Javier Milei pasa la mayor parte del tiempo en soledad en la quinta de Olivos. Recibe pocas visitas, comparado con otros momentos de su administración. Hace diez días que no va a la Casa Rosada. Su última actividad allí fue cuando mantuvo al mediodía una agenda vinculada a Israel: recibió a un ex integrante de las fuerzas de defensa de ese país, secuestrado por Hamas, y luego a una delegación de deportistas argentinos que participará en los Juegos Macabeos 2026.
Desde el inicio, la rutina del Presidente rompió con los parámetros anteriores, sólo que ahora los rasgos se acentúan: prácticamente no asiste a la sede de Gobierno, la actividad oficial es mínima y no se sabe de antemano, son infrecuentes las reuniones de gabinete, no recorre las provincias y profundiza las señales de aislamiento. No es sólo una muralla de protección hacia el exterior: los que mantienen diálogo cotidiano con Milei también sienten que hay temas que no se le pueden plantear, que el cerco es también interior.
Recién este viernes explicitó la conclusión obvia de que Manuel Adorni no puede ejercer en la práctica como vocero del mensaje oficial. Hace semanas que un sector del oficialismo insiste con esta cuestión, pero los hermanos no querían un reemplazante. Finalmente, ocupará el cargo el diputado Adrián Ravier, quien mantiene una relación directa con el Presidente, consolidada a partir de compartir disertaciones y miradas sobre teoría económica. La elección tuvo que ver con una preferencia personal, aunque todo sea leído con el tóxico encuadre de la interna entre Karina y Santiago Caputo. Ninguno de los dos lo impuso, ni lo sugirió.
Milei disfruta de predicar acerca de la escuela austríaca y del reconocimiento cuando lo premian en el exterior en tribunas afines. Desearía que gobernar estuviera acotado exclusivamente a eso, lo agobia la interna y la disputa política, de la que se desentiende todo lo que puede y trata de salir por arriba, como si eso resolviera los problemas. Si bien repite que detesta viajar, ostenta el récord de los últimos 18 años: pasó 122 días en el exterior, el máximo de los últimos cinco presidentes a la misma altura de gestión, según un informe del politólogo Pablo Salinas. La segunda en el ranking es Cristina Kirchner, con 112 días afuera en su primer mandato. La particularidad del libertario es que concentró sus salidas en pocos destinos, siendo Estados Unidos el favorito: allí fue 17 veces desde que asumió en diciembre de 2023.
La fascinación por Estados Unidos, esencialmente por Donald Trump, hace que esté ilusionado con poder asistir a los festejos por el 250 aniversario de la Independencia que se conmemora el 4 de julio. El National Mall en Washington se prepara para un enorme desfile, exhibiciones aéreas y fuegos artificiales. Por supuesto, el líder de MAGA hará el discurso de apertura y prometió el elegir los temas musicales de su propia lista de reproducción. El festejo es también una oda a su figura, lo que ha generado que artistas cancelen su participación en actividades del programa.
No hay una oficialización por parte del gobierno estadounidense respecto a invitaciones de autoridades extranjeras, pero en la Casa Rosada dieron por confirmada la asistencia de Milei a principios de este mes. Más allá de eso, no trascienden detalles y, de manera extraoficial, áreas que deberían estar trabajando en el tema están “en suspenso”.
No es un gran momento entre los miembros del club de la CPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora), del que Milei es ferviente socio. Georgia Meloni publicó un video desmintiendo que haya rogado a Trump una foto en el G7. “Yo e Italia nunca imploramos”, sostuvo, abriendo una nueva crisis en la relación. A su vez, es muy tenso el vínculo del presidente de Estados Unidos con Benjamin Netanyahu, tras el acuerdo con Irán. Llegó a decir que “Bibi” no tiene un “puto criterio” y que sin él, Israel “no existiría”. A Milei se le está peleando la familia, y él sólo responde con seguidismo a muerte.
