A horas del cruce crucial entre Argentina y Cabo Verde por los octavos de final del Mundial 2026, una historia de casi 400 años sale a la luz para demostrar que el destino de ambos países se cruzó mucho antes de que existiera el fútbol. El nexo es, ni más ni menos, que la Virgen de Luján, patrona de los argentinos y el amuleto de fe que acompaña al equipo de Lionel Scaloni en cada rincón de Estados Unidos.
El amuleto de la Scaloneta
Para el plantel argentino, la Virgen de Luján no es una imagen más. La tradición —que ya lleva más de 25 años— nació de la mano del histórico utilero Mario Di Stefano, quien se encarga de que la estatuilla presida cada concentración y vestuario de la Albiceleste.
Ya estuvo en Qatar 2022, donde tras el debut fallido ante Arabia Saudita se convirtió en el centro de un místico ritual con velas encendidas que duró hasta la final, y hoy vuelve a ser el faro espiritual del equipo en el vestuario de Miami.
El milagro de la carreta y el guardián africano
Para entender la conexión con el rival de octavos hay que viajar al inicio del siglo XVII. Una imagen de la Inmaculada Concepción viajaba desde Brasil con destino a Santiago del Estero, pero al llegar a las orillas del río Luján, la carreta que la transportaba se detuvo por completo y no hubo forma de moverla. El hecho fue tomado como una señal divina: la Virgen quería quedarse ahí.
Lo que pocos recuerdan es quién fue el encargado de cuidarla en ese entonces. El primer custodio de la Virgen de Luján fue Manuel Costa de los Ríos, históricamente conocido como el «Negro Manuel». Manuel era un hombre nacido en la costa noroeste de África, justamente en la región de las islas de Cabo Verde.
Luego de ser capturado y traído como esclavo al Río de la Plata, el Negro Manuel dedicó más de 50 años de su vida a proteger la imagen, mantener viva la lámpara de aceite del santuario y recibir a los primeros peregrinos de nuestra historia. Su entrega fue tal que hoy en día existe un proceso oficial para su beatificación.
Un partido con mística
Este viernes, mientras los jugadores salgan a la cancha buscando el pase a los cuartos de final del Mundial, en el vestuario argentino descansará la figura de la Virgen. Una Virgen cuya historia y devoción en suelo argentino comenzó gracias al cuidado y la fidelidad de un hombre que nació, precisamente, en la tierra del rival de turno.



