Vida
El secretario de Estado del Vaticano preside la misa dominical en la Catedral Metropolitana, a la que asisten el presidente Bernardo Arévalo y el arzobispo metropolitano, monseñor Gonzalo de Villa.
“La humanidad se mueve por una sed que el mundo no puede colmar. Necesita otra agua para saciarse. El deseo de verdad y felicidad necesita un horizonte más grande, más alto y más amplio, y esta inquietud es en sí misma un don que Dios da”, afirma el cardenal durante la homilía.
Con información de Oscar García.




