Durante la misma jornada en la que tomó juramento a Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, Javier Milei volvió a enviar una contundente señal de alineamiento internacional. El presidente asistió este martes a la celebración por el 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos organizada en la residencia oficial del embajador Peter Lamelas y se convirtió en el primer mandatario argentino en ejercicio en participar del festejo de una fecha patria extranjera dentro de una embajada.
La recepción se realizó en el Palacio Bosch, sede diplomática de Estados Unidos en Buenos Aires, y reunió a funcionarios nacionales, empresarios, diplomáticos e invitados especiales. Milei llegó acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y fue recibido con un afectuoso abrazo por Lamelas. Durante toda la velada ocupó un lugar central: compartió el escenario durante la interpretación de los himnos de ambos países, recorrió el evento saludando a los asistentes y hasta bailó al ritmo de “Y.M.C.A.”, de Village People, una canción asociada a los actos de campaña de Donald Trump.
El momento político más relevante de la noche llegó con el discurso del embajador estadounidense, quien ratificó públicamente el respaldo de la administración republicana al gobierno libertario. “El presidente Donald Trump me envió a la Argentina con una misión clara: fortalecer la relación entre ambos países, apoyar esta etapa de transformación y trabajar junto al presidente Milei para consolidar una alianza estratégica”, afirmó Lamelas.
El diplomático insistió además en la necesidad de profundizar los vínculos económicos y llamó a las empresas a apostar por el país. “Es ahora el momento de confiar en la Argentina. Es ahora el momento de invertir en la Argentina. Es ahora el momento de abrir puertas, cerrar acuerdos y generar empleo”, sostuvo, en uno de los pasajes más celebrados de su intervención.
Lamelas también apeló a su historia personal para establecer un paralelismo con el discurso político del oficialismo argentino. Recordó que emigró desde Cuba siendo niño luego de que su familia escapara del régimen comunista y evocó los insultos que recibieron antes de abandonar la isla. “Soy cubano de nacimiento y estadounidense por la gracia de Dios”, expresó, antes de elogiar el liderazgo de Milei y destacar “el coraje” con el que, según dijo, impulsa las reformas en Argentina.
La celebración contó además con un mensaje grabado de Trump, proyectado antes del discurso del embajador. El presidente estadounidense repasó el significado histórico del 4 de Julio, reivindicó los valores de la libertad y envió un saludo a los países aliados que participaron de la conmemoración. Aunque no hizo una referencia específica a Argentina, destacó la importancia de fortalecer las relaciones internacionales y sostuvo que Estados Unidos atraviesa “uno de los mejores momentos de su historia”.
Entre los asistentes estuvieron el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli —quien permaneció pocos minutos—, el canciller Pablo Quirno, los ministros Alejandra Monteoliva, Carlos Presti, Federico Sturzenegger y Mario Lugones, además del asesor presidencial Santiago Caputo y el secretario de Cultura, Leandro Cifelli. La conducción del evento estuvo a cargo de Iván de Pineda y la noche incluyó presentaciones musicales, entre ellas la banda Jefferson Starship y un cierre protagonizado por Fátima Flórez, quien interpretó “New York, New York” caracterizada como Liza Minnelli.
Los salones del Palacio Bosch fueron ambientados con distintos espacios dedicados a la cultura estadounidense, desde el jazz hasta Hollywood, en el marco de la iniciativa “Freedom Two Fifty”, impulsada por la embajada para conmemorar durante todo 2026 los 250 años de la independencia de Estados Unidos con actividades culturales en distintos puntos del país.
La presencia de Milei en la residencia diplomática terminó de consolidar una imagen que el gobierno nacional viene construyendo desde el inicio de la gestión: la de un vínculo político privilegiado con la administración de Donald Trump. Más que un gesto protocolar, la participación del presidente en un festejo inédito para un mandatario argentino funcionó como una nueva demostración pública del alineamiento estratégico que la Casa Rosada busca profundizar con Washington.


