La obra del escritor, filósofo y naturalista estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862), fue una usina de frases inspiradoras y célebres, que inspiraron a millones de personas. Algunas como «fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente«, siguen siendo objeto de análisis hoy en día.
La cita en cuestión proviene de su libro más famoso, «Walden, o la vida en los bosques» (publicado en 1854), cuyo fragmento se completa con «enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si no podía aprender lo que ella tenía que enseñar».

Thoreau decidió abandonar la vida urbana en la ciudad de Concord, Massachusetts (EE.UU.), para adentrarse al medio del bosque en una pequeña cabaña de madera que él mismo construyó a orillas del estanque de Walden.
En ese libro, el autor narra los dos años, dos meses y dos días en los que allí vivió de manera solitaria, al aire libre y cultivando sus propios alimentos. Quería demostrar que la verdadera vida del hombre libre era en la naturaleza, alejado de los vivos de la sociedad industrializada de la época.
En ese contexto, la frase sobre «vivir deliberadamente» significa ser consciente del propósito por el que se vive. El aquí y el ahora, tomar las riendas de la propia existencia y valerse solo ante la grandeza de la naturaleza, sin dejarse llevar por la inercia de vivir en sociedad.
Para Thoreau, enclavado en la revolución industrial y el ritmo acelerado del siglo XIX, estos últimos estaban alienando a las personas, empujándolas a trabajar jornadas agotadoras. Practicaba el ascetismo, un estilo de vida que busca perfeccionarse espiritualmente a través de la renuncia voluntaria a los placeres materiales y la autodisciplina.
Sostenía la necesidad de recuperar la libertad despojándose de lo material y viviendo con lo básico en la naturaleza. Thoreau no lo hizo porque odiara a la humanidad o porque quería probar algo, sino que quería experimentar si la sociedad nos empuja a una rutina que hace que se olvide por qué estamos vivos y que no seamos capaces de disfrutarlo.

Vivir «deliberadamente» es sacar el «piloto automático» para elegir su propio camino. Hacerse cargo y dejar de realizar las cosas sencillamente porque otros lo hacen o lo exigen. Durante su estadía en los bosques, el autor decidió qué hacer con su tiempo y las prioridades que su cuerpo necesitó.
Fue también una prueba de qué pasaría cuando se encontrase solo frente a lo básico y la inmensidad. Con lo mínimo para sobrevivir, comida, un techo y un abrigo, Thoreau se dio cuenta de que para ser feliz se necesitaba poco.
Trasladada a la vida de hoy, donde la vorágine es aún mayúscula a la época en la que vivió Thoreau, la frase de «ir al bosque» no significa hacer lo que él hizo, pero sí aprender a desconectar y a decir que no a muchas de las cosas que diariamente nos exigimos. Es una invitación a vivir conscientemente en qué se gasta el tiempo.

