Martín Lousteau ocupa una posición incómoda en la todavía distante carrera por la Jefatura de Gobierno porteña de 2027. Si bien conserva una instalación pública que lo mantenía dentro del ecosistema político de la Ciudad de Buenos Aires, carga con el peso de haber conducido a la UCR porteña durante una de sus crisis electorales más profundas.
El trance que atraviesa al radicalismo tuvo una de sus expresiones más contundentes el año pasado, cuando en la elección porteña de mayo la UCR no logró meter nuevos legisladores en la Ciudad de Buenos Aires. Pocos meses después, en las legislativas nacionales, Lousteau consiguió entrar a la Cámara de Diputados, pero lo hizo con lo justo, por una diferencia mínima de votos y como único representante de su lista. La secuencia dejó una marca difícil de disimular: el radicalismo porteño conserva estructura, pero perdió volumen electoral.
Ahora, la posibilidad de que Lousteau vuelva a mirar la Ciudad de Buenos Aires no surge tanto de una fortaleza radical, sino de las chances de que se reconstruya un armado centrista, vinculado al imaginario de Juntos por el Cambio, para la pelea por Uspallata del año que viene. Sería la reedición de una coalición que incluya al PRO como su expresión más conservadora, al radicalismo como estructura partidaria, más el larretismo como experiencia de gestión, a sectores progresistas y a expresiones no kirchneristas que todavía buscan su lugar bajo el sol del firmamento porteño.
La crisis de la UCR
La realidad es que el estado actiual de la UCR es multicausal y, de alguna manera, se emparenta con la del peronismo. La irrupción de La Libertad Avanza profundizó la crisis de las identidades partidarias que habían sostenido a Juntos por el Cambio. En la Ciudad de Buenos Aires, ese impacto fue especialmente fuerte. El PRO perdió la centralidad que había ordenado durante años a la centroderecha porteña, el radicalismo quedó sin una referencia electoral clara y el electorado que alguna vez se expresó bajo el paraguas de Cambiemos se fragmentó entre opciones libertarias, macristas, larretistas y progresistas.
La apuesta radical del año pasado expuso esa fragilidad. Lousteau y su socio político, Emiliano Yacobitti, impulsaron la candidatura de la dirigente universitaria Lucille Levy como parte de una renovación generacional y universitaria, pero la apuesta terminó en derrota. La UCR quedó fuera de la Legislatura porteña y el resultado amenazó incluso con arrastrar la candidatura nacional de Lousteau, entonces presidente partidario, que terminó salvando su banca en Diputados por un margen ajustado.
El golpe no dejó al radicalismo fuera del sistema, pero sí redujo su margen de incidencia. La UCR porteña pasó de imaginarse como una fuerza capaz de ordenar un espacio propio que disputara la Ciudad de Buenos Aires a discutir cómo sobrevivir en un tablero dominado por la tensión entre el PRO y La Libertad Avanza.
Una estructura golpeada pero con poder
La crisis radical no equivale a ausencia de poder. La UCR porteña no logró meter nuevos legisladores en la última elección local y Lousteau entró a Diputados con lo mínimo, pero el partido conserva cinco bancas en la Legislatura, estructura territorial y capacidad de incidencia sobre el gobierno de Jorge Macri.
La fortaleza legislativa tiene, al mismo tiempo, otro reverso político. Más allá de la Legislatura, buena parte del músculo político actual está en manos de Daniel Angelici, jefe de la otra gran corriente interna del radicalismo porteño y convertido en el principal operador político del oficialismo porteño.
El sector de Angelici tiene poder, despliegue y vínculo directo con la gestión política, pero no una figura electoral propia para proyectar hacia la Jefatura de Gobierno. Por eso, Lousteau representa el otro lado de esa ecuación. Responde a la corriente que conduce junto con Emiliano Yacobitti y viene golpeado por los resultados del año pasado, pero sigue siendo el dirigente radical con mayor instalación pública, recorrido porteño y una banca nacional desde la cual intervenir en la discusión de 2027.
Esa convivencia expresa una de las fortalezas que conserva la UCR en medio de la crisis de las estructuras partidarias: puede llegar golpeada a la elección, pero mantiene dirigentes, bloques, operadores, disputas internas y capacidad de sentarse en una mesa de negociación.
Una coalición que todavía no existe
La apuesta del radicalismo porteño no se reduce a una candidatura de Lousteau. El objetivo es más ambicioso y, por ahora, incierto: construir una gran primaria de centro que recupere parte del espíritu de Juntos por el Cambio, pero adaptada al nuevo mapa que dejó la irrupción libertaria.
En esa hipótesis, el PRO no aparece como adversario sino como una pieza indispensable. La apuesta es tentar a Jorge Macri para que no ate su destino político a La Libertad Avanza y acepte discutir dentro de una coalición más amplia, donde el macrismo funcione como el ala más conservadora o más a la derecha de un armado que también podría contener al radicalismo, al larretismo, a sectores progresistas, a Graciela Ocaña y a expresiones no kirchneristas del peronismo.
La foto imaginada tiene reminiscencias de Cambiemos y de Juntos por el Cambio, pero todavía no tiene reglas, liderazgo ni garantía de existencia. Depende de que el PRO no se entregue a un acuerdo con los libertarios, de que el exjefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta encuentre un lugar competitivo, de que la UCR pueda ordenar sus corrientes internas y de que sectores del centro porteño acepten convivir en una primaria común.
Lousteau en el tablero
Lousteau conserva una ventaja en ese ecosistema que perdió referencias. Su trayectoria también le permite jugar en distintos registros. Fue ministro, embajador en Estados Unidos durante el gobierno de Mauricio Macri, senador nacional, candidato competitivo en la Ciudad de Buenos Aires, al punto de perder la interna contra Jorge Macri por apenas 1,5%, y presidente de la UCR. Ese recorrido lo mantiene como una figura reconocible para un electorado tradicionalmente macrista, pero que no encuentra representación en la polarización entre La Libertad Avanza y el peronismo.
Lousteau conserva lugar en esa hipótesis. Su eventual candidatura no depende de un envión personal, sino de que esa arquitectura común tome forma: que el PRO acepte jugar dentro de una primaria más amplia, que el radicalismo ordene su crisis interna y que la Ciudad de Buenos Aires todavía ofrezca espacio para una alternativa con reminiscencias de Juntos por el Cambio.



