Murió David Hockney a los 88 años: leyenda del arte contemporáneo

David Hockney, el pintor y maestro británico que llevó el color al arte contemporáneo e hizo soñar con las piscinas celestes de Los Ángeles y los bosques de su natal Yorkshire, falleció hoy a los 88 años, en su nueva casa de Londres.

David Hockney en 2009. Foto:  EFE/EPA/NORBERT FOERSTERLING

Había partido de su granja francesa en Lisieux, en Normandía, de donde había regresado desde California, porque sentía que debía vivir más cerca de los médicos. Los normandos lo sentían como su gran ciudadano ilustre, en su pueblito de 100 habitantes.

Bradford lo vio nacer, en esta zona industrial británica, al oeste de Yorkshire. El cuarto de cinco hijos, en una familia unida de recursos modestos. Pintor muy querido entre los ingleses, que admiraban su vitalidad, su frescura, su vibrante paleta y su pasión por la exuberante vegetación y los bosques, David Hockney pasará a la historia como otro gran maestro británico.

Su padre, Kenneth Hockney, auxiliar de contabilidad y activista antitabaco, era un hombre introvertido y caprichoso. Lo suficientemente excéntrico como para pintar atardeceres en las puertas de la casa familiar hacia 1950. El jovencísimo David resaltó la discreta elegancia de su padre y, sobre todo, su «lenguaje corporal» –sus manos contorsionadas– en un retrato en semitono. El primer cuadro que vendió (por 10 libras), a los 20 años, fue durante la exposición colectiva «Yorkshire Artists Exhibition» en la Galería de Arte de Leeds en 1957. Era una obra muy preciada para él, ya que ahora forma parte de la Fundación David Hockney.

Hija de agricultores, su madre, Laura, una estricta metodista y vegetariana, era la figura dominante en el hogar. David, su único hijo soltero, permaneció muy unido a ella hasta su muerte en 1999, a los 98 años. Hockney los retrató juntos, en un gran cuadro primaveral de 1977, «Mis padres», que fue adquirido por la Tate en 1981 y ocupó un lugar destacado en todas sus exposiciones recientes. Desde Londres hasta París y Aix-en-Provence: ella, erguida como una tabla, con su recatado vestido azul celeste; él, encorvado como en El Ángelus de Millet. Actualmente, es una joya de la Tate de Londres.

El artista del Ipad

David Hockney, con sus innumerables cigarrillos, sus chalecos verde pálido, sus estrechas corbatas de jugador de críquet, sus gorras planas, sus ojos azul grisáceos, su total indiferencia hacia la vida social y todo lo que no fuera arte, y su pasión por su país natal, todo ello lo convirtió en un icono inglés.

Sin embargo, la fama le llegó a través de California, sus magníficas piscinas al estilo de Hollywood –una maravilla para un británico de clase media–, sus bañistas desnudos, tan bellos como el Hermes de Praxíteles, los remolinos de luz creados en el rectángulo azul del agua, que él tradujo a un estilo pop art intensamente visual (la imagen icónica de su serie de piscinas, «Retrato de un artista (Piscina con dos figuras)», alcanzó los 90 millones de dólares en Christie’s de Nueva York en noviembre de 2018).

Y, sin embargo, tras este precio récord para el artista vivo más caro en una subasta, David Hockney se mantuvo fiel a sí mismo, centrado en su descubrimiento de la pintura en el iPad (mandó coser un bolsillo interior especial en sus elegantes chaquetas de caballero-granjero), aún en busca de ese espejismo que transforma una visión, un rostro, un paisaje en esa ilusión bidimensional.

Tras setenta años pintando, a menudo al aire libre, con su elegante atuendo de tirantes, desde el Gran Cañón estadounidense hasta los frescos bosques de los Wolds, esas onduladas colinas del este de Yorkshire, el artista se mantuvo sorprendentemente optimista. Incluso durante el confinamiento por el covid-19 a principios de 2020, a los 82 años, posó con su perra Ruby, pintando, sentado a una mesa y feliz, en su jardín de Normandía. Este incansable trabajador se había refugiado en 2019 en el pueblo de Beuvron-en-Auge (191 habitantes), en la región de Calvados, con sus casas de entramado de madera.

Durante este período extraordinario marcado por la pandemia mundial, estaba decidido a celebrar la llegada de la primavera, anunciada por una pintura de narcisos publicada en Instagram el día señalado, que sirvió como antídoto contra la epidemia y el confinamiento resultante.

Despedida en París

En la Fundación Vuitton, en París, hizo su exposición de despedida, con más de 400 obras expuestas en una de las grandes muestras que hubo en Francia.

David Hockney en 2009. Foto:  EFE/EPA/NORBERT FOERSTERLING

David Hockney eligió la capital francesa para un regalo de primavera: mostrar en la Fundación Vuitton los últimos 25 años de su trabajo. Una colección desplegada en el espectacular edificio del Bois de Boulogne, diseñado por su amigo, el arquitecto Frank Gehry. El primer día esperó a sus invitados en la puerta.

Una exposición con un recorrido por todos sus estilos y esos colores californianos, que lo acompañan en su nostalgia por Yorkshire, su tierra de origen, su obsesión con las estaciones del año y los árboles, sus amores prohibidos por la ley británica o sus últimos años en una chacra de Normandía. Desde sus caminos, casas y árboles de su Yorkshire natal, sus efebos, hasta las piscinas de California. La estética para Hockney son las variaciones de la luz y correr cada primavera para capturar la belleza blanca de las plantas de coronitas de novia en los caminos británicos.

