El juez eligió el almuerzo del Rotary Club para hablar de una causa que él mismo firmó. Su precisión suena técnica, pero cae justo cuando la expresidenta lleva su reclamo a la ONU y necesita que algún tribunal, adentro o afuera, toque esa inhabilitación.
Ricardo Lorenzetti no acostumbra a hablar de causas propias en público, y por eso su intervención de esta semana llamó la atención. Fue durante el tradicional almuerzo del Rotary Club de Buenos Aires, en los salones del Hotel Libertador, donde el ministro de la Corte Suprema había sido invitado a exponer sobre «Liderazgo en el siglo XXI». El eje anunciado era la inteligencia artificial y los desafíos institucionales. Pero cuando llegó el turno de las preguntas, los rotarios lo llevaron al terreno que más interesa hoy: la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner.
Ahí Lorenzetti hizo una aclaración que, según reconstruyó Perfil y confirmaron otros medios, no fue casual. Sostuvo que la defensa de la expresidenta «no hubo ningún planteo referido a la inconstitucionalidad de la inhabilitación» para ejercer cargos públicos, ni ante la Corte ni ante la Cámara Federal de Casación Penal. En su lectura, lo que se discutió en los tribunales locales fue la confirmación de las penas de prisión y nada más. La inhabilitación perpetua, dijo, nunca fue objetada por ese carril.
El matiz no es menor. Cristina llevó su reclamo por la Causa Vialidad al Comité de Derechos Humanos de la ONU, y una parte de ese planteo apunta contra la proporcionalidad de la pena que la deja fuera de toda candidatura. Al recordar que esa discusión «no llegó a la Corte», Lorenzetti quiso instalar un argumento que le complicaría el relato al kirchnerismo: si la inconstitucionalidad no se planteó adentro, difícilmente prospere afuera. Sobre el reclamo internacional en sí, en cambio, prefirió no opinar. «Cada uno busca los argumentos que considera pertinentes y está en su derecho de hacerlo, pero no puedo opinar ni adelantar ningún criterio sobre ese tema», dijo.
Conviene detenerse en la escena. ¿Es una aclaración neutral de un juez que corrige un dato del expediente, o es el integrante de la Corte que dictó la condena saliendo a sostener el fallo de su propio tribunal en un almuerzo de socios? Lorenzetti se cuidó de no valorar la estrategia de Cristina, pero el efecto de sus palabras trabaja en una sola dirección. En los hechos, blinda la decisión que él mismo firmó, aunque advierte que nada se dijo acerca de si es constitucional o no que la ex presidenta este inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos.

La ronda de preguntas también lo llevó a otros frentes. Sobre las declaraciones de Ricardo Quintela, que había prometido nacionalizar y expropiar si el peronismo vuelve al poder, el juez fue breve: sostuvo que esas frases «no tienen efecto jurídico» y reivindicó a la Corte como garante de previsibilidad económica que «sobrevive a los gobernantes de turno». Según remarcó, la jurisprudencia en la materia se mantuvo firme durante más de veinte años y cinco presidencias. Un mensaje que, más que a Quintela, parece dirigido a cualquiera que imagine tocar ese andamiaje.
En el capítulo institucional, Lorenzetti volvió sobre una preocupación conocida. Denunció la influencia de «operadores informales» y el «amiguismo» en la designación de magistrados, describió una idea de Poder Judicial independiente «devaluada» en casi todas las provincias y anticipó que insistirá junto a Carlos Rosenkrantz con una reforma del sistema de selección de jueces en el Consejo de la Magistratura.
El tramo más largo de la charla, sin embargo, fue el que estaba previsto. Lorenzetti describió una «fuga del Estado de Derecho» en Occidente empujada por la tecnología y proyectó que la inteligencia artificial podría generar hasta un 40% de desempleo global. Trazó incluso un paralelo histórico incómodo al recordar que el nazismo surgió con un 25% de desocupación y que «la gente buscó una solución autoritaria». Habló de «superricos» que se manejan con «legislaciones privadas» y se apartan de las normas comunes, aunque no puso nombres. En un país donde el presidente se define tecno-optimista y se reúne con los popes del sector, la omisión también dice algo. La aclaración sobre Cristina, en cambio, no dejó lugar a dudas sobre a quién apuntaba.

