Santiago Adala ganó la batalla contra el linfoma linfoblástico tipo T tras meses de quimioterapias en Buenos Aires. Pero su verdadera victoria fue descubrir que Olavarría lo había estado esperando todo el tiempo, como mostró el recibimiento que sus compañeros y comunidad le prepararon
Acá va la nota:
Hay regresos que son simplemente volver. Y hay regresos como el de Santi, que son una victoria. Santiago Adala entró a Olavarría sin saber lo que le esperaba. Meses de tratamiento, quimioterapias, hospitales y una familia que lo sostuvo en cada momento difícil. Y al final del camino, decenas de personas esperándolo para decirle que acá, en su ciudad, también lo habían estado esperando todo el tiempo.
El diagnóstico que cambió todo
En noviembre del año pasado, Santiago fue diagnosticado con un linfoma linfoblástico tipo T. Tenía por delante un tratamiento largo y exigente en la Ciudad de Buenos Aires, lejos de su casa, de su escuela y de sus amigos. Su familia se instaló junto a él: sus padres lo acompañaron durante todo el proceso y fueron alojados en la Casa Ronald McDonald, ese espacio que existe precisamente para que las familias no tengan que enfrentar solas lo que nadie debería enfrentar solo.
El tratamiento se llevó a cabo en el Hospital Italiano. Las quimioterapias endovenosas, los controles, la incertidumbre de cada resultado. Todo eso que los papás cargan en silencio para que sus hijos puedan concentrarse en sanar.
Las tomografías dijeron lo que todos querían escuchar
Gonzalo, el papá de Santi, fue quien contó la noticia que la familia había estado esperando desde el primer día: las tomografías indican que Santiago ya no presenta la enfermedad. Las quimioterapias endovenosas terminaron. Ahora continuará con un tratamiento de mantenimiento con medicación oral hasta noviembre de 2027, pero lo peor quedó atrás.
Era el momento de volver a casa.
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La sorpresa que nadie vio venir
Sus compañeros de la Escuela ECEA de Olavarría llevaban tiempo organizando el recibimiento. El secreto se mantuvo hasta el último momento: ni Santi ni nadie en el auto que lo traía de regreso sabía lo que estaba por pasar.
Cuando el auto entró a la ciudad, decenas de personas lo estaban esperando. Sus compañeros, sus maestros, su comunidad. Todos ahí, para el nene que se había ido enfermo y volvía sano.
La reacción de Santi al ver la sorpresa dijo todo lo que las palabras no alcanzan a decir.
Bienvenido de vuelta, Santi. Te lo ganaste.



