La guerra entre la FIFA y la UEFA a cuenta de la privatización del Mundial respira a reyerta entre capos. Algo parecido al momento histórico en el que las mafias discutieron si debían abrirse al negocio de las drogas y las armas o limitarse a lo que venían haciendo históricamente. Esto es, extorsionar a empresarios y comerciantes y comprarse políticos para amañar concursos públicos y jueces para garantizarse la inmunidad.
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