Tal vez sí pueda festejar si se confirma el triunfo de Keiko Fujimori, en Perú; y de Abelardo de la Espriella que compite este domingo en Colombia. El outsider que intenta arrebatarle el trono al delfín de Gustavo Petro hizo una campaña similar a la de Milei; pero no así la postulante peruana. La hija de Fujimori, un dirigente emblemático que terminó en prisión, prácticamente no internacionalizó su discurso de derecha. No habló de ideología; el diagnóstico es que ya no alcanza con agitar el fantasma del “comunismo”. Apenas hubo alusiones a Nayib Bukele, por su sello respecto de la seguridad. En esa estrategia trabajaron los ex socios de Santiago Caputo en la consultora Move, entre ellos, Derek Hampton, y, más en territorio, Federico Falco. Después del hit de meter un producto como Milei, se han convertido en una marca de exportación.
El Presidente celebra que se extienda la ola de la derecha en la región, después del pico de la ola de izquierda allá por 2011, aún si ese efecto se replicara en Brasil, con Flavio Bolsonaro, un país de mayor peso, que podría opacar el rol del libertario. Milei no lo ve de esa manera.
En sus horas de lectura en Olivos, una de sus áreas de interés es la Inteligencia Artificial. El aporte en esta materia lo proporciona el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, artífice del apartado que crea las sociedades automatizadas, sin humanos, en un proyecto que se discute en el Congreso. La figura es inédita en el mundo y eso le valió una réplica, desde el Financial Times, del historiador Yuval Harari.
En el ida y vuelta, Milei le volvió a responder en un tono que no es el suyo: considerado con el interlocutor y abierto al debate. De haber sido por el asesor presidencial, quien no está detrás de esos textos, simplemente le hubiera contestado: “Silence, commie” (“silencio, comunista”).
En la argumentación oficial, este tipo de marco legal va a atraer la radicación de empresas porque limita el riesgo al delimitar la respuesta al patrimonio de la firma. No existe, obviamente, responsabilidad penal porque un agente de IA no puede ir preso. Pero para Milei no hay que preocuparse porque un robot pone más en juego “que un ejecutivo humano” porque quebrar la ley implicaría su “muerte” (la quiebra).
También sostiene que esta nueva reglamentación tendería a generar mayor cantidad de empresas, como antídoto a la concentración. Este punto es absolutamente discutible. Como lo es el sistema que se abre a partir de la aceleración de la IA en manos de cinco o seis jugadores que controlan el tablero. Lo dijo alguien como Eric Weinstein, matemático y economista, ex empleado y amigo de Peter Thiel, en una entrevista con Santiago Siri: “Si no somos cuidadosos con la IA, vamos a tener una revolución mundial. Y si estas personas (por Elon Musk, Sam Altman, Dario Amodei, etc) quieren disfrutar de su riqueza, tienen que idear un mecanismo de distribución porque van a romper el capitalismo”. Un zurdo empobrecedor, en el léxico libertario; pero no, es el ex director de Thiel Capital.
La gestión de Milei es terreno fértil para experimentos porque pretende estar en la vanguardia. Más allá de las posturas y los matices, es deseable que se abran paso a las discusiones que importan, las que son definitorias en la transición a otra era. El problema es que la mayoría de la dirigencia está por debajo del nivel que esto amerita, y el Gobierno está enredado con sus propias batallas por las cajas y los cargos, y en la decisión de sostener a un funcionario que su sola presencia es testimonio de la contradicción del discurso contra la “casta”.
En esos extremos navega el proyecto de La Libertad Avanza. La unción de un nuevo vocero apunta a blindar a Adorni como jefe de Gabinete al evitar que se exponga públicamente. Habrá que ver si es suficiente, cuando los aliados, especialmente del macrismo, pidieron enérgicamente su cabeza. Patricia Bullrich le puso fecha de vencimiento: antes del 2 de julio. Lo cierto es que en distintos despachos de la Casa Rosada no creen que el Pro y los radicales definitivamente presten su voto para remover al funcionario. Consideran que pese a su ímpetu, a la jefa del bloque de senadores “no le da la nafta” para cargarse a Adorni.
Para reforzar su respaldo y dar una imagen compacta, Milei le solicitó a su gabinete que asista al acto del Día de la Bandera en Rosario. No todos tenían ganas de ir, pero difícil decir que no. Santiago Caputo, quien suele ir al polígono los sábados, demoraba una confirmación. No resigna las prácticas de tiro –dicen quienes lo tratan– como tampoco la caza deportiva. Alguna vez bajó (y comió) un búfalo, hecho del que habría registro fotográfico.

