En los días previos a la visita de Trump a China, las secciones de política internacional de la prensa se llenaron de referencias a la llamada “trampa de Tucídides”, una idea del politólogo Graham Allison, que sostiene que la guerra es inevitable cuando una potencia existente empieza a temer a la potencia emergente. Este concepto proviene de una lectura superficial de Tucídides (considerado, con Heródoto, uno de los padres de la historia como disciplina intelectual), el cual, ciertamente, al principio de su Guerra del Peloponeso, hablando de las causas del enfrentamiento entre Atenas y Esparta, dice: “La causa más verdadera, aunque la que menos se manifiesta en las declaraciones, pienso que la constituye el hecho de que los atenienses, al hacerse poderosos e inspirar miedo a los lacedemonios, les obligaron a luchar (Libro I, capítulo 23). Años más tarde, sin embargo, Tucídides, en un pasaje conocido por los filólogos como el “Segundo Proemio” (Libro V, capítulo 26), sostiene que la guerra fue el resultado de la soberbia y los errores de ambos bandos: “Se cometieron por una y otra parte idéntico número de violaciones de los tratados”.
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