Un equipo de investigadores ha logrado descifrar una inscripción en el sitio arqueológico de Xultun que revela la identidad de un matemático-astrónomo del siglo VIII, hasta ahora el único ejemplo conocido de firma en un texto de carácter computacional de la civilización maya.
Las civilizaciones antiguas de todo el mundo desarrollaron sofisticados sistemas de cálculo astronómico, pero mientras que en Grecia, India, China o Irak es posible atribuir estos avances a pensadores concretos, la tradición científica maya había permanecido en el anonimato en lo que respecta a sus autores individuales.
Esta situación ha cambiado radicalmente con el hallazgo en el yacimiento de Xultun, Guatemala, donde un equipo internacional de arqueólogos y epigrafistas ha identificado la firma de un matemático que vivió en el siglo VIII de nuestra era.
El descubrimiento, publicado en la revista Antiquity, se ha producido en el interior de un pequeño edificio del periodo Clásico (250-900 d.C.), cuyas paredes contienen más de cincuenta microtextos de carácter matemático y astronómico. Estas inscripciones, que los investigadores describen como «borradores» o «cálculos preliminares», ofrecen una ventana sin precedentes al funcionamiento interno del pensamiento matemático maya, comparable al hallazgo de una versión temprana de un manuscrito conocido o al boceto de una gran obra artística.

El autor principal del estudio, Franco D. Rossi, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), explica que mientras se han identificado firmas de artistas y escultores en vasijas cerámicas y monumentos tallados, los estudiosos responsables de los cálculos temporales habían permanecido siempre en el anonimato. La naturaleza misma de estos textos, que contienen operaciones matemáticas y tablas astronómicas elaboradas sobre el muro, los convierte en documentos excepcionales para comprender la mecánica del pensamiento científico maya.
Para reconstruir estas inscripciones, Rossi y sus colaboradores, entre los que se encuentra Heather Hurst, directora del Proyecto San Bartolo-Xultun, han empleado técnicas avanzadas de documentación, incluyendo dibujos a escala, fotografías y escáneres de las imágenes, que posteriormente fueron mejoradas digitalmente mediante imágenes multiespectrales. Este minucioso trabajo de restauración virtual ha permitido recuperar once glifos jeroglíficos que habían permanecido ocultos o erosionados durante más de mil doscientos años.
El texto descifrado contiene no solo una fórmula matemática, sino también glifos que atribuyen el trabajo a un individuo concreto. La firma, que utiliza la expresión che-he-na (traducible como «así dice…»), va seguida del nombre SAK-TAHN-wa-xi, que los epigrafistas han identificado como Sak Tahn Waax, que significa «Zorro de Pecho Blanco». Se trata del primer y hasta ahora único ejemplo conocido de atribución de un trabajo matemático a un individuo específico dentro de la civilización maya clásica.
La fórmula matemática en sí misma presenta características excepcionales. Aunque utiliza unidades de tiempo astronómicas y calendáricas familiares para los especialistas, las relaciones que establece entre ellas son únicas entre los textos mayas conocidos. David Stuart, epigrafista del proyecto y profesor en la Universidad de Texas en Austin, señala que las matemáticas implican una comprensión particular de las conexiones y patrones entre varios ciclos temporales, incluyendo la cuenta ritual de 260 días, el año solar y los ciclos de Venus y Marte.

Esta combinación de ciclos revela una expresión creativa del pensamiento matemático que va más allá de los cómputos calendáricos convencionales. Los mayas del periodo Clásico otorgaban una importancia fundamental a la astronomía y las matemáticas, que influían en decisiones políticas tan relevantes como la erección de monumentos o la inauguración de nuevos gobernantes. Los complejos cálculos basados en fechas calendáricas y observaciones astronómicas constituían el fundamento intelectual sobre el que se sostenía gran parte de la estructura social y política.
El hallazgo de estos microtextos en Xultun adquiere particular relevancia porque, como señala Heather Hurst, completa una dimensión importante de la vida maya clásica que tradicionalmente había sido reconstruida a través de etnohistorias y relatos españoles escritos siglos después de la caída de la civilización. La posibilidad de acceder a documentos originales, aunque sean «borradores» o cálculos preliminares, proporciona una autenticidad y un detalle que las fuentes coloniales no pueden ofrecer.
Rossi establece un paralelismo con otros centros de conocimiento de la antigüedad: los contemporáneos del mundo antiguo en India, Iraq, China y Grecia realizaban cálculos similares de ciclos solares y planetarios, predecían eclipses y trazaban progresiones estelares, y sus logros se atribuyen a menudo a pensadores individuales. Ahora, la investigación permite añadir a Sak Tahn Waax a esta lista de científicos, destacando las grandes tradiciones astronómicas y calendáricas indígenas de las Américas.
El trabajo de los investigadores no se limita al desciframiento de la firma. La identificación de este matemático del siglo VIII abre nuevas perspectivas sobre la organización del conocimiento en la sociedad maya clásica, sugiriendo que, al igual que artistas y escultores, los científicos podían reclamar la autoría de sus trabajos. Esta práctica, hasta ahora no documentada en el ámbito computacional, indica que el reconocimiento intelectual individual formaba parte de la cultura maya, al menos en ciertos contextos específicos.
El estudio también ha revelado que la fórmula atribuida a Sak Tahn Waax documenta el movimiento de Venus y otros cuerpos planetarios de una manera completamente nueva, lo que demuestra que el pensamiento astronómico maya no era un sistema rígido y estandarizado, sino que permitía aproximaciones personales y creativas. La relación particular que establece entre diferentes ciclos temporales sugiere que su autor poseía una comprensión profunda de las conexiones subyacentes entre los distintos sistemas de medición del tiempo.
Los restos del edificio donde se encontraron estas inscripciones han proporcionado un contexto arqueológico que permite situar a Sak Tahn Waax en el momento histórico concreto del siglo VIII, una época de gran florecimiento cultural en las tierras bajas mayas. La conservación excepcional de estos microtextos, que han sobrevivido más de doce siglos en las paredes de una estructura pequeña, ha sido posible gracias a las condiciones ambientales del sitio y a la protección que ofrecía el propio edificio.
El equipo de investigación subraya que este hallazgo también proporciona una comprensión más matizada de cómo los mayas concebían y practicaban las matemáticas y la astronomía. Lejos de ser una tradición anónima y homogénea, el conocimiento astronómico maya incorporaba contribuciones personales reconocibles, con matemáticos que desarrollaban sus propias aproximaciones a los problemas de medición del tiempo.
FUENTES
Rossi FD, Stuart D, Hurst H. The identification and work of an eighth-century Maya mathematician. Antiquity. Published online 2026:1-16. doi:10.15184/aqy.2026.10378



