A 14 años del récord olímpico de todos los tiempos, el terrenal mano a mano de GENTE con el nadador Michael Phelps: «¿Si conozco la fórmula química del agua?»

Fue a las 16:58 hora argentina del 31 de julio de 2012, en el Centro Acuático de Londres, dentro del Parque Reina Isabel (barrio de Stratford), al este de Londres, Inglaterra, Reino Unido. Un ser humano de 89 kilos, 1,93 metros parado y 2,08 con los brazos extendidos -sí, alguien más ancho que alto- llamado Michael Phelps​ (de 27 años, un mes y un día), acababa de detener el reloj de la historia: en la recién construida piscina de 50 metros de largo, 25 de ancho y 3 de profundidad, lograba -desde la categoría revelo 4×200 metros libre- su medalla olímpica número 19, superando la marca histórica de 18 que la gimnasta soviética Larisa Latynina había mantenido intacta durante 48 años y ganándole -a pura braceada y patada- a los dioses antiguos y podernos del Olimpo deportivo.

Un lustro y meses luego de aquel milagro del hombre superándose a sí mismo, el Tiburón, como se lo bautizó en nuestro planeta acuático (lo es desde el momento en que el 71 por ciento de su superficie está compuesto por océanos y mares), no encontramos mejor excusa para celebrar los catorce años de aquella hazaña, que recordar la entrevista que el norteamericano mantuvo con GENTE pocos meses después de retirarse, durante la única visita que haría a Argentina, y el frondoso archivo de Atlántida nos regala. La misma que, respetando tiempos verbales, giros y el ida y vuelta entre el entrevistado y este periodista, ahora replicamos:

UN TIBURÓN SUELTO EN BUENOS AIRES: «HOY PARA MÍ EL AGUA ES UN LUGAR PACÍFICO, ZEN, QUE ME DA PAZ»

MIchael Phelps
“De chico jugaba al fútbol, aunque después decidí tirarme a la pileta”, firmaba a su paso por el Barrio 31, de Retiro, la persona que más medallas obtuvo en el olimpismo -28, una decena más de que quien lo precede-, desde su 1,93 metro y los 95 kilos -seis más de cuando competía- que pesaba cuando lo entrevistó GENTE para su edición 2734, del 12 de diciembre de 2017.

La pregunta de las preguntas llega en último lugar: un añejo artilugio de los periodistas cuando desconocemos los ánimos del entrevistado y dudamos sobre sus reacciones. Dicho y hecho: no bien llega nomás, la pregunta de las preguntas le hace elevar las cejas y redondear sus ojos verdes, inmersos alrededor de una zona de piel que aún delata la marca de antiparras:

-¿Perdón? -duda sorprendido.

El rostro juvenil de Phelps al obtener la primera de sus ocho preseas en la cuna del deporte: a los 19 años en Atenas 2004. Había debutado un Juego antes, en Sydney 2000, con 15, quedando quinto -sin conseguir medalla alguna- en la final de los 200 metros mariposa.

Michael Phelps
Con 23 de edad, luciendo las ocho áureas de Pekín (o Beijing) 2008.

Michael Phelps
Obtuvo 28 medallas -23 de oro, tres plateadas, dos de bronce- en los estilos libre, mariposa y combinado, participando en cinco JJOO: no ganó ninguna en Sydney 2000 -lo dicho-, pero sí lo hizo en Atenas 2004 (6 oros y dos bronces), Pekín 2008 (8 oros), Londres 2012 (4 oros y dos platas) y Rio 2016 (5 oros y una de plata).

Michael Phelps
Michael el 31 de julio al conseguir en Londres 2012 la medalla 19 que lo convertía en el atleta más relevante de la historia. Tenía 27 años.

La media docena en Rio 2016 significó su despedida, a los 31 años, de las citas olímpicas.

-Si conoce la fórmula del agua. Hasta aceptaríamos que Aristóteles, quizá el químico más relevante de todas las épocas, la olvidara. Pero usted…

-Aaaah -entiende el espíritu lúdico del interrogante-. ¡La recuerdo, es H2O! -lanza una risotada el nadador Michael Fred Phelps II, el Tiburón de Baltimore, el dueño de 39 récords mundiales y poseedor de 28 medallas olímpicas, lo que lo convierte en el deportista más grande de todos los tiempos. Y entendemos que semejantes datos bastan para presentar la entrevista con GENTE, que catorce minutos antes comenzaba así:

MIchael Phelps
Una leyenda en suelo argentino posando su autógrafo en el Barrio 31.

