A 220 años de la Reconquista de Buenos Aires: el día que los porteños expulsaron a los ingleses

Este 12 de agosto se cumplen 220 años de la jornada en la que Santiago de Liniers, acompañado por milicias y vecinos de Buenos Aires, logró recuperar la ciudad luego de 46 días de ocupación británica. La victoria no solo significó la expulsión de los invasores: también dejó al descubierto la debilidad de las autoridades virreinales y abrió una nueva etapa en la vida política de la ciudad.

El 25 de junio de 1806, más de 1.500 soldados británicos desembarcaron en las costas de Quilmes bajo el mando del general William Carr Beresford. El objetivo era Buenos Aires, una de las plazas comerciales más importantes del Río de la Plata. La resistencia organizada por el virrey Rafael de Sobremonte no logró detener el avance y, pocos días después, las tropas inglesas entraron en la ciudad e hicieron flamear su bandera en el Fuerte.

Sobremonte había abandonado Buenos Aires rumbo a Córdoba con la intención de organizar desde allí un ejército para recuperar la ciudad. Pero su retirada provocó un profundo malestar entre los habitantes. Mientras tanto, Beresford intentaba consolidar la ocupación y mantener cierta normalidad en una ciudad que, sin embargo, no parecía dispuesta a aceptar demasiado tiempo la presencia de un ejército extranjero.

Fue entonces cuando comenzó a gestarse la resistencia. Desde Montevideo, Santiago de Liniers consiguió el apoyo del gobernador Pascual Ruiz Huidobro y reunió alrededor de mil hombres. Martín de Álzaga colaboró con la organización dentro de Buenos Aires y Juan Martín de Pueyrredón intentó reunir fuerzas en los alrededores. A medida que las tropas avanzaban hacia la ciudad, nuevos voluntarios se incorporaban a la expedición, hasta alcanzar unos 4.000 hombres.

El 4 de agosto, Liniers desembarcó en el Puerto de las Conchas, actual Tigre. Desde allí comenzó una marcha hacia Buenos Aires que atravesó San Isidro, Chacarita y finalmente los Corrales de Miserere. El camino estuvo marcado por las dificultades climáticas y por la incorporación constante de nuevos hombres dispuestos a combatir.

El 10 de agosto, desde Miserere, Liniers intimó a Beresford a rendirse. El general inglés rechazó la propuesta y decidió defender la ciudad. Dos días después comenzaría la jornada decisiva.

El 12 de agosto de 1806, las fuerzas de Liniers avanzaron sobre Buenos Aires. Primero ocuparon el Retiro y luego ingresaron hacia el centro por calles que todavía existen, como Reconquista, San Martín y Florida. Los combates se hicieron cada vez más intensos a medida que las tropas británicas retrocedían hacia la Plaza Mayor y el Fuerte.

La ciudad, que unas semanas antes había quedado prácticamente indefensa frente al ejército invasor, ahora se había transformado en el escenario de una resistencia popular. Vecinos, milicianos y soldados participaron de los enfrentamientos. Desde las casas y terrazas se arrojaron piedras, escombros y otros objetos contra las tropas británicas mientras intentaban replegarse. Finalmente, Beresford quedó rodeado y decidió capitular y Buenos Aires volvía a estar en manos de sus habitantes.

Pero la Reconquista no terminó con la rendición inglesa

Dos días después, el 14 de agosto, un Cabildo Abierto cuestionó la posibilidad de que Sobremonte retomara el control de la ciudad y solicitó que Liniers asumiera el mando militar. La autoridad del virrey había quedado profundamente debilitada, mientras los jefes de las milicias comenzaban a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de la política porteña.

La jornada del 12 de agosto quedó así grabada como algo más que una victoria militar. La ciudad había comprobado que podía organizar su propia defensa y enfrentar a una de las principales potencias militares de la época. La experiencia también contribuyó a fortalecer entre los habitantes de Buenos Aires una conciencia política y militar que pocos años después tendría un papel fundamental en el proceso revolucionario.

Este 12 de agosto, 220 años después, Buenos Aires vuelve a recordar aquella jornada.

Las calles por las que avanzaron Liniers y sus milicias siguen formando parte de la ciudad. Reconquista, San Martín y Florida ya no son escenarios de combate, pero conservan en sus nombres y en sus edificios, las huellas de aquellos días en los que Buenos Aires pasó de estar ocupada a recuperar el control de su territorio.

Quizás por eso, más de dos siglos después, la pregunta no sea solamente cómo los porteños lograron expulsar a los ingleses, sino qué descubrieron sobre sí mismos durante aquellos 46 días de ocupación.

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