La bandera de «Las Malvinas son argentinas» se volvió el símbolo más replicado del Mundial, de la Selección a los hinchas rivales en Sudamérica. En paralelo, choferes y delegados gremiales denuncian algo que contradice ese clima: empresas de transporte —entre ellas el Grupo DOTA— habrían empezado a retirar esa misma leyenda de colectivos y trenes. ¿Coincidencia de timing o señal de otra cosa?
Mientras la Selección Argentina exhibía la bandera de «Las Malvinas son argentinas» en el partido contra Inglaterra y el gesto se replicaba en canchas de todo el país —desde Argentinos Juniors a Tigre, pasando por hinchas de Cienciano en Lanús—, un conflicto de signo opuesto empezó a circular puertas adentro del transporte público. Choferes y delegados gremiales denunciaron que empresas de colectivos, y también formaciones ferroviarias, recibieron directivas para despegar los mapas y calcomanías con esa misma consigna de los laterales de las unidades.
Entre las líneas mencionadas por los trabajadores aparece el Grupo DOTA, el operador más grande del sistema de colectivos del área metropolitana. Según testimonios, la orden de remoción se habría dado después del partido ante Inglaterra, aunque la coincidencia temporal por sí sola no permite establecer una relación causal directa entre ambos hechos. La calcomanía en cuestión no es un adorno: su exhibición está regulada por la Ley 27.023, sancionada en 2014 y reglamentada en 2022, que obliga a todo el transporte público de pasajeros de origen nacional —colectivos urbanos, media y larga distancia, trenes, barcos y aeronaves— a llevar la leyenda en un espacio visible.
Si la denuncia de los choferes se confirma, la remoción configuraría un incumplimiento liso y llano de esa norma. Ninguna de las empresas señaladas salió todavía a dar explicaciones públicas sobre la medida, y tampoco trascendió si existió una instrucción formal del Gobierno nacional o si la decisión partió directamente de las compañías de transporte por su cuenta.
Ahí aparece la pregunta que atraviesa el reclamo gremial: ¿por qué bajar justo ahora un símbolo que, lejos de generar controversia, viene siendo celebrado de manera transversal en cada cancha del país? Una hipótesis que circula entre los propios trabajadores es que la medida busca evitar cualquier asociación entre el reclamo de soberanía y el clima de reivindicación popular que reflotó el Mundial. Pero se trata, por ahora, de una lectura y no de un hecho confirmado.
El trasfondo político no es menor. Una encuesta reciente había marcado que dos de cada tres argentinos considera que al Gobierno de Javier Milei no le importa la causa Malvinas, en un contexto donde el reclamo de soberanía volvió a instalarse con fuerza en la conversación pública gracias al fútbol. Que la denuncia por el retiro de las calcomanías emerja en simultáneo con ese dato de opinión pública alimenta la sospecha, aunque de nuevo, sin que exista todavía una confirmación oficial de que ambas cosas estén conectadas.
Los gremios del transporte, mientras tanto, no dejaron pasar el episodio. Para los delegados que reportaron la situación, se trata de una medida que debería revertirse de inmediato por tratarse de una obligación legal y no de una decisión discrecional de las empresas. La discusión, en ese sentido, dejó de ser sólo simbólica: hay una ley de por medio, y su eventual incumplimiento podría derivar en sanciones si la denuncia avanza por la vía correspondiente.
Por ahora no hay confirmación independiente de cuántas unidades fueron efectivamente intervenidas ni de si la medida sigue en marcha o fue frenada tras la repercusión pública. Tampoco está claro si el reclamo de los choferes derivará en una denuncia formal ante las autoridades de Transporte. Lo que sí queda instalado es el contraste: en la misma semana en que Malvinas se convirtió en el gesto más replicado del fútbol argentino, alguien decidió que no debía verse en el transporte público.