-Transcurrió casi tres cuartas partes de sus días en el agua, hasta que se retiró. ¿Qué es el agua para usted?

-Fue y será una parte relevante, que compartió y compartirá diversos momentos de mi existencia. Tras los Juegos Olímpicos de Londres 2012, quedé tan agotado en lo cerebral que no podía estar cerca de ella. Volví a meterme en la piscina para afrontar Rio 2016. Y ahí conseguí retirarme feliz. Ahora sé que no importa de qué tipo sea el agua, me encantará por siempre. Incluso vengo iniciando un proyecto de conservación en el que cualquier persona puede colaborar con ella.

-Perdón, ¡la llamó dos veces “ella”!

-Jajá. Trato de estar cuatro o cinco días al mes saltando, nadando y relajándome en el agua. Ya alejado de la competencia, hoy ella es para mí un lugar pacífico, zen, que me da paz.

Michael Phelps
Imponente toma de Michael Phelps en plena acción, durante los Juegos Olímpicos de Pekín (2008). Un portento físico: más ancho que alto.

MIchael Phelps
Junto a la ex Leona Lucha Aymar, designada en 2008 por la Federación Internacional de Hockey como la mejor jugadora de la historia. Fue el jueves 7 de diciembre de 2017 en El Rosedal, cuando encabezaron un entrenamiento para amateurs. En su carrera global, Michael acumula un total -para todas las competencias mundiales en las que participó- de 59 medallas áureas, 11 plateadas y 3 de bronce.

«A MÍ ME GUSTABA GANAR, PERO EN ESPECIAL ME DOLÍA PERDER»

-Hace un tiempo Usain Bolt, el atleta más veloz del planeta, nos confesó que cuando corría sentía que volaba. ¿Qué percibía usted nadando por títulos?

Honestamente, ni idea. Nadar es algo que amé desde el día uno. No sólo eso: me dio la oportunidad de excavar profundamente dentro mío, buscando explorar de qué estaba hecho, más allá de intentar posar la mano en la pared de la pileta milésimas antes que mis colegas. Porque a mí me gustaba ganar, pero en especial me dolía perder. Dentro del agua saqué mis mayores fuerzas… No sé si respondo tu duda. Es lo que siento.

-Quince meses y medio después de colgar la malla, ¿todavía sueña que compite?

-Noooo. Sería una pesadilla si me sucediera. Ya no sueño eso, quizá porque mis sueños terminaron por convertirse en realidad. Antes sí me pasaba. Sin embargo, no extraño. La emoción de la última carrera en Brasil -con mi esposa Nicole (Johnson) y mi hijo (Boomer) en las gradas- resultó distinta que cualquiera anterior. Ahí supe que era momento de iniciar otra etapa.

MIchael Phelps
Posando para dos portadas de la legendaria Sports Illustrated, revista que en la que ponía por undécima vez su imagen desde 2004. A la derecha: Junto a Katie Ledecky (también representante en natación) y Simone Biles (gimnasia artística) y las 14 medallas que los tres estadounidense logran durante el último paso de Phels por los Juegos Olímpicos, en Rio de Janeiro, Brasil.

Para la estadística de todos los tiempos lo secunda la gimnasta soviética Larisa Latynina, con 18 medallas (9 de oro, 5 de plata y 4 de bronce). Si fuera un país, Phelps ocuparía el puesto número 30 en los libros del olimpismo.

Michael Phelps
Menor de tres hermanos e hijo de la directora de escuela Deborah y el policía retirado de quien heredó sus nombres, Michael (nacido el 30/6/85 en el vecindario Rodgers Forge, Towson, norte de Baltimore, Maryland), rodeado por sus 28 medallas.

-¿Significa que no experimentó un retiro traumático?

-Estaba preparado mentalmente, y mi familia me ayudó a consumar la transición hacia el mundo real. Aparte, haber aprendido mucho sobre mí a lo largo de mi carrera, como consecuencia de problemas superados y desafíos planteados, me ayudó a salir airoso.

-En sus etapas activas llegó a consumir 12 mil calorías diarias. ¿Cómo resolvió la cuestión física?

