Modo de vida
A sus 84 años, este pintor naturalizado argentino lleva más de tres décadas refugiado en una remota cabaña del Parque Nacional Lanín, rodeado de bosques, montañas y en el territorio del puma
A sus 84 años y tras tomar una decisión radical hace más de tres décadas, Iván abandonó la civilización para instalarse por completo en una cabaña situada en un rincón remoto de la Patagonia Argentina, tal y como detalla el canal de YouTube hilux_aventura. Para acceder a su hogar es necesario realizar una travesía en barcaza con temperaturas bajo cero a través del lago Lol, en el Parque Nacional y Natural de Lanín, alejándose por completo del bullicio urbano. «Llevo tiempo pensándolo […] lo que casi nadie hace o se atreve a hacer«, explicó durante la entrevista al relatar su periplo desde Buenos Aires hasta este paraje natural donde se dedica a pintar la flora y fauna andino-patagónica.
De la enfermedad en la infancia al arte en la naturaleza
Nacido en Hungría y naturalizado argentino tras emigrar con su familia después de la guerra en 1945, Iván forjó su resiliencia a una edad muy temprana. «Primero, la enfermedad mía, cuatro años en cama, desde los 13 hasta los 17 con gente mayor«, recordó sobre el origen de su estrecha relación con el arte y la introspección. Tras trabajar como pintor en Buenos Aires, la oportunidad de ocupar una cabaña que llevaba catorce años abandonada tras la salida de los madereros le permitió instalarse de manera definitiva en el corazón de la cordillera. Hoy en día, subsiste con lo imprescindible gracias a su labor como ilustrador y al apoyo de su hijo y amigos, quienes le acercan suministros periódicamente.
«La soledad no existe»
Lejos de percibir su aislamiento como una carga, el anciano defiende una visión estoica y madura de la existencia humana basada en la aceptación absoluta del presente. «La soledad no existe. Me gusta estar conmigo«, afirmó con contundencia frente a las cámaras. Según su perspectiva, el sufrimiento humano actual radica en la incapacidad de procesar las adversidades cotidianas: «La gente está mal porque no sabe vivir su mal momento. Un mal momento es un mal momento y tienes que vivirlo desde todo punto de vista«. Para Iván, cada paso y cada vivencia conforman su propia realidad, consolidando un estilo de vida irrepetible donde el silencio de la montaña se convierte en su mejor compañía.



