
Robot toca la flauta, en la Universidad de Zhejiang, en China.
Foto: Jade Gao, AFP
La IA puede convertirse en una herramienta para mejorar la vida y el trabajo, pero también puede profundizar la concentración, la vigilancia y la desigualdad. Dependerá de quién participe en las decisiones, de qué instituciones construyamos y de nuestra capacidad colectiva para disputar el sentido de este cambio tecnológico.
Pablo Da Rocha – 8 minutos de lectura
– 8 minutos de lectura
La discusión sobre inteligencia artificial suele oscilar entre dos extremos. Por un lado, la promesa de una tecnología capaz de aumentar la productividad, mejorar los servicios y liberar a las personas de las tareas más rutinarias; por otro, el temor a una sustitución masiva del trabajo humano, al deterioro de nuestras capacidades cognitivas y a la consolidación de un poder tecnológico difícil de controlar.
Ambas miradas contienen una parte de verdad, pero ninguna alcanza para comprender el núcleo económico y político del problema. La pregunta decisiva no es solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino quién controla su desarrollo,…
Creá una cuenta gratuita o ingresá para continuar leyendo
Con tu cuenta accederás a 6 artículos gratis por mes y podrás recibir nuestras newsletters.
…una nueva correlación de fuerzas entre capital y trabajo. Esa lección histórica debería estar en el centro del debate actual. Una de las características distintivas de la inteligencia artificial es que no se limita a automatizar tareas manuales, también alcanza actividades que durante mucho tiempo parecieron protegidas por su contenido…



