La palabra más repetida para comentar el partido del viernes entre Argentina y Cabo Verde fue, sin dudas, sufrimiento. Hasta el DT de la Selección la utilizó como eje de su descripción del choque que permitió pasar a los octavos de final del Mundial en curso.
La misma palabrita había aparecido una y otra vez en Qatar 2022, desde el momento mismo del debut, cuando Arabia Saudita dio vuelta un partido que parecía ampliamente favorable a la Albiceleste y nos propinó un 2-1 impensado. Sufrimiento iba a sobrar a partir de allí. Hasta la final misma, frente a Francia, un verdadero suplicio que puso a prueba la fortaleza cardíaca de 45 millones de argentinos.
La pregunta es, ¿hubiera existido esa final sin la derrota en el partido inicial? ¿Habríamos alzado la Copa sin morder el polvo en los comienzos del camino?
Compensaciones
La cuestión es vieja, y tiene que ver con la consabida ley de las compensaciones. Bolívar decía que la victoria es un arte que se aprende en la derrota. Nuestra propia experiencia personal nos dice, con mucha frecuencia, que la adversidad y el dolor tienen una capacidad que la bonanza no posee para hacernos más fuertes, más sabios o -siquiera- más perseverantes.
El asunto es trasladable a la política y a la vida de los pueblos. Hemos visto naciones destruidas por las grandes guerras que se reconstruyeron y lograron volverse potencias mundiales a partir del hambre y las cenizas de las devastaciones. Y otras (¿nosotros mismos?) a las que la abundancia de recursos las durmieron en la idea de que la suerte, que se hizo cargo de dar ventajas de origen, se puede también hacer cargo de todo lo demás.
Pero dejemos de lado las profundidades de la historia. Quedémonos en los escarceos del día a día. Las metáforas del fútbol también son aplicables. De nuevo la memoria colectiva está repleta de casos de minorías que llegaron al poder a partir de rebelarse a la inferioridad de condiciones y a las corrientes ganadoras. El peor partido puede ser el mejor partido, si sirve para reaccionar y leer los entresijos del tiempo que se vive.
Saber ver
El tema clave es precisamente ése: tener la capacidad de interpretar lo que sucede alrededor. Principalmente, lo que sucede por debajo de las superficies. La democracia argentina está signada por la impericia de nuestra dirigencia en esas cuestiones. La sociedad ha ido cambiando y los partidos, más aún los tradicionales, vieron permanentemente esas transformaciones con un notorio delay. Como en las transmisiones televisivas actuales, suelen escuchar que los vecinos gritan los goles que ellos todavía no vieron en sus pantallas.
El año 2023 fue una demostración rotunda, casi brutal, de esa desconexión entre representantes y representados. Y las cosas no mejoraron desde entonces, ni para quienes resultaron castigados por la falta de sensibilidad en sus oídos ni para los beneficiarios de esa disfunción, que hoy, instalados en el poder, siguen sin entender qué pasa en el subsuelo del devenir nacional.
Las encuestas que van conociéndose en estos días hablan bastante de eso. Aparecen datos que parecen hasta contradictorios pero que en realidad retratan un momento social marcado por la fragmentación y una forma particular de desconcierto, que generalmente se resuelve por la negativa: no sé qué quiero pero sé qué no; no sé a quién debería apoyar pero sé quién es el que no quiero que me gobierne.
Ánimos y números
A comienzos de este mes se conoció un sondeo de la consultora Equipo Mide que relevó varios aspectos relacionados con los argentinos y las elecciones de 2027. Por ejemplo, en la intención de voto por sector político, La Libertad Avanza aparece como la fuerza más apoyada, con 31%, bastante por encima del kirchnerismo, que figura con 16%. Pero 15% dice que votaría por un «peronismo no kirchnerista», lo que sugiere que los dos pedazos del PJ, sumados, equiparan las preferencias por los libertarios. En un contexto de mucha dispersión, porque 15% dice que todavía no sabe a quién le daría su sufragio y 6% afirma que votaría en blanco.
Cuando los encuestadores preguntaron con base en los nombres de posibles candidatos, el más mencionado fue Milei, con 30%. En segundo término está Axel Kicillof, con 19 %. Más atrás, Myriam Bregman, de la izquierda, con 8 %, y a partir de allí un vasto «chiquitaje» que no supera la línea de 4%, donde se amontonan, entre otros, Patricia Bullrich, Sergio Massa, Máximo Kirchner, Juan Grabois y José Pichetto.
Otro interrogante planteado a los encuestados fue si votarían hoy por un candidato opositor o por uno del gobierno. El 39% dijo que optaría por una figura de la oposición y 29% por alguien del oficialismo. Hay un margen amplio sin definirse: 11% que afirma no tener interés por darle su voto a nadie y 21% que plantea que aún no tiene decidida una preferencia.
El informe de la consultora se completa con una medición del nivel de aprobación del gobierno de Milei, que está en el orden de 38% (entre quienes la califican de buena o muy buena), frente a una desaprobación de 58% (calificaciones mala o muy mala), y un extra muy interesante. Se les preguntó a las personas cómo veían sus situaciones económicas al cabo de los años de gestión libertaria. El 20% dijo que creía estar mejor que en 2023, 21% se percibe igual que dos años atrás y 59% dice estar peor.
Hay muchas lecturas posibles de estos números, en la medida que se los tome por ciertos. Pero lo que está claro es que las matemáticas del ánimo social no se pueden leer linealmente.
Dos semanas antes se había conocido el trabajo de otra consultora, CB Global Data, midiendo imagen de Milei y Kiciloff en las 24 provincias argentinas. Sorprendentemente, el presidente aparece mejor posicionado que el gobernador bonaerense en 16 distritos. El exministro de Economía solo está mejor en los otros 8. Y si bien el posible candidato del peronismo está por delante en la determinante provincia de Buenos Aires, el margen que tiene a favor no llega a compensar las brechas positivas que obtiene el presidente en el resto del país.
Una curiosidad de interés local: el Chaco es, según ese relevamiento, una de las provincias en las que Kiciloff tiene una imagen positiva (38,8%) mayor que la de Milei (31,1). Es oportuno recordar que nuestra jurisdicción fue, también, una de las pocas en las que Sergio Massa ganó en el balotaje de noviembre de 2023.
Tribunas
Saliendo de gráficos, barras y números, lo que hay es un escenario movedizo en el que, posiblemente, se combinan la esperanza, la frustración y la ausencia -para la gran mayoría de la población- de una opción satisfactoria. El gobierno, hoy por hoy, entusiasma solamente a una minoría. La oposición, ofreciendo más de lo mismo, también.
En el medio, millones esperan que los señores y las señoras que juegan al poder muevan la pelota pensando más en la tribuna que en ellos mismos, y que conviertan la zozobra en algo diferente.



