Mercedes Morán y el libro en el que relata la violencia psicológica que sufrió por parte de su madre: «Escribir me enseñó a perdonarla»

En la ficción, nunca tuvo un rol tan desafiante como ser la hija que fue en la vida real. Esa hija que, de a poco, aprendió a perdonar a su madre. Esta vez, a Mercedes Morán “el guión” no le llegó por mail, sino que lo construyó ella misma a partir de recuerdos. Tampoco fue dirigida por un realizador cinematográfico o teatral, sino por su propio “darse cuenta”, un despertar progresivo y sanador.

El resultado de esta travesía emocional fue que Mercedes Morán se animara a escribir Madre mía (Editorial Planeta), su primer libro: un relato dividido en cuentos cortos que la obligó a bucear por vivencias que van desde su niñez hasta la actualidad.

A los 70 años, la actriz le confiesa a Clarín: “Yo siempre escribí, pero nunca con el afán de que el material sea publicado. Escribía para mí como una manera de reflexionar. Pero esta vez sucedió que la Editorial Planeta me hizo esta propuesta, idea que le surgió a partir de un espectáculo unipersonal que realicé en 2016 (Ay amor divino, con texto propio y dirección de Claudio Tolcachir), donde hablaba de algunos de mis vínculos amorosos: con la infancia, con Dios, con la tierra, con mis padres”.

Y agrega: “Me resistí bastante porque no sentía que estuviera a la altura de las circunstancias. Si bien yo había escrito algunas cosas para ser actuadas o dichas por mí, lo literario me parecía como otro nivel. Finalmente, por cuestiones personales decidí parar de trabajar por un tiempo, y encontré el espacio para poder generar ese hábito que yo no tenía, el de escribir todos los días una cantidad de horas”.

Mercedes espera ansiosa el estreno de la miniserie Mis muertos tristes (previsto para el mes de septiembre), que coprotagoniza con Dolores Fonzi, dirigida por Pablo Larraín, basada en cuentos de Mariana Enriquez.

Crecer con mamá

Mercedes Morán pudo mirar su pasado y reconciliarse con actitudes de su madre. Foto: Ariel Grinberg

Lo que es una realidad y celebra es su libro, que capítulo tras capítulo recorre la difícil crianza que tuvo, con una madre contradictoria (se llamaba Aída; fue maestra rural en Concarán, el pueblo de San Luis donde nació Mercedes. Kuka, como la apodaban, murió a los 97 años por Covid).

Morán fue blanco de violencia psicológica por parte de su madre, quien la desvalorizaba permanentemente, daño que superó con mucha terapia. Y gracias al poder sanador que le adjudica a la escritura de este libro.

-¿Al escribir exorcizaste más fantasmas que con la actuación?

-No, yo no veo diferencia. Siento que el arte en general, ya sea la actuación, la escritura, me imagino que también cuando componés una canción, te ayuda a exorcizar fantasmas.

-Me refería a que lo del libro es más autobiográfico…

-Sí, cuando actuás, el personaje te protege, te escondés detrás de él. En este caso es diferente, por lo que decís que estoy hablando de mi propia vida, y de mi madre…

-Algo curioso, porque vos en las entrevistas no solías hablar demasiado de tu mamá ni de tu vida privada. Acá, de repente, exponés vivencias bastante fuertes.

-La verdad es que tuve que vencer algunos pudores. Pero bueno, siempre se trata de eso, de correr límites.

Mercedes Morán cuenta que la forma de amor que más disfruta en estos tiempos es la de ser abuela. Foto: Ariel Grinberg

-¿Cómo lo lograste?

-Me di cuenta de que escribir estos relatos desde mi infancia hasta hoy, me ayudaba no sólo a terminar de perdonar a mi madre, a comprenderla, sino que también echaban un manto de piedad sobre mi propia exigencia como madre. Finalmente, escribí este libro con el objetivo de sanar, entender, mejorar y evolucionar.

Qué aprendió y qué padeció de su madre

Mercedes Morán nunca imaginó que la historia que vivió con su mamá podía convertirse en un libro. Reconoce que fue una excusa para hablar de la maternidad, y de la educación sentimental y sexual que recibió.

Dice: “Hay lugares comunes que, cuando no están vacíos de contenido, a veces son reveladores. Por ejemplo, esta cosa de que siempre como padres nos prometemos ser mejores de lo que fueron nuestros padres con nosotros. Son promesas que raramente se cumplen como uno las ambiciona”.

Y agrega: “De otra cosa que me interesaba hablar es de que, cada vez que nos referimos a la maternidad, nos enfocamos en la de bebés, niños o adolescente. Pero el hecho de maternar hijos adultos es un tema que no se toca. Y es un rol que hay que aprender cuando uno ya tiene un camino largo recorrido, que es por lo que yo estoy pasando en este momento”.

-¿Qué rescatás de tu mamá?

-Muchas cosas. Una de ellas fue una ambición por ser independiente que tenía muy marcada, y le generaba esta necesidad de decirnos, tanto a mi hermana como a mí, lo importante que era independizarse económicamente. Lo normal hubiera sido que me dijera: “Buscate un marido rico”. De hecho, ella trabajaba en una época en la que la mayor parte de las mujeres se dedicaba a su casa.

Mercedes Morán y su libro

-¿Y en qué la padeciste?

