La relojería suiza atraviesa una fase de normalización tras el boom pospandemia. Después de años de récord, las exportaciones del sector rondan los 25.500 millones de francos suizos anuales, consolidando a Suiza como el epicentro indiscutible de la industria y a Patek Philippe en su cima. Fundada en 1839 y controlada por la familia Stern desde 1932, la manufactura ginebrina produce apenas 75.000 piezas anuales. Ni un reloj más. Ese es el límite. Thierry Stern, presidente de la compañía desde 2009, nos recibía en la apertura de la primera boutique de la compañía en Barcelona pocos días después del fallecimiento de su padre, Philippe Stern, figura decisiva en la historia de la casa y de la de la alta relojería en su conjunto. La independencia empresarial, las inevitables listas de espera y el futuro de un sector que vuelve a enfrentarse a la realidad tras años de euforia marcan la nueva etapa de Patek Philippe.
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