillajes que terminaron con el hallazgo.
Violencia de género, un problema estructural
Los crímenes de Dulce y Agostina reavivan el reclamo social frente a la violencia contra mujeres, niñas y adolescentes. De acuerdo con los datos de la Corte Suprema, el 16% de las víctimas directas de femicidio registradas en 2025 fueron niñas o adolescentes menores de 18 años. Además, en el 83% de los casos existía algún vínculo previo entre la víctima y el agresor.
Aunque el informe oficial marcó una baja en la cantidad de femicidios respecto de 2024, especialistas advierten que esa reducción no implica que la violencia de género haya dejado de ser un problema estructural. Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, sostuvo que “decir que la violencia de género ya no es un problema o que el Estado puede retirarse con una variación de un sólo año, es falaz”.
La especialista también remarcó que muchas víctimas no llegan a realizar denuncias previas. “Las mujeres que lograron denunciar fueron siempre la minoría entre las víctimas de femicidio. Entre el 73% y el 87% de las mujeres asesinadas nunca habían llegado al sistema judicial. La violencia más letal sigue ocurriendo en silencio, fuera del radar del Estado”, explicó.
Los casos de Dulce y Agostina aparecen, así, como dos hechos recientes y brutales que exponen una problemática persistente. En Misiones y Córdoba, las familias esperan respuestas judiciales, mientras el país vuelve a enfrentarse a una pregunta que se repite cada vez que una niña o una adolescente desaparece y aparece muerta: qué falló antes de que fuera demasiado tarde.
Con información de Infobae, Clarín y Chequeado



