En el año 1946, la Armada argentina decidió liberar una veintena de castores en los bosques de Tierra del Fuego. La intención de los militares era fomentar la industria de las pieles en una zona deshabitada del planeta. Ocho décadas después, aquella decisión ha provocado un auténtico desastre ecológico. Sin depredadores naturales a la vista y con inmensos territorios a su disposición, la población de estos animales se ha disparado de forma descontrolada hasta superar ampliamente los 100.000 ejemplares.
Inundaciones que ahogan la flora local
El principal problema radica en el instinto de supervivencia del roedor. El castor construye grandes diques de madera para crear lagos artificiales donde instala su madriguera. Esta acumulación de agua estancada “ahoga” a los árboles autóctonos de la región. Se trata de especies muy frágiles que tardan casi un siglo en crecer y que no soportan la humedad constante como sí ocurre con la flora nativa de Canadá.
Además de causar inundaciones, el animal tala con enorme rapidez los árboles que logran sobrevivir para seguir reforzando sus presas. El resultado es un paisaje desolador lleno de troncos muertos y sin vida. Hasta el momento los castores han destruido cerca de 30.000 hectáreas de bosque patagónico, una superficie que equivale a dos veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires.
La devastación por Castor en Tierra del Fuego es tremenda. Camino a Lago Deseado hay una terraza de represas, 6 en total en cascadas una tras otra. La ultima vez que las vi eran solo dos. Insisto en dar por fracasado absolutamente el proyecto GEF Castor. pic.twitter.com/DiRHQBXvv5
— Carlos Zurita Redón (@c_zuritaredon) September 22, 2022
Un equipo especial para salvar el territorio
El impacto económico de esta invasión ronda los 66 millones de dólares anuales porque también altera las fuentes de agua potable y afecta a la fauna acuática de la zona. Para intentar frenar el desastre, un pequeño grupo de cazadores trabaja sobre el terreno con el apoyo económico de la ONU y del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. Los expertos se desplazan en helicóptero hacia las áreas más remotas y utilizan tecnología por satélite para localizar los lagos artificiales creados por la plaga.
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La misión actual no busca acabar con todos los ejemplares de la isla, por la inmensa dificultad que supone cubrir tanto territorio. El objetivo principal de las autoridades es limpiar zonas muy concretas para comprobar los efectos reales de su retirada. Los primeros resultados demuestran que el bosque patagónico comienza a recuperarse de forma natural en aquellos lugares donde se logra erradicar la presencia del castor.
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