Existe una calle en el Raval con un nombre a primera vista inquietante. Se llama del Malnom y uno piensa en que fue bautizada así porque allí ocurrían sucesos que precisamente no procuraban por su buena reputación. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en catalán, malnom significa mote o sobrenombre, de manera que el nombre actual estaría relacionado con algún tipo de apodo aplicado a esa vía. Quizá la respuesta esté en su historia.
La calle del Malnom es de hecho un callejón en forma de ele que tiene su entrada por Carme y salida por Picalquers. En el punto que se encuentra con esta última calle, lo hace en forma de volta, o bóveda, sobre la que se asienta parte de un edificio, un recurso arquitectónico muy habitual en la época medieval, cuando Barcelona, encerrada en unas murallas que le impedían crecer, tenía serios problemas de espacio.
Según el folclorista Joan Amades, la referencia más antigua de esta calle con el nombre de Malnom es de 1624. Previamente, era conocida como Tifilla o Tifella. Puede que esta sea la clave, pues Tifilla o Tifella sería un diminutivo de tifa, palabra que en catalán se refiere a excrementos. También se sabe que la volta junto a Picalquers se la conocía como de los meados. Vaya, que todo indica que, en algún momento, la calle destacaba por ser algo maloliente porque se utilizaba para el alivio de necesidades fisiológicas.

Una de las leyendas relacionadas con esta calle que se pueden encontrar en las redes sociales dice que era conocida también como la de la mano del dedo cortado. Era porque se dice que había grabada en una piedra sobre una pequeña puerta una mano a la que le faltaba un dedo. Según la leyenda, la casa pertenecía a un mercader que, tras perder una bolsa con 1.000 escudos, ofreció una recompensa de 400 a quien la encontrara. La halló un ciudadano humilde. Al devolverla a su dueño, el mercader dijo que la bolsa contenía 1.400 escudos y acusó al hombre de haberse quedado los 400.
El caso acabó ante la justicia, que acabó concluyendo que hasta aclarar si se trataba de la misma bolsa, esta quedaría en custodia de las autoridades. Finalmente, el mercader confesó y el juez lo condenó a que se le cortara el dedo medio de la mano derecha y que la grabara en la puerta. Son las historias y leyendas de una calle cuyo nombre suena mal.