-Ahora no calculo cuántas ingiero. En ese entonces era mi trabajo conservar cierto peso. Lo que sí recuerdo es que, culminado Londres, salté de los 85,5 kilos a 106,5, y no lo aconsejo. En la actualidad tomo una hora y veinte de ejercicios, me subo a la bicicleta… Al margen de la manera, mi idea es mantenerme saludable.

MIchael Phelps
“Cuando en casa digo ‘me voy a bañar’, mi hijo busca su toallita y viene atrás mío”, le decía, divertido, Phelps a GENTE en aquella época, junto a su mujer, Nicole Johnson (por entonces de 32 años, ex modelo), y Boomer (1).

MIchael Phelps
En los últimos días, de visita a Universal de Orlando. Michael junto a su esposa, sus hijos Boomer Robert (10), Beckett Richard (8), Maverick Nicolas (6) y Nico Michael (2) y, claro, Luigi y Mario, de la franquicia de Nintendo.

MIchael Phelps
Paseando con el pequeño Phelps, que lleva como segundo nombre, el primero de su barbado su padre.

-¿Cuándo pesa su niño?

-Poco más de 14 kilos. ¿Por qué?

-Porque sus medallas, según una medición que realizó Sports Illustrated, alcanzan los 8,278 kilos.

-¡Cerca de medio Boomer (risas)!

-¿Disfruta de cambiarle los pañales, o es la hora del baño el momento particularmente divertido?

-Gozo cada instante. Desde que despierta en su cuna repitiendo “pa-pa-pa-pá”, hasta verlo poner carita de enfermo para llamar la atención. Ni hablar si me voy a bañar: toma su toallita, me sigue a la ducha y empieza a sacarse la ropa. ¡Entiende mi grito: “Voy al agua!”. Me interesa el proceso de su crecimiento. También aguardo su reacción cuando nazca el próximo niño que esperamos con mi mujer, cuyo sexo es un misterio.

MIchael Phelps
Con GENTE. “Del castellano sólo sé las palabras ‘hola’ y ‘chau’. En casa tenemos una empleada que le enseña tu idioma a nuestro hijo”, contaba.

-¿Qué ocurriría si alguno de sus herederos pretendiera seguir sus húmedos pasos -o brazadas- y probar suerte en una piscina?

-Será su propia elección dedicarse al deporte o a otra actividad. Sólo deseo que mis hijos sean felices. Los apoyaré al cien por ciento, como mis padres me apoyaron a mí de niño.

-¿Qué les comentará cuando crezcan y lo descubran en la portada de los libros de Historia como el rey del olimpismo antiguo y moderno?


-Siempre admiré a Michael Jordan, por la manera en que cambió el básquetbol. Él apuntaba a la perfección, y a la hora de contender no ponía excusas. Jordan se presentaba cualquiera fuera su estado y hacía lo que sabía. Ésa era una de mis metas. Quería emularlo en la natación. Ahora que miro hacia atrás, considero que lo logré. Que mis hijos me consulten por lo que obtuve es una experiencia que espero ansioso compartir con ellos en un futuro. Será el momento de explicarles que cualquier cosa es posible, que el límite es el cielo.

MIchael Phelps
Su largo brazo, extendido para la selfie con los deportistas que participaron en el lanzamiento nacional de la línea de ropa deportiva norteamericana Under Armour, creada en el 1996, que lo contrató para que nos visitara.

MIchael Phelps
Tras alejarse de la natación, Michael trasladó su mentalidad ganadora de las piscinas a los campos de golf, convirtiendo este deporte en su nueva gran pasión y participando activamente en torneos. En la actualidad juega con un hándicap oficial de 7 (ha llegado a 6), lo que lo ubica entre el selecto 10 por ciento de los mejores golfistas amateurs del mundo. Su gran meta: convertirse en scratch (hándicap 0), lo que significa jugar a nivel par de campo.

-¿Se imagina qué hubiese sido de usted de no haberse transformado en nadador?

-(Encoge sus hombros y extiende sus interminables brazos) No creo que hubiese brillado en el béisbol, fútbol ni en otros deportes que me atraían. A los siete años tuve la fortuna y el privilegio de enamorarme de una actividad como la natación, que me dio la oportunidad de crecer en un camino en el que podía destacarme. Bueno, tal camino abrió otro, que será el próximo capítulo de mi vida.

-¿Y hacia dónde supone que lo llevará?

-¿Quién lo sabe?… Pero tengo muchas ganas de transitarlo.

Producción: @Leogente 
Fotos: Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

Redacción

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