«Ayudar a una persona con esta enfermedad no consiste en corregirla constantemente, muchas veces se trata de escuchar, validar sus emociones y ofrecer seguridad». Con esa definición, el psicólogo Juan Antonio López resumió uno de los principales desafíos que enfrentan las familias de quienes padecen Alzheimer: cómo acompañar sin generar angustia ni confrontaciones innecesarias.
El especialista explicó que uno de los errores más frecuentes es intentar corregir de manera permanente los olvidos, las confusiones o los recuerdos inexactos de la persona afectada. Aunque la intención sea ayudar, ese tipo de intervenciones suele provocar frustración, ansiedad o malestar, ya que el paciente no puede controlar las alteraciones que produce la enfermedad.

Para López, la prioridad debe ser comprender el estado emocional de quien atraviesa el deterioro cognitivo. En lugar de discutir sobre qué ocurrió realmente o insistir en que recuerde un dato, propone escuchar con atención, reconocer lo que siente y transmitir tranquilidad.
«Muchas veces se trata de escuchar, validar sus emociones y ofrecer seguridad», insistió al describir la forma más efectiva de acompañar a quienes conviven con esta patología.
Por qué no conviene discutir con una persona que tiene Alzheimer
El psicólogo llegó a estas conclusiones a partir de una experiencia muy personal. Cuando tenía 15 años, su abuela Francisca fue diagnosticada con Alzheimer, una situación que marcó profundamente su vida y terminó despertando su vocación profesional.
Esa historia quedó reflejada en su libro Aunque olvides mi nombre, donde combina vivencias familiares con herramientas psicológicas para afrontar el impacto de la enfermedad.
Según contó, el diagnóstico no solo transforma la vida de quien recibe la enfermedad, sino también la de todo su entorno. «No solo afecta a quien lo padece. Cambia completamente la vida de toda la familia«, afirmó al referirse a las exigencias emocionales que implica el cuidado diario y al llamado «duelo anticipado».

López también hizo foco en la figura del cuidador. Señaló que es habitual sentir culpa por creer que nunca se hace lo suficiente o que siempre podría haberse actuado mejor.
Sin embargo, remarcó que cuidar de otra persona también implica reconocer los propios límites, descansar cuando sea necesario y aceptar que nadie puede sostener permanentemente a otro sin cuidar primero de sí mismo.
Cómo acompañar a una persona con Alzheimer en el día a día
Las recomendaciones del especialista coinciden con las de organizaciones dedicadas al tratamiento de la enfermedad. Entre ellas, evitar discusiones, utilizar frases simples, mantener un tono de voz sereno, respetar los tiempos de respuesta y prestar atención a los gestos y emociones del paciente.
En los estadios más avanzados del Alzheimer, la comunicación verbal puede deteriorarse significativamente, pero eso no significa que desaparezca la posibilidad de conectar. El contacto visual, una caricia, tomar la mano o simplemente permanecer al lado del paciente siguen siendo formas de transmitir afecto y contención.
Para López, ese es el aprendizaje más importante que dejó la experiencia con su abuela. Aunque la memoria falle, sostiene que el vínculo puede seguir construyéndose desde la empatía, la paciencia y el afecto. Por eso insiste en que acompañar a una persona con Alzheimer no pasa por corregir cada error, sino por ofrecerle un entorno donde se sienta comprendida, respetada y segura.

