Santilli es el nuevo Jefe de Gabinete

Karina Milei lo presenta como garantía de «transición ordenada». Pero asumir el cargo que voló a su antecesor por una causa de enriquecimiento ilícito no es un detalle de gestión: es una advertencia.

El tuit lo dice todo lo que un comunicado oficial no podría decir sin sonar incómodo. Javier Milei, junto a Diego Santilli y Karina Milei, «delineando los fundamentos para una transición ordenada del cargo». La jura es este martes a las 16, con la firma habitual del oficialismo: MAGA, VLLC. Pero la palabra «ordenada» funciona ahí como un eufemismo de manual: nada en la salida de Manuel Adorni fue ordenado, y el Gobierno lo sabe mejor que nadie.

Adorni renunció el sábado, horas antes de que la Selección jugara contra Jordania, con una carta que mezcló agradecimiento al Presidente y queja contra «los ataques mediáticos». Dijo que fue víctima de «ataques mediáticos» y «mentiras de las más variadas», y que lo trataron de «delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción» en su contra. La frase suena a defensa construida para la posteridad, no para convencer a nadie en el corto plazo: Adorni está investigado por presunto enriquecimiento ilícito y también por dádivas, y tras revelarse la compra de propiedades y viajes, terminó blanqueando un aumento patrimonial del 400% en términos reales desde que entró a la función pública.

¿Cuánto de esa salida fue decisión propia y cuánto fue el oficialismo viendo venir un papelón en el Congreso? El desenlace llegó después de casi cuatro meses de escándalo por el crecimiento de su patrimonio, algo que motivó la investigación por enriquecimiento ilícito, y según trascendió, el oficialismo no logró habilitar el quórum en el Senado para el debate de la ley de propiedad privada porque eso iba a abrir la puerta a la interpelación y la moción de censura contra Adorni. En la City y en los pasillos del Congreso ya circulaba el diagnóstico antes de que se confirmara nada: «no pasa el Senado», reconocían en la Casa Rosada, anticipando que el miércoles, cuando la Comisión de Asuntos Constitucionales tratara la interpelación, Adorni no iba a poder evitar un resultado adverso.

El que termina heredando ese frente es Santilli, que llega con un capital político que Adorni nunca tuvo del mismo modo: aunque reporta a Karina Milei, mantiene buena relación con Santiago Caputo, las dos patas del «triángulo de hierro» que el propio oficialismo usa para describir su núcleo de poder. Desde su llegada al Ministerio del Interior a fines de octubre de 2025, tras la victoria de LLA en la provincia de Buenos Aires, Santilli se ganó la confianza de Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo. Es, según las versiones, la pieza pensada para equilibrar una interna que a Adorni —ex vocero devenido jefe de Gabinete— terminó quedándole grande.

Pero el cambio de nombre no resuelve el problema de fondo, que es estructural antes que personal. Con la llegada de Santilli, el Ministerio del Interior vuelve a depender de la Jefatura de Gabinete, reeditando un esquema de concentración de poder político que el propio Gobierno había desarmado. Y la salida de Adorni no cierra los frentes judiciales que arrastra: la Justicia federal mantiene abiertas distintas investigaciones sobre su patrimonio, con el fiscal Gerardo Pollicita analizando inconsistencias entre sus declaraciones juradas y la evolución de sus bienes, mientras que en paralelo se investiga a su hermano Francisco Adorni en una causa separada por presuntas inconsistencias patrimoniales.

¿Alcanza con cambiar de jefe de Gabinete para cerrar una crisis que lleva cuatro meses? La pregunta no es retórica: la sostienen los propios números. El expediente se abrió tras la difusión de información sobre el incremento patrimonial de Adorni en el período posterior a su ingreso al Gobierno, y desde marzo el tema se instaló en la agenda política y judicial. Lo que el Gobierno intenta vender ahora como un recambio prolijo —»transición ordenada», dice el tuit presidencial— fue, en los hechos, una salida tardía y forzada, que llegó después de que el propio Milei sostuviera públicamente a Adorni hasta el último momento posible. El «triángulo de hierro» gana un operador con más oficio. Pero hereda también una causa que no se cierra con un cambio de despacho, y una oposición que ya probó que puede incomodar al oficialismo con interpelaciones y mociones de censura. La luna de miel de Santilli, si existe, tiene fecha de vencimiento incierta

Redacción

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