Mientras el Gobierno de Jorge Macri presenta BA Aprende como una «modernización» de la escuela pública, escuelas como el Yrurtia y otras tantas se organizaron para rechazarla. La reforma significa más que algunos cambios administrativos o curriculares y abarca todos los niveles. Los documentos oficiales del Ministerio de Educación, junto con la trayectoria de quienes hoy conducen la política educativa porteña, evidencian relaciones entre el Estado, universidades privadas, fundaciones empresarias, ONG y organismos internacionales que desde hace años elaboran qué debe enseñar la escuela y para qué. Se trata de una redefinición del sentido de la educación pública.
Si BA Aprende no nació de las necesidades de las escuelas ¿De donde nace?
El Plan Estratégico Buenos Aires Aprende organiza toda la política educativa de la Ciudad alrededor de conceptos como liderazgo; innovación; competencias; evidencia; capacidades; habilidades para el siglo XXI; aprendizaje personalizado; bienestar socioemocional; transformación digital; aprendizajes fundacionales, capital humano, habilidades para el futuro y gestión basada en datos. Estos conceptos aparecen en documentos de organismos internacionales como la UNESCO, el Banco Mundial y la OCDE, en investigaciones de centros como el CIAESA -Centro de Investigación de la Universidad de San Andrés -, en propuestas de think tanks como CIPPEC [1] y en programas impulsados por organizaciones como Teach For All, Enseñá por Argentina o el Instituto Natura, auspiciadas por ONG y empresas que distan mucho de apoyar una escuela “para todos”.
¿De dónde provienen esas ideas y quiénes las traducen en políticas públicas?
Veamos el perfil de los principales funcionarios del gabinete que conduce el “Plan estratégico BA Aprende 2024-2027”:
Mercedes Miguel
Se formó como periodista en la Universidad Católica Argentina (UCA), completó estudios en la Universidad Iberoamericana y se autodefine como maestra. Sin embargo, en su currículum no se registra un solo paso por el ámbito académico público o estatal. Ni la Universidad de Buenos Aires (UBA) ni ningún profesorado público nacional moldearon su visión pedagógica.
Antes de convertirse en ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel desarrolló una trayectoria ligada a espacios de cooperación internacional participando de actividades del IIPE-UNESCO vinculadas al debate sobre políticas educativas. Durante su gestión se consolidaron programas como BA Aprende, Escuelas en Foco [2] , ESCA [3] y la incorporación de los Profesionales de Enseñá por Argentina en escuelas públicas. También promueve la participación de la Universidad de San Andrés en el diseño, asesoría y evaluación de las reformas educativas de la Ciudad, además de la capacitación de supervisores y directivos. Integró el Comité Directivo de la Agenda Educación 2030 de UNESCO representando a la región, donde se discuten las orientaciones generales de las políticas educativas internacionales.
Oscar Ghillione
El actual subsecretario de Planeamiento e Innovación Educativa fue uno de los fundadores y director ejecutivo de Enseñá por Argentina, la filial local de Teach For All, la red internacional creada por Wendy Kopp que impulsa un modelo de formación docente basado en liderazgo y gestión. Más tarde fue secretario de Gestión Educativa durante el gobierno de Mauricio Macri y hoy conduce el área encargada de los diseños curriculares y de implementar BA Aprende. También dirige una maestría en Dirección de Instituciones Educativas en la Universidad Austral del Opus Dei y de su cartera depende Escuela de Maestros. Su recorrido sintetiza una circulación frecuente entre ONG, universidad privada y Estado.
Inés Cruzalegui
La actual subsecretaria de Gestión del Aprendizaje se formó en la Universidad de San Andrés, realizó una maestría en Princeton y fue directora de Educación del Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE), espacio que reúne fundaciones empresarias y articula programas educativos con organizaciones como Enseña por Argentina. Antes de llegar a la Ciudad integró el Ministerio de Educación nacional, donde participó de la Secundaria Federal 2030, antecedente de las reformas actuales.
Samanta Bonelli
Al frente de la UEICEE, el organismo responsable de las evaluaciones educativas porteñas, Bonelli pasó por CIPPEC, realizó una maestría en la Universidad de San Andrés y fue directora nacional de Evaluación Educativa durante el gobierno de Mauricio Macri. Hoy produce buena parte de la información estadística que sustenta el discurso oficial sobre la necesidad de reorganizar el sistema educativo.
