A comienzos del siglo XX, pocas mujeres eran tan famosas en Estados Unidos como Evelyn Nesbit. Su rostro aparecía en revistas, publicidades, ilustraciones y postales. Los artistas más prestigiosos querían retratarla y su imagen pasó a definir un ideal de belleza que marcaría la época.
Sin embargo, el nombre de Evelyn terminó asociado a algo muy distinto. Una noche de junio de 1906, mientras cientos de personas asistían a una función en Madison Square Garden, un hombre sacó un arma y asesinó a otro a pocos metros del escenario.
El muerto era uno de los arquitectos más famosos de Nueva York. El asesino era el marido de Evelyn. Y ella quedó atrapada para siempre en una historia que la prensa transformó en un triángulo amoroso, aunque detrás hubiera algo mucho más oscuro.
La vida de Evelyn había empezado lejos del lujo que más tarde la rodearía. Nació en Pensilvania dentro de una familia que, aunque nunca fue rica, logró mantenerse hasta la muerte repentina de su padre en 1895. A partir de entonces todo se volvió inestable.
Su madre tuvo que vender pertenencias, aceptar trabajos mal pagos y mudarse constantemente mientras intentaba mantener a sus dos hijos. Durante años, compartieron habitaciones diminutas en pensiones y dependieron de la ayuda de familiares y conocidos para sobrevivir.
La belleza de Evelyn terminó convirtiéndose en un recurso económico. Mientras trabajaba jornadas extenuantes en grandes almacenes, un artista se fijó en ella y le propuso posar para un retrato. El pago superaba ampliamente lo que podía ganar una adolescente en un empleo convencional .
Sin buscarlo, comenzó una carrera de modelo que cambiaría el destino de la familia
La joven comenzó a aparecer en ilustraciones, fotos y campañas publicitarias. Su rostro se volvió reconocible en todo Nueva York y algunos historiadores la consideran una de las primeras pin-up de la historia.
Sin embargo, la fama no le solucionó todos sus problemas. La ciudad era cara, los trabajos como modelo eran agotadores y la posibilidad de triunfar en los escenarios parecía una alternativa mucho más atractiva.
Su llegada al teatro también la acercó a los círculos más exclusivos de la ciudad. Fue allí donde conoció a Standford White, un arquitecto millonario de 47 años, famoso tanto por sus obras como a su afición de rodearse de jóvenes actrices.

Evelyn tenía oficialmente 16 años, aunque los investigadores sostienen que era más joven. Al principio, White se ganó la confianza de toda la familia. Pagó estudios para el hermano de Evelyn, cubrió gastos, les hizo regalos y llegó a convertirse en una especie de benefactor para una familia que todavía cargaba con secuelas de la pobreza.
Parecía una relación protectora, pero escondía otra realidad. Con la confianza de la madre de Evelyn, White comenzó a aislarla cada vez más. Cuando la mujer viajó fuera de Nueva York convencida de que el arquitecto cuidaría de su hija, él la invitó a su departamento.
Según el relato que años más tarde daría la propia Evelyn, aquella noche perdió el conocimiento después de beber champagne y despertó desnuda en una habitación con espejos, comprendiendo que había sido abusada.
Atrapada en una relación marcada por la dependencia económica, la manipulación y el miedo
White siguió ejerciendo una enorme influencia sobre ella mediante regalos, privilegios y promesas, mientras intentaba controlar cualquier acercamiento a otros hombres. Pero con el tiempo apareció un nuevo pretendiente dispuesto a ocupar ese lugar.

Harry Kendall Thaw era un heredero millonario de Pittsburgh que desarrolló una obsesión inmediata por Evelyn. Asistió decenas de veces a verla actuar, la colmó de atenciones y se convenció que debía rescatarla de Standford White.
Lo que comenzó como una historia romántica pronto mostró la otra cara de la moneda. Durante un viaje a Europa, Evelyn le confesó lo que había sucedido con White y la revelación terminó alimentando una fijación cada vez más enfermiza.
Harry no pudo desprenderse de aquella historia. Primero dirigió toda su furia hacia White, pero después comenzó a culpar también a Evelyn y a su madre. Su comportamiento se volvió errático, violento y paranoico. Llegó a obsesionarse tanto con la idea de venganza que transformó su vida entera en una persecución contra el arquitecto.
A pesar de todo, Evelyn terminó casándose con él en 1905. La promesa de estabilidad económica, el deseo de escapar de la precariedad que había marcado su infancia y los sentimientos contradictorios que todavía conservaba ayudaron a entender una decisión que, vista desde afuera, era incomprensible.
El matrimonio no trajo tranquilidad. Harry siguió hundiéndose en los celos y las obsesiones, convencido de que White seguía siendo una amenaza.

La noche del 25 de junio de 1906 todas esas tensiones explotaron de golpe. La pareja asistió a una función en Madison Square Garden y descubrió que Standford White también estaba allí.
Durante horas, Harry alternó entre acercarse y alejarse de él mientras su nerviosismo se hacía cada vez más evidente. Finalmente, cuando el espectáculo estaba llegando a su fin, caminó directamente hacía la mesa del arquitecto, sacó una pistola y le disparó varias veces delante de cientos de espectadores.
El crimen fue tan espectacular que eclipsó otra noticia
Muchos asistentes pensaron inicialmente que formaba parte del show. La confusión duró apenas unos segundos. White cayó muerto mientras Harry proclamaba que lo había hecho porque había arruinado a su esposa.
Lo que siguió fue conocido como «el juicio del siglo». Mientras los abogados de Harry intentaban demostrar que había actuado bajo un estado de locura transitoria, Evelyn fue obligada a relatar públicamente los episodios más traumáticos de su vida.
Los detalles de su intimidad fueron discutidos en los tribunales y reproducidos en los diarios por el consumo masivo de un público fascinado por el escándalo.

La condena envió a Harry a una institución psiquiátrica, aunque años después recuperó la libertad. Evelyn, en cambio, nunca logró escapar de aquella historia. La opinión pública la convirtió en una especie de femme fatale responsable de enfrentar a dos hombres poderosos, una interpretación que ignoraba por completo las relaciones de abuso y control que habían marcado su vida.
Su carrera se deterioró, atravesó problemas económicos, sufrió adicciones y protagonizó varios intentos de suicidio. Mientras tanto, Harry continuó obsesionado con ella durante década, llegando incluso a contratar detectives privados para seguirla. Cuando murió, en 1947, le dejó dinero de herencia.
Evelyn sobrevivió a todos los protagonistas de aquella tragedia. Publicó memorias, colaboró en una película inspirada en su historia y vivió hasta 1967. Sin embargo, el asesinato ocurrido aquella noche de verano terminó definiendo la forma en la que el mundo la recordaría.