-Entre otras cosas, por el descontrol que le aparecía a mi madre al ser testigo de cualquier escena donde hubiera alguna carga erótica: desde una pareja besándose hasta mi propio despertar sexual. Había algo que la sacaba de control.

-En uno de los capítulos más reveladores del libro contás cómo pudiste comprender muchas de sus conductas, lo que también te ayudó a perdonarla.

-Sí, después de que mi madre se muere, mientras escribía el libro y durante una sesión de terapia, tuve una revelación. Entiendo que nunca lo podré saber con exactitud, pero muy probablemente ella sufrió algún tipo de abuso.

-Qué fuerte…

-Sí. Cuando mi terapeuta me pidió que le contara la infancia de mi madre, resultó tan obvio… Entonces lo conversamos con mis primos y a todos, por distintos motivos, nos cerró. Eso hizo que lo que faltaba perdonar, se perdonara de manera más fácil y, contradictoriamente, empecé a no perdonarme a mí por no haberme dado cuenta. Me considero bastante perspicaz para captar ese tipo de situaciones y, sin embargo, con mi madre no lo hice.

Su casamiento a los 17 años

Mercedes Morán. Como se casó muy joven, su primer esposo debía firmarle el boletín. Foto: Ariel Grinberg

El hecho de que Mercedes Morán se haya casado a los 17 años (su marido tenía 23 y hasta era él quien debía firmarle el boletín del colegio), la marcó para toda la vida.

Explica: “Mirándolo con distancia, puedo ver que sentía una gran necesidad de independizarme, de irme de la casa de mis padres, y eso que la idea de vivir sola en esa época, en mi familia era absolutamente imposible”.

Agrega: “Hice quinto año, casada. Me casé en diciembre del año que terminé cuarto. No elegía a mis compañeras de colegio como amigas, quería tener amigas mayores, y la vida de una persona más grande. Un apuro loco por crecer. A los 19 años, era responsable, tenía una hija, trabajaba, estudiaba, iba a la facultad, en fin, tenía una vida como yo quería”.

Nuevos amores que la rejuvenecen

Mercedes Morán afirma que en este momento no está en pareja y disfruta mucho de estar sola.

Dice: “En plan gracioso, cuando me preguntan si estoy abierta a conocer a alguien, digo que sí. Pero como siempre estuve a cargo de mucha gente, hijos, padres, esta independencia de estar sola me libera de un montón de compromisos y la disfruto mucho. Tampoco quiero estar cerrada a que una nueva pareja tenga determinadas características, determinada edad, determinado sexo…”.

-¿O sea que también estás abierta a relacionarte con una mujer?

-¡Hay tantos tipos diferentes de amor! Igual, con esto que te voy a decir, te voy a decepcionar para la nota (Risas). Pero en este momento, ¿sabés dónde siento más el amor? Me refiero a ese amor que te rejuvenece… ¡Con mis nietos! Yo recuperé esa calidad de amor con ellos, aunque eso no quiere decir que voy a trabajar de abuela toda mi vida (Más risas). También estoy abierta a que aparezca el amor con otra persona, esa sensación de que sos esencial para el otro y que el otro lo es para vos. Ese es un sentimiento precioso.

Mercedes Morán tiene tres hijas. Con su primer marido, que vive en Europa, dice ser amiga. Con Oscar Martínez cuenta que tiene una relación más distante. Foto: Ariel Grinberg

Cuando la actriz se refiere a sus nietos, habla de Ema (16), León (13), Justina (5) y Francisca (2). Sus hijas se llaman Mercedes Scápola (51), actriz y directora; María Scápola (48), psicóloga; y Manuela Martínez (31), escritora.

-El nombre de tus tres hijas empieza con M, como el tuyo…

-Sí, la primera se llama como yo, Mercedes, pero no soy responsable de eso. La anotó mi marido (Oscar Scápola, con el que se casó a los 17). Yo me quedé en la clínica y él fue al registro civil a anotarla. Volvió diciéndome que fue su idea de rendirme un homenaje: ¡me quise morir! Nunca hubiera elegido llamarla así, pero bueno…

-¿El de la segunda lo elegiste vos?

-María, el nombre de la segunda, fue el que yo realmente quise, porque me parece hermoso. Y cuando tuve a la tercera (con el actor Oscar Martínez), ya había dos con M. Así que elegimos Manuela. Y además fijate que los dos padres de mis hijas se llaman Oscar…

-¿Te llevás bien con ellos?

-Con el primero, con Scápola, me llevo bien; vive en Europa, nos vemos una vez por año, somos amigos. Con Martínez tengo una relación más distante.

Mercedes Morán. A los 70 años, dice estar abierta al amor. Foto: Ariel Grinberg

-Transitaste un momento delicado cuando te enteraste de que tu hija mayor tenía cáncer, algo de lo que preferís hablar poco.

-Sí, fue horrible. Un hijo con una enfermedad de esas características es lo peor que te puede pasar.

-¿Cómo sos como mamá? ¿Te sorprendés teniendo actitudes de tu propia madre? ¿Te lo hacen ver tus hijas?

-Sí, sí, por supuesto. Muchas veces mis hijas me lo dicen en tono gracioso. Nunca como un reproche grave. “¡Estás como la abuela!”, me retan (Risas).

-¿Y te da culpa?

-Bueno, paso por muchas cosas. Primero me enoja, después me ofende, después me da risa, paso por todas. Pero sí, claro, esas partes que hemos criticado de nuestros padres son las últimas en las que queremos vernos parecidos.

Redacción

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