Una de las empresas más importantes que encaró el Museo Nacional de Bellas Artes a comienzos de la década del 90 fue la muestra 120 años de pintura española, que estuvo a cargo de Marcelo Pacheco y del catedrático español José Manuel Cruz Valdovinos, quien fue convocado para hacer el relevamiento de ese particular capítulo del patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes. Esta referencia es determinante ahora, cuando acaba de inaugurar Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930).

La investigación de aquellos años fue volcada a un importante catálogo que reunió todas las obras analizadas, incluidas en su mayor parte en la exhibición; desde Goya hasta Anglada Camarasa, Romero de Torres y los artistas activos hasta la tercera década del siglo XX.
En uno de los textos del catálogo, Marcelo Pacheco trazó un interesante itinerario del gusto y las preferencias del público y el coleccionismo argentino en relación con la pintura española.
Un vínculo que fue oscilando desde las afinidades de la generación del 80, que había buscado identificarse con una versión francesa de la modernidad anhelada, hasta la distancia que impulsó su anticlericalismo ante la fuerte impronta de la Iglesia Católica en la cultura hispana y las corrientes de simpatía que volvieron a situar a España en la valoración literaria, arquitectónica y también artística en los años 20 y 30 del siglo pasado.
Mucho de eso estuvo reflejado en las marcas que el coleccionismo argentino y las propias adquisiciones que se hicieron desde el Estado, a sugerencia de Eduardo Schiaffino, proyectaron en el patrimonio del Museo de Bellas Artes. Tal el caso del emblemático conjunto de obras de Pérez Villamil, que fueron adquiridas en París por Manuel José de Guerrico junto a su amigo José de San Martín y luego donadas al MNBA.

Luego, también con la incorporación de la colección de Parmenio Piñeiro al Museo de Bellas Artes, ingresaron una cantidad importante de pinturas de artistas españoles como Fortuny, Pradilla, Sánchez Barbudo y García Ramos.
Una plaza interesante
Y, más allá de las compras europeas, Buenos Aires se convirtió en una plaza interesante para la pintura española, que fue aprovechada muy especialmente por el catalán José Artal, asociado con la galería Witcomb.
Así, con obras adquiridas en Europa o en Buenos Aires a través de Artal en Witcomb, la mayor parte de las colecciones argentinas integraron a su patrimonio piezas importantes de destacados pintores españoles.
Hacia 1910, cuando se realiza la gran Exposición del Centenario, que incluyó una gran Exposición de Arte, el protagonismo de la pintura española fue insoslayable. La sala dedicada exclusivamente a Ignacio Zuloaga fue una de las grandes hits del multitudinario acontecimiento. En esa misma ocasión, Anglada Camarasa obtiene el Gran Premio de Honor.
Dentro de ese linaje, la exhibición Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930), que se inaugura ahora y hasta comienzos de agosto en el Museo de Bellas Artes, se permite reorientar los itinerarios del gusto y el coleccionismo, fijados previamente, hacia las relaciones profesionales y fraternales entre los artistas de España y Argentina.

Con curaduría de las investigadoras del museo Florencia Galesio, Paola Melgarejo y Patricia Corsani, la muestra despliega un panorama más acotado pero en extremo interesante por los vínculos que traza.
Pinturas emblemáticas de Joaquín Sorolla, como «La Vuelta de la Pesca»; «Jardín de Aranjuez», de Santiago Rusiñol; «Las Brujas de San Millán», de Ignacio Zuloaga; el exquisito paisaje «Quietud», de Eliseo Meifrén; un típico retrato de morena andaluza de Julio Romero de Torres, y el precioso retrato de María Teresa Ayerza de González Garaño que le realizó Hermenegildo Anglada Camarasa y se vio en la muestra de Egipto durante el verano pasado.

Relaciones de distintos momentos
Todos trabajos que hilvanan relaciones originadas en distintos momentos y en situaciones múltiples que resultaron en afinidades estéticas, hallazgos pictóricos o simplemente intercambios y sensibilidades culturales que tienen como protagonistas a argentinos en España y españoles en Argentina: Gregorio López Naguil y Anglada Camarasa en Mallorca, Norah Borges en Madrid en momentos de auge del Ultraísmo y un Antonio Berni itinerante que se busca a sí mismo como artista y puede retratar a Toledo a la manera de Cézanne, pero también a un torero en un espacio enigmático que lo perfila cerca del surrealismo.

Europa se le abre a los argentinos en una proliferación creciente de experiencias desconocidas que asimilan con fervor. Están los encuentros históricos de unos y otros en Roma. La poderosa influencia de El Greco en las figuras del cordobés Francisco Vidal, que hacen recordar la época azul de Picasso. O el costumbrismo inundado de color que imponen las escenas de Gramajo Gutiérrez y el diálogo que entabla Jorge Bermúdez en afirmación de su perspectiva nacional.

A partir de una original configuración de pinturas, esculturas, grabados, fotografías y documentos pertenecientes al acervo del museo y otras instituciones del país, las curadoras han puesto el acento en los viajes a Europa, que fueron esenciales para la formación de tantos artistas argentinos, haciendo foco en la particular importancia que revistió la relación con la cultura española.
Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930) se puede visitar hasta el 2 de agosto en el primer piso del Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Del Libertador 1473) de martes a domingos.

