En Madrid se habló de Sábat. Del Hermenegildo Sábat que, con su trazo magistral, desmesurado o sutil, ironizó, denunció o simplemente retrató, desde las páginas de Clarín, la grandeza y las miserias de los protagonistas de nuestro tiempo.

Sucedió en una librería deliciosa llamada Olavide Bar de Libros, donde un lunes a la nochecita no cabía ni un alfiler: se había corrido la voz de que se presentaba Diez veces Sábat. Vida y obra del artista que retrató al país, y la cita prometía una reflexión sentida y lúcida sobre Menchi, el genio “mudo” del humor gráfico.
“Menchi era un periodista. Y antes que eso era una persona muy sensible que lograba identificar los rasgos más salientes de un personaje de la política, de la cultura o de la vida cotidiana, sin agregar una palabra”, dirá Ricardo Kirschbaum, editor general de Clarín y autor del prólogo del libro.
Diez veces Sábat, que el diario publicó como parte de las celebraciones por su 80° aniversario, es una degustación de los rasgos que más se acercan al artista multifacético.
“Menchi es la memoria colectiva de los argentinos porque, a partir de sus dibujos, podemos conocer qué pasó en Argentina en los últimos 50 años. Pero, más allá de todo eso, yo quería contar cuántos Sábat viven dentro de Hermenegildo Sábat. El Sábat maestro, el Sábat fotógrafo, el poeta, el escritor, el demócrata”, subrayó Diana Baccaro, la autora de esta memoria vital y artística.
Diez veces Sábat es culpa de la sed de Baccaro por conocer a fondo qué ideas y sentimientos alcanzaban su punto de ebullición en la mente creadora de Sábat. Lo logró luego de hablar largo y tendido con 30 fuentes –personas cercanas al artista– para después enhebrar, con una pluma cuidada, entre periodística y literaria, episodios biográficos y políticos memorables.
“Sábat empezó a dibujar a los dos años. Fue autodidacta toda la vida. Su abuelo, que también era caricaturista, murió cuando él todavía no había nacido. Sin embargo, fue su maestro porque le dejó sus dibujos. Entonces él, a partir de ver los dibujos de su abuelo, empezó a copiar y a crear su propio mundo. A los 12 años empezó a publicar”, contó la autora, que es editora jefa de Clarín y profesora de la Maestría de Periodismo que el diario imparte junto a la Universidad de San Andrés.
Porque Baccaro compartió años de redacción con Menchi. Y aunque nunca imaginó que aquella convivencia, distante y cercana al mismo tiempo, cobraría forma de libro, los gestos mínimos y las frases escuetas que el maestro pronunciaba a diario en la redacción fueron macerando este Diez veces Sábat.
Retratista “de la Argentina rota”
La presentación del libro en Madrid tuvo como maestro de ceremonias al periodista y escritor Juan Cruz, quien definió a Sábat como el retratista “de la Argentina rota”.
Participaron, además, los ilustradores Manuel Álvarez Junco y Agustín Sciammarella, argentino radicado en España que publica su trabajo en Clarín, y quien se permitió una ironía: “Yo tengo una ventaja sobre Sábat –afirmó Sciammarella–. Y es que aprendí de él”.
“Fue de los pocos dibujantes que han tenido la inmensa fortuna de editar libros. Atesoro una colección de libros de Sábat que no tengo de otro dibujante”, agregó el ilustrador.
Como colega, Álvarez Junco destacó “la esculturalidad que tenían los personajes que él realizaba en blanco y negro”.
“Desarrollaba un determinado personaje y jugaba después con él. No hay que olvidar que era un humorista. La caricatura es humor. Pretendía dar un toque, de alguna manera, como hizo cuando dibujó a Perón en pantuflas”, relató Álvarez Junco.
Y agregó: “La primera impresión que me dan las caricaturas de Sábat es la elegancia. La elegancia de Don Quijote, pero a la vez todo el contenido es siempre humorístico y de Sancho Panza”.

“Él decía: ‘Yo me gano la vida mirando caras. A veces soy como un policía’ –recordó Baccaro–. Contaba que miraba y miraba la cara porque quería sacar el carácter de esa persona. ‘Puedo dibujar 20 veces la misma cara, pero nunca el mismo gesto’, decía Menchi. Ahí estaba su arte: abrir el personaje como una nuez y capturar desde ahí la verdad humana, el ADN de adentro.”
La presentación del libro estuvo arropada por la presencia del escritor nicaragüense y reciente miembro de la Real Academia Española, Sergio Ramírez –quien ocupará la silla que dejó vacante Mario Vargas Llosa–; el expresidente de la agencia EFE, Álex Grijelmo, y el exembajador argentino en España, Carlos Bettini.
También asistieron José Luis Fajardo, pintor canario que vivió en Argentina; el editor venezolano Sergio Dahbar; periodistas de medios españoles y lectores que suelen frecuentar la librería.
En Madrid se habló de Sábat, pero Sábat no es nuevo para Madrid: la Biblioteca Nacional de España cuenta con el retrato que el artista pintó del poeta argentino Juan Gelman. Integra la galería de autores que recibieron el Premio Cervantes –Gelman lo obtuvo en 2007– y que, como parte del mimo al homenajeado, desde el año 2000 concede al premiado la potestad de elegir quién le gustaría que lo retratara. Gelman no lo dudó ni un instante: “Sábat”, postuló.