Ignacio Sanguinetti
Actualmente se desempeña como Subsecretario de Tecnología Educativa -formado en Administración de Empresas en la Universidad Torcuato Di Tella, una de las universidades privadas ligadas al círculo rojo y al empresariado local- tiene bajo su órbita la implementación de la infraestructura digital en las escuelas y el control de los Centros TUMO de Tecnologías Creativas (un modelo de centros de tecnología nacido en el exterior que la Ciudad copia para tercerizar la enseñanza de habilidades digitales). Su subsecretaría es la encargada de justificar el reemplazo de las clases presenciales, los materiales físicos y la infraestructura edilicia tradicional por plataformas de aprendizaje en línea y contenidos enlatados . Bajo el discurso de la «modernización digital», se oculta el recorte de recursos.
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Axel Rivas
Los CEOs del ministerio necesitan un discurso académico y «progre» para justificar sus políticas de ajuste y reformas. La Universidad de San Andrés (UdeSA) y la figura de Axel Rivas -director de la Escuela de Educación de dicha universidad de élite y ex-CIPPEC- es el autor intelectual cuyos artículos son citados en los anexos y resoluciones del Plan BA Aprende para justificar la desaparición de las materias tradicionales. Bajo el concepto de la «integración de saberes» y la «innovación educativa», los manuales de Rivas proponen sustituir asignaturas científicas e históricas por un abordaje multidisciplinar «por áreas». En el papel y en los foros, esto se vende como una superación de la escuela «anacrónica y aburrida».
Esta teoría sirve de sustento al ajuste y la flexibilización laboral. Agrupar materias en «áreas» (como unificar Física, Química y Biología en un solo taller) le permite al Ministerio fusionar horas cátedra, recortar cargos docentes específicos y disolver contenidos científicos. Rivas aporta el lenguaje políticamente correcto del «aprender a aprender», ocultando que, para los sectores populares, esto significa una brutal pérdida de capital cultural y científico, ensanchando la brecha con los colegios privados de élite que sí preservan una formación académica integral.
Más allá de las trayectorias individuales, todos expresan una determinada manera de pensar la educación. Mientras históricamente quienes defendemos la escuela pública lo hacemos desde su rol social en la transmisión del conocimiento, la formación de sujetos críticos y el derecho social a la educación, BA Aprende se basa en el desarrollo de competencias, la gestión por resultados, la producción de evidencia y la preparación para un mercado laboral cambiante.
Fundamentos teóricos: La ideología de la resignación y el «Capital Humano»
El plan estratégico se fundamenta discursivamente en un diagnóstico de los organismos internacionales: América Latina vive realidades complejas, inciertas y adversas, y el mercado laboral es volátil. Ante esto, la filosofía tecnocrática concluye que la escuela ya no debe enseñar contenidos científicos ni universales estables, sino dotar al sujeto de habilidades de adaptación.
Mientras la pedagogía crítica latinoamericana históricamente concibió a la educación como una herramienta para que los sectores populares comprendan su realidad y se organicen colectivamente para transformarla, el modelo BA Aprende busca que el individuo acepte la adversidad y la precarización como hechos naturales a los que debe “adaptarse”.
Si las condiciones de vida son miserables y las escuelas se caen a pedazos, el problema se individualiza: el alumno o el docente deben ser «resilientes», «gestionar sus emociones» y «autorregularse». La resiliencia pasa a ser la herramienta psicológica para tolerar la escasez y la explotación sin rebelarse.
Por eso, uno de los cambios de BA Aprende es el lugar central que ocupa la educación socioemocional y el bienestar socioemocional como uno de sus ejes. A primera vista podría parecer incuestionable. ¿Quién podría estar en contra del bienestar de niños y adolescentes? Sin embargo, la discusión no pasa por negar la importancia de la salud mental o las emociones en la escuela. La pregunta es qué concepción de las emociones se promueve y para qué proyecto educativo.
Buena parte de los materiales impulsados por organizaciones como Teach For All y otros programas de liderazgo ponen el acento en categorías como resiliencia, actitud, adaptación, “liderazgo personal” o “proyecto de vida”. En testimonios difundidos por estos programas, por ejemplo, una estudiante recuerda a un docente porque «siempre nos quería ver con una sonrisa». En una Ciudad donde miles de estudiantes llegan a la escuela después de atravesar situaciones de pobreza, desalojos, problemas habitacionales o alimentarios, el desafío pedagógico sería desarrollar capacidades individuales para adaptarse mejor a esa realidad. El concepto de “resiliencia” termina convirtiéndose en una herramienta del sistema para aceptar las injusticias como inevitables. En lugar de preguntarse por las causas sociales de esas desigualdades, el eje es la capacidad individual de “gestionarlas emocionalmente”.
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El avance de la educación socioemocional dentro de BA Aprende va en detrimento de la formación ciudadana, el pensamiento crítico, la ESI y otras áreas disciplinares. La escuela lejos de ser un lugar donde comprender el mundo para transformarlo, comienza a pensarse como un espacio donde aprender a “gestionar emocionalmente” las incertidumbres de un “mercado laboral cambiante”. A este “desafío” corresponde el enfoque del “currículo por competencias”. Frente a problemas como la pobreza, la precarización laboral, la crisis habitacional o el deterioro de las condiciones de vida, la nueva propuesta pedagógica pretende ignorar las causas estructurales y políticas, para centrarse en el desarrollo de competencias individuales.
