La trampa de Tucídides

Esa parte de la historia fue citada por Xi Jingpin en la reciente visita de Donald Trump a China para pedir que ese conflicto sea moderado sin llegar a la guerra, porque afectaría a ambos países y al mundo entero, dadas la potencialidades económicas, tecnológicas y militares de ambos.

La historia humana indica que de 16 casos en los que existieron simultáneamente potencias emergentes y dominantes, 13 terminaron en guerras.

Desde su visión autocentrada, Donald Trump atribuyó la cita de Xi a una lectura del período demócrata previo “que él cambiaría”, a pesar de que en sus idas y vueltas aumentó y disminuyó las tensiones arancelarias, tecnológicas, militares, etc.

Desde la estabilidad política del gobierno de la República Popular China, los planes son a largo plazo, mientras que en los países republicanos y supuestamente democráticos, los cambios frecuentes de gobiernos están más expuestos a los cambios de humor de las poblaciones.

Desde esta particularidad del diseño político occidental, es muy difícil afirmar que EE.UU., como potencia dominante, haya cambiado en sus sucesivos gobiernos su posición hegemónica en los territorios que consideran “su esfera de influencia”, como Latinoamérica, Europa o Medio Oriente, en donde se enfrenta a la potencia emergente.

Sí ha pendulado en el caso de Taiwán, donde pasó de reconocer el principio de “una sola China” en el gobierno de Ronald Reagan, a amagar con desconocerla en los últimos tiempos, proveyéndole de armas defensivas que la defendería de un potencial ataque de Pekín.

Eso desconoce el antecedente de Hong Kong en el que China acordó con el Reino Unido un estatus especial que la está integrando progresivamente a su territorio, y el aprendizaje de las vigentes guerras de Ucrania-Rusia o EEUU/Israel-Irán, en donde la llamada “guerra asimétrica” ha mostrado los costos para las potencias dominantes, si el más débil logra sostener una mínima capacidad de daño.

Nuestro país, que ha optado por apoyar y depender de la potencia declinante, tiene ante sí un panorama condicionado a que Brasil no consolide a Lula Da Silva y fundamentalmente que Donald Trump obtenga al menos lo suficiente para evitar que el Senado y la Cámara de Representantes no sean mayoritariamente demócratas y puedan limitarlo o desplazarlo con un impeachment (juicio político).

La ampliación por 5 años del swap (intercambio de monedas) de China a la Argentina, que le permite contar con recursos para sostener las importaciones de esa procedencia, es claramente una ambigüedad del debilitado gobierno argentino.

Al igual que ocurre con los gobiernos de Chile, Perú, Bolivia, etc.,  que a pesar de formar parte ideológicamente de “la esfera de influencia” norteamericana, mantienen fuertes relaciones comerciales, inversiones en infraestructura y financieras con China.

La política de castigos a quienes se rebelen a la influencia de EE.UU., no logran convencer y menos aún vencer a China en su influencia en Sudamérica.

Por ello, no resulta extraño que los dirigentes de la Cooperativa de Luz y Fuerza de Neuquén (CALF) hayan sido amenazados con la quita de las visas estadounidenses por haber firmado un acuerdo con Huawei –sancionada por Washington- para la instalación de tecnología 5G, que además de acreditar un excelente funcionamiento y rendimiento, tiene un costo un 30% menor a similares propuestas de empresas de EE.UU.

De todas maneras la trampa de Tucídides no parece ser profética mientras China no enfrente en el campo militar a EEUU en América Latina, Taiwán, Europa, Oriente Medio o Indochina, donde lidera varios grupos de países que ya no consideran a EE.UU. una protección suficiente para su seguridad, por lo que al menos navegan en la ambigüedad estratégica en ámbitos comerciales, de inversiones y financieros.

La impotencia militar de Washington con Irán, la falta de voluntad para seguir protegiendo a Europa a través de la OTAN o las dudas y postergaciones en la provisión de armamento a Taiwán, está consolidando la decadencia de EE.UU. en ese ámbito.

Mucho más cuando en su propio país, los que apoyaron el segundo mandato de Trump, están reclamando el incumplimiento de su promesa electoral de “no iniciar nuevas guerras y solucionar las existentes” a las puertas de las elecciones intermedias.

Por lo dicho, por ahora no parece existir un riesgo inminente que se dé la “Trampa de Tucídides” que haga inevitable una guerra directa entre ambas potencias.

Redacción

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