Manuel Adorni renunció el sábado con una causa judicial abierta y semanas de presión interna acumulada. Diego Santilli jurará el martes como su reemplazante. El Gobierno lo llama relanzamiento. Pero el recambio deja en evidencia algo que el oficialismo preferiría no discutir: que Patricia Bullrich, senadora del mismo espacio, fue quien más empujó la salida desde adentro, y que Milei le dio RT tres veces para validarla.
La renuncia de Adorni se hizo pública el sábado, investigado por presunto enriquecimiento ilícito y acumulando presiones internas desde hacía semanas. La carta que dejó al irse fue elocuente: escribió que lo habían tratado de «delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción» sobre sus espaldas, y que su permanencia en el cargo respondía, según quienes lo atacaban, a que los tenía «extorsionados». No es el tono de alguien que se va en paz. Es el de alguien que siente que lo empujaron.
¿Quién lo empujó? Ahí empieza el problema político más incómodo del episodio. Patricia Bullrich, senadora de La Libertad Avanza y figura que migró desde el PRO al espacio libertario, fue la más persistente en reclamar públicamente que Adorni diera un paso al costado. El domingo en LN+, fue explícita: dijo que Adorni era un «tapón» para la agenda legislativa y que sin un cambio en la Jefatura de Gabinete, proyectos como la reforma laboral iban a seguir trabados. No es el lenguaje de una aliada que suma su voz a un diagnóstico. Es el de alguien que venía trabajando para que eso ocurriera.
Lo que hace más llamativa la situación es la respuesta de Milei. Lejos de marcar diferencias con quien estaba cavando la tumba política de su hasta entonces jefe de Gabinete, el presidente eligió retuitear a Bullrich tres veces en menos de 48 horas. Primero cuando escribió que «la confianza y la ética son elementos fundamentales» para el proyecto. Después cuando saludó a Santilli y dijo que tenían que “dejar de lado las distracciones”, una frase sorprendente para hacer alusión a quien el presidente apoyó todo este tiempo. Y finalmente cuando señaló que lo urgente era garantizar la reelección. Tres retuits que, en la lógica de las redes políticas, equivalen a una validación explícita. Dentro del espacio, eso no pasó desapercibido.

También fue clara sobre las consecuencias institucionales de no actuar: sostuvo que si la oposición hubiera avanzado con una moción de censura contra Adorni en el Senado, el resultado «iba a dar la vuelta al mundo» y sería negativo para el oficialismo. Por eso, según explicó, intentaron evitarlo. La lectura es impecable como análisis político. También es la de alguien que sabe exactamente cuánta presión aplicó y cuándo.
La propia Bullrich tuvo que salir a aclarar que su posición «no es un tema personal con Adorni», lo que en política suele significar exactamente lo contrario. También reconoció que muchos dentro del oficialismo «hablaron por lo bajo» pero que ella prefirió decirlo en público. La distinción que trazó entre quienes expresan sus diferencias abiertamente y quienes las susurran es, en sí misma, una lectura de la interna: hay más desacuerdos de los que el oficialismo muestra, y Bullrich eligió ser la que los ventila.
El desenlace tiene una geometría particular. Santilli, el reemplazante, viene del PRO, el mismo partido de origen de Bullrich. Su llegada fue celebrada con entusiasmo por las principales figuras de ese espacio, incluyendo a Mauricio Macri, quien lo saludó en redes. El propio Santilli reconoció que habló con Macri el día anterior a su designación pública, aunque prefirió no revelar el contenido de la conversación. Esa discreción es entendible. Menos entendible es pretender que la llegada de un hombre del PRO a la Jefatura de Gabinete no dice nada sobre el estado de la relación entre esa fuerza y La Libertad Avanza.
Santilli se encargó de subrayar que el liderazgo es «claramente y contundentemente» de Milei y que trabaja para su reelección en 2027, con una vehemencia que suena a respuesta anticipada. También dijo que uno de sus objetivos será visibilizar las buenas noticias económicas que, a su entender, quedaron tapadas por el ruido de las últimas semanas. El diagnóstico no es errado. El problema es que el ruido no vino de afuera: vino de adentro, y Bullrich fue parte de él.
El miércoles, Milei se sumará personalmente a la reunión con diputados y senadores de La Libertad Avanza en Casa Rosada, junto a Karina Milei, Martín Menem y la propia Bullrich, en lo que el oficialismo encuadra como un gesto de unidad para «pasar página». El problema con pasar página es que requiere que la anterior haya cerrado. Y la pregunta sobre cómo un gobierno puede funcionar cuando sus propios senadores presionan públicamente para remover a sus jefes de Gabinete todavía no tiene respuesta.

