Hay pocas personas que remiten a la argentinidad con solo verlas o escucharlas, y una de ellas es Carlos Alberto Solari, el Indio, que falleció a sus 77 años. Sus canciones se infiltraron en el imaginario social, trascendieron generaciones y funcionaron como refugio, bandera, compañía y también como una forma de mirar el mundo. Fue un artista enigmático que priorizó tener su vida privada fuera de los flashes y su recorrido musical lejos de los circuitos tradicionales. Así, cada aparición suya, intervención o fotografía era digna de ser noticia, y muchas personas recorrieron el país siguiéndolo en las famosas “misas ricoteras”. En 2016, durante un recital en Tandil, anunció: “Mister párkinson me está pisando los talones. Pero aquí estoy, no me van a bajar del escenario así nomás”. Dicho y hecho, cuando la enfermedad avanzó e imposibilitó su presencia física, el Indio dio paso a la tecnología y apareció en las grandes pantallas y como un holograma en varias ocasiones.
Una de ellas, por ejemplo, fue durante las presentaciones que hicieron Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado –banda que acompañó al Indio durante su última etapa como solista– en el Estadio Malvinas Argentinas en marzo de 2020, previo a la cuarentena. En pleno repertorio, apareció el Indio, que no se había subido a un escenario desde 2017, en versión holograma. Durante los días de show, cantó “Pinturas de Guerra”, “La moda no es vanguardia”, “El callejón de los milagros” y “La oscuridad”. Se convirtió así en el primer artista de la música nacional en utilizar esta herramienta.
En diálogo con la Agencia, Natalia Perelman, directora de la Tecnicatura Universitaria en Producción Musical y Nuevas Tecnologías de la UNQ, reflexiona: “Como artista, siempre estuvo abierto a las innovaciones tecnológicas. Sin embargo, creo que la representación holográfica tuvo más que ver con una cuestión de amor y humanidad. Encontró en la tecnología un vehículo para que su banda pueda seguir tocando cuando él ya no pudiera salir a cantar”.
Para realizar ese holograma que apareció en el medio del escenario entre los demás artistas, se grabó el contenido previamente en su estudio, Luzbola, en Parque Leloir, y luego fue proyectado en el escenario sobre una tela transparente. En otras oportunidades, también se había presentado pero mediante videos en las pantallas grandes. Por ejemplo, a fines de 2019, Los Fundamentalistas realizaron un recital a beneficio de Martín Carrizo, el baterista de la banda que sufría de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Allí, el Indio cantó algunas canciones de manera virtual.
Perelman plantea: “Estar frente a tanta masividad de gente requiere un esfuerzo físico y emocional que el Indio ya no podía dar. Creo que ahí también la tecnología le sirvió como herramienta. No creo que la aparición como holograma haya surgido a partir de una búsqueda por innovar tecnológicamente, sino por estar presente en las misas de alguna manera”.
Las misas ricoteras eran el fenómeno social y cultural que acompañaban la música del Indio. Como si se tratara de una religión, los fanáticos eran peregrinos que viajaban desde distintos puntos del país para asistir a sus shows. Solari llevaba la imagen del “Papa” y las canciones eran los rezos. Durante los recitales, el clímax de la misa era la canción “Ji, ji, ji”, donde se realizaba “el pogo más grande del mundo”.
Más de 300 mil personas asistían a los shows y él era consciente de las movilizaciones que se generaban. En uno de los últimos recitales de Los Fundamentalistas, el mítico artista apareció en un video, cantó algunas canciones y dijo: “Me acompañaron durante ese tiempo hasta que la Providencia quiso que se cruzara conmigo un par de cositas que me impiden… Ya saben ustedes de qué hablo, que no me permiten estar ahí y subir al escenario. Pero no quería dejar pasar este momento para jugar a que estoy con ustedes, escuchando porque estoy ahí y lo voy a estar haciendo. Toda esta cháchara era para decirles algo simple, que es que los quiero mucho, los respeto mucho como público. Son de los mejores del planeta y les mando un abrazo a todos, les agradezco mucho”.
Perelman plantea a la Agencia: “El Indio es parte de la cultura nacional. A diferencia de otras bandas, él prestaba mucha atención a las letras, las melodías y la emotividad al cantar o tocar, y no tanto en tener lo último en tecnología. Incluso, hay mucho de esto de ‘no entender las letras’. Eso es porque era poeta y cada letra la comprende cada uno a su manera y le encuentra su propio significado”. Y agrega: “En sus últimas apariciones, ya sea como video o como holograma, había algo vivo y auténtico detrás de eso. El Indio aceptó estar ahí, y eso era lo que movía las emociones del público”.
El holograma, las pantallas y los videos fueron apenas herramientas para que aparezca lo verdaderamente importante en los recitales: el vínculo entre el Indio y sus ricoteros y ricoteras. Una conexión construida durante décadas a través de canciones, símbolos y emociones compartidas. Hoy ya no está físicamente, pero habita en las letras, en las banderas, en las paredes de los barrios y en la memoria colectiva de millones de personas. Hoy, el infierno está encantador.



