Vuelvo de Helsinki. La segunda capital de la UE más alejada de Barcelona, a 2.630 km de distancia, por detrás de los 2.853 km de Nicosia. Y llego a la conclusión de que, si Finlandia es, año tras año, el país más feliz del mundo es por su relación con la naturaleza. Es parte intrínseca de su cotidianidad. Cuesta pensar que un país que vive los inviernos en la oscuridad y en el que cada conjunto residencial tiene un refugio antiaéreo en caso de que Rusia decida atacarlos, pueda tener ciudadanos tan felices.
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