Esta reconversión se traduce en cada nivel del sistema educativo estatal:
Nivel Inicial y Primario: Bajo el rótulo de «Aprendizajes Fundacionales», el plan reforma los curriculums y reduce la riqueza de la experiencia escolar a métricas de Lengua y Matemática orientadas a las pruebas estandarizadas. Se abandona la integralidad pedagógica de estos ciclos bajo la lógica de objetivos medibles y rendimiento de saberes. Se instala la educación emocional como respuesta a las realidades adversas.
Nivel Secundario «Secundaria Aprende»: Es el desarme absoluto de las disciplinas. Las materias tradicionales (Historia, Física, Química, Literatura) se licúan y desaparecen dentro de «áreas de conocimiento» interdisciplinares. El objetivo real de este «currículum por competencias» es que los hijos de la clase trabajadora no accedan al conocimiento complejo y abstracto que permite el pensamiento crítico; en su lugar, reciben talleres genéricos de «habilidades blandas» y «aprender a emprender», complementados con pasantías obligatorias (mano de obra gratuita) en las empresas socias del gobierno.
Nivel Terciario y Formación Docente: Es el sector más afectado por la baja presupuestaria. La filosofía de Teach For All sostiene abiertamente que los profesorados tradicionales de 4 años están “obsoletos” y que cualquier graduado universitario con un curso exprés de liderazgo corporativo puede dar clases. En la Ciudad, esto se traduce en el vaciamiento y cierre de comisiones en los 29 profesorados e institutos como el ISTLyR, para concentrar la formación en la UniCABA (un ente al servicio del ministerio) y abrirle las puertas a las ONGs privadas para que metan a sus «co-docentes» precarizados. El cambio en el rol docente se traduce en ser “líderes” que miden datos y aplican soluciones mágicas en un contexto de crisis, como hacen los “líderes de empresas”.
El plan regional ¿La escuela como espacio de reflexión y pensamiento crítico o como desarrollo de habilidades y competencias?
Hay que dejar en claro que esta reconversión no busca la privatización clásica de los años 90. El plan inunda las escuelas con plataformas virtuales de aprendizaje, Inteligencia Artificial enlatada y convenios con fundaciones. Mientras subsecretarios como Ignacio Curti (Gestión Administrativa) aplican la «motosierra» presupuestaria en infraestructura física —dejando a los pibes sin calefacción en invierno o sin viandas dignas—, el Ministerio utiliza el presupuesto para pagar licencias de software y plataformas privadas.
Es un laboratorio que responde a una estrategia de los grandes organismos financieros internacionales para toda América Latina. El objetivo es claro: en una región proveedora de materias primas con economías primarizadas y plataformas de servicios (repartidores, call centers, empleo informático básico), el capitalismo no necesita científicos, historiadores, ni profesionales críticos. Necesita una masa laboral barata, hiper-flexible, que sepa usar herramientas digitales básicas y que esté emocionalmente entrenada para saltar de un trabajo precario a otro sin cuestionar las reglas del juego.
El propio Plan Estratégico BA Aprende afirma que uno de sus propósitos es desarrollar capital humano y formar personas capaces de insertarse en escenarios laborales cambiantes. Los dispositivos de medición de resultados como Escuelas en Foco y Evaluaciones por nivel reorganizan la planificación escolar alrededor de indicadores, monitoreo y proyectos institucionales construidos por el propio Ministerio.
La formación docente también cambia de sentido: se orienta cada vez más a implementar las prioridades definidas centralmente por la reforma. Alcanza con ingresar a ver la oferta que brinda la página de las capacitaciones gratuitas de Escuela de Maestros, que depende de Ghillione: El docente como líder: nuevas habilidades para nuevas realidades y Liderar la transformación: gestionando escuelas innovadoras, Puertas de entrada a la educación emocional en la Escuela, Docencia en tiempos sintéticos: resignificar el rol y las tareas. No se trata solamente de modificar programas o materias. Con la reforma BA Aprende se está redefiniendo qué significa enseñar, qué conocimientos son considerados prioritarios y cuál debe ser el papel social de la escuela pública y sus docentes.
La reconversión que ejecutan Mercedes Miguel y su gabinete no es sólo ideológica, es un negocio que funciona para que multinacionales como Google for Education entren en las escuelas públicas. La Gerencia de Educación Digital envía a sus funcionarios a las cumbres de Google en Chile y están utilizando los recursos del Estado para entrenar de forma gratuita a los docentes y pibes de la Ciudad como usuarios cautivos del software de Silicon Valley.
