La central argentina Julieta Lazcano admitió que las críticas que recibió tras su partida de Alianza Lima le generaron un impacto emocional mayor al que muchos imaginaban. La jugadora, que en ese momento transitaba una etapa de alta vulnerabilidad física y anímica por su embarazo, eligió la honestidad por sobre la corrección política: reconoció el dolor, explicó su origen y descartó cualquier resentimiento hacia quienes la cuestionaron.
Lo hizo en una entrevista con el programa Se formaron las parejas, conducido por Gino Bonatti, donde también trazó sus metas deportivas para su nueva etapa en Atlético Atenea, el club de la Liga Peruana de Vóley con el que disputará la temporada 2026/2027.

Cuando Bonatti le preguntó directamente si le había molestado que se hablara de ella tras dejar el conjunto blanquiazul, Lazcano no esquivó la respuesta. “Sí me molestó, no voy a ser hipócrita y decirte que no”, afirmó. Pero lo que siguió fue más revelador que la molestia en sí: la polémica se desató en un momento en que atravesaba los primeros meses de gestación, una etapa que los especialistas consideran de especial cuidado.
“Se empezó a hablar de mí en un momento donde yo estaba en mis primeros meses de embarazo”, señaló, y ante la observación del conductor sobre su estado de vulnerabilidad, fue precisa: “No solo vulnerable, sino que siempre te recomiendan que son muy peligrosos los primeros tres meses”. La aclaración no fue menor: no se trató simplemente de sensibilidad emocional, sino de un contexto médico que amplificaba cada comentario.
Consultada sobre cómo había gestionado esa situación, la jugadora respondió con una cuota de humor y otra de honestidad. “Trataba de no enroscarme. Me enrosqué un poquito en algunas cosas”, admitió entre risas, antes de ir al fondo de lo que realmente sintió: “En realidad duele. El enojo viene por el dolor que causa”. Y explicó por qué: consideraba que había entregado todo durante esa temporada, y los cuestionamientos le resultaron ajenos a lo que ella había vivido desde adentro. “Recibir ciertos comentarios era como si no me conocieran”, dijo.

Sin embargo, Lazcano no se quedó en el reproche. La misma franqueza con la que reconoció el dolor la llevó a admitir que intentó comprender la perspectiva de quienes la criticaron. “Intento ser super empática y entender todas las caras y toda la situación, y ponerme en el lugar del otro”, sostuvo.
Esa capacidad para procesar las críticas desde un lugar de comprensión, y no de confrontación, le permitió llegar a una conclusión clara: “No hay ningún rencor ni nada. Simplemente en ese momento sí sentí más dolor que enojo”. La distinción entre ambas emociones no fue casual. El dolor habla de algo que importa; el enojo, de algo que irrita. Que la primera haya pesado más que el segundo dice bastante sobre el vínculo que Lazcano construyó con el club durante la temporada en que fue parte del bicampeonato de la Liga Peruana de Vóley.
La historia de su salida de Alianza Lima tuvo varios capítulos. En julio de 2025, el club anunció su desvinculación sin dar mayores detalles, y fue la propia jugadora quien explicó en sus redes sociales que se trataba de “una decisión de vida” y que el club no tenía responsabilidad en esa elección. Semanas después trascendió que estaba embarazada. La jefa del equipo, Cenaida Uribe, también habló públicamente sobre el tema y reconoció que la situación le había generado una decepción personal, aunque destacó el rendimiento de Lazcano dentro de la cancha.

Con la maternidad ya transitada y su hija India en brazos, Lazcano tomó la decisión de volver a la competencia. Atlético Atenea fue el club que la convenció de retomar el camino profesional en Perú, país donde también reside su pareja, quien trabaja con la selección peruana de vóley. Doce meses fuera de las canchas dejaron una marca que ahora busca borrar con trabajo.
Cuando Bonatti le preguntó por su objetivo personal para la temporada, la respuesta fue concreta y sin adornos: “Quiero volver a mi nivel de antes de quedar embarazada. Trabajo para eso. Y poder aportar el 100% mi máximo en cada partido”. El conductor señaló que ese proceso no ocurre de un día para el otro, y Lazcano lo confirmó sin dudar. El desafío no es solo físico: también implica recuperar el ritmo de juego, la lectura del partido y la conexión con la pelota que se pierde tras un período prolongado sin competir. “Por estar tanto tiempo sin tocar la pelota también”, explicó.
La central olímpica llega a Atenea con el bagaje de quien ya sabe lo que es ganar en la liga peruana y con la determinación de quien tiene algo que demostrar, no a los demás, sino a sí misma.