Años después, Menchi recordó aquella aventura: “Ese encargo valió para que viajáramos con mi esposa Blanca a Alcalá de Henares, donde nació el autor del Quijote –contó–. Tengo dos recuerdos de ese día. Uno fue una advertencia protocolar a las damas para que fueran de falda… y la única que estaba de pantalones ¡era la mujer de Zapatero!”. Por entonces, José Luis Rodríguez Zapatero era el jefe del gobierno de España.
“El otro fue que pudimos observar la resistencia etílica del rey Juan Carlos (hoy rey emérito, autoexiliado desde 2020 en Abu Dhabi, lejos del reino de España, por las desprolijidades de su vida sentimental y financiera), quien en medio de un patio soleado se tomó todo, hasta la presión. Tan alegre iba que, cuando salía, me miró y me dio la mano como si fuera un amigo de toda la vida, sin saber quién era yo”, recordó Sábat.
“Madrid fue, para Hermenegildo Sábat, una de esas ciudades interiores”, apuntó Cristina Santa Cruz, curadora de la muestra de 15 Sábat que se pueden visitar –y adquirir– en una de las salas de la madrileña librería Olavide Bar de Libros.
Retratos de Luis Buñuel, de Jorge Luis Borges o de Joan Manuel Serrat dialogan de una pared a otra con caricaturas de Gabriel García Márquez, de Pilar Miró o de Pablo Picasso. Hay hasta un original de una caricatura de Juan Carlos Onetti en el borde de la cual Sábat apuntó un número de teléfono.
En las palabras que Santa Cruz escribió en el folleto de la muestra, Madrid fue, para Menchi, “una forma de memoria”.
“Allí, aquí, Sábat se reconocía a sí mismo, resultándole, quizás, casi baladí haber nacido un día fresco y húmedo de 1933 en el montevideano Pocitos, en Uruguay, o haber expandido todo el fulgor de su obra en Buenos Aires. Sábat tenía la trascendencia de un universal, de aquellos que transitan casi inconscientes de su estela”, señaló la curadora en el folleto de la presentación del libro en España.

En Madrid se contaron anécdotas, simpáticas y aterradoras, que protagonizó Sábat. Kirschbaum recordó un episodio de los días espesos que compartieron en la redacción de Clarín durante la dictadura.
“Viví con Menchi en los momentos más complicados de Argentina. Él era un tipo que tenía miedo, como todos. Teníamos un acreditado en las Fuerzas Armadas que vino y le dijo al director: ‘Dice Suárez Mason (el exgeneral y represor Guillermo Suárez Mason) que la próxima vez que lo dibuje va a aparecer flotando en el río de la Plata’. A lo que Menchi respondió: ‘Bueno, soy rioplatense, al menos será un entierro digno’”, repasó Kirschbaum.
El miedo de los editores
El editor general de Clarín también confesó: “Había otro miedo, que no era de Menchi, sino de los editores, cuando él venía con algún dibujo muy jugado en un momento muy duro. Alguien le tenía que decir que no se iba a publicar, pero ninguno se animaba –admitió Kirschbaum–. Y entonces el dibujo se publicaba. No porque fuera de conveniencia editorial para el periódico, sino porque nadie se atrevía a levantar un dibujo de Sábat”.
Baccaro compartió el hábito que Menchi tenía de completar el casillero de las planillas que le solicitaban su profesión con un “demócrata” y el día en el que todas las mujeres de la redacción de Clarín se retrataron con él en respuesta a las agresiones verbales que recibía por parte de la expresidenta Cristina Kirchner, por entonces en el cargo. Sábat la había retratado con la boca tachada y, en otra ocasión, con un ojo morado.
El poder político lo calificó de mensaje cuasi mafioso. “¿Nos quieren calladitas y obedientes?”, cuestionó Cristina Kirchner.
“Menchi se sintió muy dolido –contó Baccaro–. Había debate sobre si era machista o sexista y a todas las mujeres de la redacción se nos ocurrió hacernos esa foto con él para decirle: ‘Maestro, usted no es ningún sexista, usted siempre ha respetado a las mujeres’”.

La publicación de Diez veces Sábat y la muestra de originales que se lucen en Olavide Bar de Libros fueron fruto de la generosidad de la familia Sábat y de un trabajo en equipo en el que participaron la curadora Cristina Santa Cruz, Jorman Gutiérrez, de Zink Industrias Creativas, y Silvia Camps, a cargo del montaje de la muestra.
En Madrid, quienes lo recordaron durante la presentación del libro confesaban que “A Menchi se lo extraña”. Hermenegildo Sábat murió una noche de octubre de 2018, mientras dormía.
Ni él se lo esperaba. Había dejado el guardapolvo colgado en la silla de su escuela de dibujo y una hoja en blanco sobre el escritorio de la redacción, pronta para el día siguiente.

