Carly Simon reveló que tiene Parkinson y cáncer: «No he dejado de vivir, ni de trabajar»

Carly Simon fue una de las cantantes más exitosas de los años 70, con éxitos que incluyen «You’re So Vain», «Anticipation» y «Nobody Does It Better». Tal es así que ganó múltiples premios, entre ellos un Oscar, un Grammy y un Globo de Oro.

Ahora, a sus 83 años, tras un periodo en el que no apareció en público, reveló que tiene dos enfermedades muy graves.

Lo hizo a través de un comunicado, en el que también cuenta cómo atraviesa la situación.

Parkinson y cáncer: las enfermedades con las que lidia Carly Simon

Según informó People, que reveló el comunicado de la cantante con fecha del 27 de julio, Simon tiene Parkinson.

Por si esto fuera poco, en el documento dado a conocer por la revista, la artista también anunció que se sometió a una cirugía por carcinoma basocelular, un tipo de cáncer de piel.

Simon contó que, por sus enfermedades, evitó la exposición pública. Foto AP/Jim Cooper

En un largo escrito, Simon detalla cómo fue que le detectaron las enfermedades, cómo se adaptó a ellas, las operaciones que le realizaron y los problemas que padece actualmente, entre ellos la pérdida de movilidad o el cambio de apariencia.

Según explicó, fue por todo esto que decidió evitar temporalmente la exposición pública.

A pesar de todo, la cantautora dejó en claro que continúa con su día a día. «No he dejado de vivir, ni he dejado de trabajar», sentenció.

El comunicado de Carly Simon

Muchas personas me han escrito, preguntándome amablemente por mi relativo silencio, preguntándome cómo estoy y qué he estado haciendo. La verdad es que he estado aprendiendo a vivir con la enfermedad de Parkinson.

Me ha llevado algún tiempo comprender el diagnóstico, adaptarme a él y decidir hasta qué punto quería hablar de ello públicamente. El Parkinson es diferente para cada persona y puede resultar impredecible. Hay días en los que estoy tan cansada que no consigo ponerme en marcha. Otros, en cambio, me da un poco más de margen para moverme, pensar, trabajar y sentirme yo misma.

Simon reveló que le cuesta caminar. Foto: AP/Julia Cumes

Los problemas comenzaron con artritis en ambas rodillas y en una cadera. Al final, me sustituyeron las tres articulaciones: fuera lo viejo y dentro delicados conjuntos de metal y plástico. Tras tres operaciones de sustitución, supuse que mi dificultad para caminar era simplemente una parte desafortunada y bastante irónica del proceso de recuperación.

Pero mi movilidad siguió empeorando. Me costaba levantarme de sillas bajas y sofás profundos sin que alguien me diera una mano. Los muebles mullidos se convirtieron en mi enemigo. Una vez sentada, sentía como si la silla me hubiera tragado y fuera a quedarme allí para siempre, como una invitada que se había quedado mucho más tiempo del debido.

Con el tiempo, llegaron momentos en los que no podía caminar sin una ayuda considerable. Mi familia y yo sabíamos que había algo más. Tras una evaluación exhaustiva en la Clínica Mayo, me diagnosticaron la enfermedad de Parkinson.

Empecé el tratamiento, que incluía tomar medicación para aliviar la rigidez y otros síntomas. La enfermedad no sigue un patrón claro ni predecible. No consulta mi agenda antes de decidir qué tipo de día voy a tener.

El Parkinson suele asociarse con el movimiento, los temblores y el equilibrio, pero puede afectar mucho más que el cuerpo.

Puede provocar ansiedad, depresión, agotamiento y apatía. La apatía, en particular, es algo muy extraño. Uno puede encontrarse ahí, acostado como una estrella de mar secándose al sol, con los brazos apuntando en todas direcciones, mientras por dentro no hay nada que le impulse a levantarse, leer, mirar algo, escribir, cantar, llamar a alguien o, en realidad, hacer casi cualquier cosa.

Esa ha sido una de las cosas más difíciles de explicar. No se trata simplemente de tristeza o pereza. Es como si la parte del cerebro que envía invitaciones para participar en la vida hubiera extraviado temporalmente la lista de invitados.

Durante ese mismo periodo, también me sometí a un tratamiento por un carcinoma basocelular en la cara. Me extirparon el cáncer, pero la cirugía afectó a mi aspecto y me hizo sentir más cohibida a la hora de mostrarme en público.

Siempre he sido más crítica con mi aspecto de lo que nadie podría imaginar (fíjate en la ironía de haber escrito «You’re So Vain»), y esto le dio a mi crítico interior una gran cantidad de material nuevo.

Entre mis problemas de movilidad, el diagnóstico de Parkinson, la cirugía y las secuelas emocionales de todo ello, alejarme de la vida pública fue la reacción más aceptable. Si a una persona se le permite hibernar tanto en invierno como en verano, entonces me he convertido en un oso de todas las estaciones.

A pesar de todo, Simon reveló que sacará un álbum. Foto: AP/Julia Cumes

Pero no he dejado de vivir, ni he dejado de trabajar.

En medio de todo esto, empecé a grabar un nuevo álbum, Comes in Waves. Eso todavía me resulta misterioso. La música siempre ha sabido cuándo llegar. Me ha rescatado más veces de las que puedo contar. Es como un gato o un perro que aparece en silencio a tu lado cuando intuye que no estás del todo bien.

El álbum incluye canciones y fragmentos de canciones que me habían estado esperando, algunas desde hacía años. Había melodías, versos e ideas anotadas y guardadas para un futuro desconocido en el que tendría el tiempo y la atención necesarios para terminarlas.

Al parecer, ese futuro es ahora.

Trabajar en la música dio sentido a unos días que no siempre lo tenían. Me proporcionó un lugar al que acudir sin tener que salir de la habitación. Me recordó que la enfermedad puede cambiar tu vida sin llegar a ser toda tu vida.

No considero que el Parkinson sea un regalo ni una bendición. No es ninguna de las dos cosas. Es difícil, frustrante y, a veces, aterrador. Sigo aprendiendo a vivir con él y a aceptarlo sin sentir que he renunciado a algo esencial.

Sigo escribiendo, cantando, imaginando, riendo, preocupándome, recordando y, de vez en cuando, quedándome atrapada en un sillón mullido.

Estoy profundamente agradecida a mis hijos, a mi familia, a mis amigos, a mis cuidadores y a los profesionales sanitarios que me han ayudado a superar esto. Su amor y su paciencia me han ayudado a superar los días en los que mis propias fuerzas no eran suficientes.

Quería compartir esto ahora porque muchísima gente se ha puesto en contacto conmigo mostrando una preocupación sincera. Me conmueve esa preocupación, incluso cuando no he sabido cómo responder.

Últimamente me muevo más despacio, dependo más de los demás de lo que solía hacerlo y he aprendido a aceptar que cada día será un poco diferente. Pero sigo aquí, más viva que nunca.

Con cariño, Carly.

Redacción

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