El ajuste y la reforma responden a un mismo proyecto
Como vimos, el equipo de funcionarios que hoy conduce la educación porteña comparte una trayectoria e ideología común con instituciones que desde hace años promueven esta agenda educativa que privilegia la gestión basada en evidencia, el liderazgo, las competencias, las necesidades del sector productivo y la formación de capital humano. Cuando esas ideas se convierten en diseños curriculares, dispositivos de evaluación, reformas, cambios en la formación docente y reorganización de las escuelas, se transforman en política pública, donde los únicos que no intervienen son los y las docentes, lxs estudiantes y la comunidad educativa a través de sus organizaciones.
Los cierres de cargos en la modalidad de Adultos, el vaciamiento de la Formación Técnica Superior, los ataques a la ESI, las modificaciones curriculares, BA Aprende y las evaluaciones estandarizadas junto a las evaluaciones diagnósticas en los terciarios, aparecen en nuestra realidad como medidas aisladas que se van enfrentando en forma fragmentada. Sin embargo, de conjunto son parte de lo mismo: un ajuste presupuestario que reduce recursos, cargos y oferta educativa, a la vez que transforma los objetivos pedagógicos hacia el desarrollo de competencias medibles, la gestión por resultados y la formación para un mercado laboral flexible.
No se trata de «modernizar» la escuela, sino de definir para qué y para quién educa. Mientras el Gobierno de la Ciudad busca consolidar una educación regida por las necesidades del mercado y gestionada con criterios del management empresarial, la organización de docentes y estudiantes – muchas veces a pesar de sus organizaciones- muestran que existe otra perspectiva: la defensa del derecho a una escuela pública crítica, científica, democrática y al servicio de las grandes mayorías.
Por eso la discusión sobre BA Aprende pone en debate al servicio de qué proyecto social educa hoy la escuela pública. Mientras docentes y estudiantes de escuelas como el Lola Mora, el Yrurtia y otras tantas que rechazan la reforma y defienden otra concepción de la educación, el Gobierno de la Ciudad busca avanzar en el ajuste presupuestario y una orientación pedagógica al servicio de su ideología y la de sus empresas y universidades afines, que hasta ahora sólo han podido demostrar el deterioro de la educación.
Es necesario organizarnos y coordinar para el rechazo entre todos los niveles educativos, pero también abrir un debate profundo y democrático entre la comunidad educativa para pensar qué educación queremos, al servicio de qué intereses y quiénes son nuestros aliados. Como mencionamos, la educación está atravesada por la crisis social que golpea a las familias de nuestras escuelas, ninguna solución podrá llegar por fuera de pensar en común esa relaidad. La dirección de los sindicatos mayoritarios como UTE, no puede hacerse la distraída de su responsabilidad en coordinar y dar esta pelea. Tomemos el ejemplo del Yrurtia o en su momneto el Comercial 5, y enfrentemos la reforma con asambleas y organizándonos desde abajo.
[1] CIPPEC se financia en su gran mayoría mediante aportes de grandes empresas privadas nacionales y transnacionales, organismos financieros internacionales (como el Banco Mundial o el BID) y embajadas extranjeras. La función de CIPPEC en la educación es instalar la lógica gerencial basada en datos y eficiencia de recursos. Son los principales promotores de: Las evaluaciones estandarizadas (pruebas censales donde se mide el rendimiento numérico de escuelas y alumnos). Los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) basados en algoritmos y nominalización de datos, que aíslan la deserción escolar como un problema de «trayectoria individual» detectable por software, ocultando las causas de fondo como la pobreza o la falta de trabajo en las familias. La «reforma institucional» de los ministerios bajo criterios de achique del gasto público administrativo y digitalización.
[2] Escuelas en Foco es un programa educativo del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires centrado en Lengua y Matemática con materiales y propuesta pedagógicas estandarizados. Este programa está inspirado en la experiencia realizada por el Ministerio de Educación de la Nación entre 2015 y 2019. Es la reedición de lo que en ese momento se conoció como «Escuelas Faro»: una política focalizada que, en lugar de aumentar el presupuesto general de infraestructura y salarios de todas las escuelas, «interviene» desde arriba solo en los establecimientos con peores estadísticas para maquillar los resultados a corto plazo de cara a las elecciones.
[3] Por sus siglas: Escenarios de Cierre y Apertura. Se trata del núcleo operativo del programa Escuelas en Foco y consisten en dispositivos de evaluación estandarizada aplicados de forma obligatoria en los años considerados críticos por el Ministerio de Educación: el 6.° y 7.° grado de la escuela primaria, y el 1.° y 2.° año de la secundaria.



