Por Alejandro Delgado Morales.
Si la selección argentina hubiera ganado el Mundial, el resultado definitivo y más importante sería el mismo: El “método Scaloni” (ver en Netflix) es un camino correcto.
Porque el ser humano como valor central (en tiempos del fútbol-negocio), el concepto de equipo (nadie se salva solo) en el eje vertebral y el ejemplo de Lio Messi (lo viejo funciona), configuran un esquema ganador. La Argentina futbolística muestra así, incluso, un camino para la Argentina toda, en un contexto donde se puede palpar una tendencia del “sálvese quien pueda”.
Este análisis pretende poner el foco en un aspecto trascendente, sin pretender esconder debajo de una alfombra la derrota con España (gran campeón y también expositora de un espíritu de conjunto digno de resaltar). Un aspecto que, para quien suscribe, representa un elemento fuerza indispensable para encarar tiempos mezquinos.
El fútbol argentino conoce de períodos de desorganización y sórdidas riñas intestinas. Y ahora, tanto en el ámbito nacional, como en el internacional, experimenta una situación que amerita ser cuidada.
Por un lado, el hallazgo de Lionel Scaloni y equipo para desplegar un trabajo recargado de títulos y, por el otro, la búsqueda de darle sustento a una organización parada en la vereda de enfrente de la Sociedades Anónimas Deportivas, ubicaron al país en el plano más alto de la consideración internacional.
Por esto, más otros elementos que bien podrían ser desglosados por separado, la vigencia del “método Scaloni” debería ser protegida de exitismos, miradas políticas mal intencionadas y/o coyunturas de bajo vuelo.