Con 87 años y en silla de ruedas, con sus trajes excéntricos, su gorra, su corbata aun cuando pintaba, demostró en estas 11 salas de la Fundación que era uno de los artistas más remarcables y más populares del siglo XXI. Con sus obras continuó sorprendiendo, asombrando, siendo aplaudido. Sus colores iluminan la primavera parisina.

La muestra se inició con un retrato de su padre en Bradford, donde él nació. Desde su infancia en Yorkshire, en el norte de Inglaterra, hasta el “swinging London” de los años 60, sus estudios en el Royal College of Art de Londres, cuando aceptaban su acento típico de su región y se sentía libre para admitir su homosexualidad.

Su descubrimiento de California y sus piscinas azules, el Gran Cañón, Los Ángeles, en cuyas colinas de Hollywood iba a elegir vivir. Su regreso a Yorkshire para acompañar a su mamá Laura, que murió en 1999, y a un amigo con cáncer. Los árboles, la lluvia, el agua, las flores. Su oportuno descubrimiento de Normandía, tras una estadía en la Ferme St. Simon de Honfleur, cuando viajaba a Bayeux a ver los famosos tapices, y su amor por la ópera.

Esta biografía de vida estuvo en su exposición, que los críticos calificaron como “sublime e indispensable”.

Hockney siempre ha pintado lo que sus ojos han visto, lejos de la abstracción de moda en su época más joven. Él inventó técnicas para representar las realidades que estaban delante de él, con Pablo Picasso como su héroe personal.

Utilizó la pluma, los crayones, los pinceles sobre tela, el acrílico, la fotocopiadora, la Polaroid y, recientemente, los iPhone y iPad, que le dieron a su pintura un nuevo carácter de inmersión. El pasado, el presente y el futuro, como le gustaba decir, “como yo lo veo”.

David Hockney en la Abadía de Westminster de London. Victoria Jones/Pool via REUTERS

Cada pintor tiene sus obsesiones. En el caso de Hockney eran las piscinas de Los Ángeles y su magistral técnica para pintar el agua y los retratos, incluidos los autorretratos que estuvieron en la muestra.

Hockney siempre buscó nuevos instrumentos para su estilo. Desde la fotografía hasta las técnicas perdidas de los grandes maestros, como el uso de la cámara oscura, y los aparatos digitales del siglo XXI. Él observó que la utilizaban Vermeer y Caravaggio en sus obras. Estudió a todos los maestros en la historia del arte para ver cómo cada uno representaba a su época. Era un auténtico especialista.

Covid en Normandía

El maestro británico ha pintado con la misma intensidad la campiña británica y la francesa, en Yorkshire o en su casa de Normandía, encerrado a causa del covid. Pero libre de pintar sus árboles, sus caminos, sus vecinos, sus asistentes, su “maison à colombages”, con maderas exteriores desde todos los ángulos, y las flores. Todas sus obras, muchas de su propia colección privada, estuvieron en la exposición en París.

Vanguardista, descubrió que podía pintar con el iPad y con el iPhone. En esos días lúgubres del covid en Normandía, pintaba floreros con flores, con un aire de Van Gogh, su otro gran maestro, que enviaba a los amigos por mail para alegrarles la vida en la pandemia.

Miraba los amaneceres y eso le permitió observar la luz, pintar la luna. Y pintar con su iPad, que luego imprimió sobre el papel, obras que se podían ver en una de las salas más originales de la muestra.

“Cuando yo comencé a preparar esta exposición hace dos años, pensé que era importante pasar revista a varios cuerpos de obras realizadas a lo largo de los años para elaborar una selección representativa para el público. Esta exposición tiene una importancia considerable para mí: es la más grande que yo jamás haya organizado. Once salas en el gran edificio parisino de la Fundación Louis Vuitton, concebida por mi amigo de Los Ángeles, el arquitecto Frank Gehry”, escribió Hockney en su catálogo.

La sala de retratos fue una de las atracciones. Allí se encontraban artistas como John Baldessari y Frank Gehry, historiadores del arte como Donatien Grau, familiares de una familia muy querida, amigos y las dos enfermeras, que nunca se separaron de su lado.

David Hockney en Frankfurt, Alemania en 2016. REUTERS/Kai Pfaffenbach/File Photo

La exposición se cerró con dos nuevas obras de Hockney en su nuevo atelier londinense. “After Munch: Less is Known than People Think”, que se inspira en una frase que encontró en The New York Times 25 años atrás y distribuía a sus amigos. La segunda es “After Blake: Less is Known What the People Think”, que remite a William Blake y sus preocupaciones espirituales.

Hockney vivió dos veces en París. En 1973, en Saint-Germain-des-Prés, donde trabajó con Pablo Picasso y sus grabadores. Luego, este incansable viajero descubrió en 2018 Normandía. Se instaló en una vieja chacra normanda, con “una maison à colombages”, tradicional como las que hay en el sur de Inglaterra. Se mudó a Londres porque se sentía invadido por los visitantes, muy discretamente, y porque la salud lo requería.

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

Una madre descubrió por las cámaras de seguridad que la niñera le pegaba a su hija de 3 años

Un episodio de maltrato infantil conmueve por estas horas a la ciudad de Jesús María, en Córdoba: una madre...

Los discapacitados podrán viajar gratis con la tarjeta SUBE y sin certificado en trenes y colectivos: a partir de cuándo regirá el beneficio

El Gobierno anunció este viernes que las personas con discapacidad podrán viajar gratis en trenes y colectivos sin la...

Por la intensa niebla hubo demoras en Ezeiza y vuelos desviados hacia Córdoba y Asunción

Por la intensa niebla que este viernes por la mañana cubrió el conurbano bonaerense hubo una serie de vuelos...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí