En el inicio de la campaña agrícola 2026/2027, el secretario de la Federación Agraria Centro Chaqueño, Javier Druzianich, realizó un severo diagnóstico sobre la realidad que atraviesan los pequeños y medianos productores del Chaco. Su análisis combina preocupaciones económicas, climáticas y sociales, y concluye con una advertencia: «El mayor riesgo ya no es una mala cosecha, sino la desaparición de quienes históricamente sostuvieron la producción del interior».
En ese escenario, el dirigente explicó a NORTE que el girasol vuelve a consolidarse como la principal apuesta para la nueva campaña debido a su menor costo de implantación, una rentabilidad más estable y mejores perspectivas comerciales. «Hoy el girasol aparece como la alternativa más segura», resumió. La situación, indicó, es muy diferente para cultivos tradicionales como el algodón, la soja y el maíz, donde el elevado costo del transporte hacia los puertos reduce considerablemente la competitividad del productor chaqueño.
Reclamo por el seguro multirriesgo
Uno de los principales cuestionamientos estuvo dirigido a la desaparición del seguro multirriesgo, una herramienta que durante años permitió amortiguar las pérdidas ocasionadas por eventos climáticos extremos. Druzianich consideró contradictorio que ese respaldo desaparezca justamente cuando distintos pronósticos anticipan un posible fenómeno de El Niño de fuerte intensidad. «Es vergonzoso no contar hoy con esa herramienta cuando todos los informes climáticos hablan de un escenario complejo», sostuvo.
También recordó que las lluvias intensas suelen provocar el escurrimiento del agua desde los centros urbanos hacia las zonas rurales, lo que obliga a los productores a construir defensas para proteger sus campos.
«Arriesgamos nuestro capital sin garantías»
El dirigente afirmó que el pequeño productor continúa financiando gran parte del movimiento económico de las localidades del interior. Según explicó, cada campaña genera actividad para estaciones de servicio, cooperativas, comercios, proveedores de insumos y entidades financieras, mientras el riesgo de la inversión recae exclusivamente sobre quien produce. «Arriesgamos nuestro capital sin ninguna garantía de recuperar la inversión», expresó. Druzianich recordó además el siniestro rural ocurrido el 9 de julio de 2025, en el que falleció su esposa mientras ambos realizaban tareas de preparación del suelo para la siembra. Hoy, aseguró, encuentra fuerzas para continuar gracias al acompañamiento de sus dos hijos, que estudian en la Universidad, pero siguen vinculados a la actividad agropecuaria.
La desaparición del pequeño productor
Para el dirigente rural, el principal problema ya no pasa únicamente por la rentabilidad de una campaña, sino por la continuidad del modelo productivo. Advirtió que cada vez desaparecen más establecimientos familiares y que, en su lugar, avanzan empresas de mayor escala. «La pregunta es sencilla: ¿queremos un Chaco con productores o simplemente con estadísticas cada vez más bajas?», planteó.
También expresó su preocupación por la volatilidad de los mercados internacionales. Si bien el girasol cotiza actualmente alrededor de los 450 dólares por tonelada, remarcó que nadie puede garantizar ese precio al momento de la cosecha.
Críticas al Ministerio de Producción
Druzianich cuestionó además las políticas impulsadas por el Ministerio de Producción, al considerar que muchas de las herramientas anunciadas no responden a las necesidades reales del sector. En particular, sostuvo que las líneas de financiamiento resultan inaccesibles para numerosos productores que, tras varios años de sequía y crisis, perdieron capacidad de acceso al crédito. «Hoy un productor ni siquiera puede mirar a un banco porque no tiene calificación crediticia», afirmó.
Según describió, mientras desde los organismos oficiales se presentan programas y anuncios, en el interior persisten problemas estructurales como el cierre de explotaciones familiares, el despoblamiento rural y la migración permanente de los jóvenes.
El desafío del algodón
El histórico cultivo emblema del Chaco también formó parte del análisis. Para Druzianich, el algodón continúa siendo una economía regional estratégica, aunque necesita reglas claras, mercados transparentes y políticas específicas que permitan sostener a los pequeños productores. Además, reclamó definiciones sobre la regulación de las regalías de las nuevas variedades desarrolladas por organismos de investigación y el acceso de los productores a esas semillas.



