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En el cementerio de guerra canadiense de Bretteville-sur-Lazie está enterrado el soldado canadiense Joseph Martin. Murió en acto de servicio a los 19 años, en una de las últimas operaciones del desembarco de Normandía. Paseábamos en familia por este camposanto militar, uno de los muchos que visitamos. Y fueron mis hijos quienes advirtieron que el nombre que figuraba inscrito en una de las centenares de cruces blancas correspondía a alguien que se llamaba como su padre. Leímos también, en esa cruz o en una vecina, la inscripción que habían mandado grabar los padres: tristes por la pérdida pero orgullosos del sacrifico de su hijo en nombre de la libertad. Lloré. Y sentí un profundo agradecimiento por todos esos muertos sobre los que caminábamos. Quizás sea lo más cerca que uno puede estar de la memoria de lo que no ha vivido pero que sabe que es necesario recordar. O intentarlo.
Una visita a Normandía puede convertirse fácilmente en frívolo turismo de guerra. Las playas del desembarco del Día D (Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword), la Pointe d’Hoc, la batería de defensa atlántica, pueblos como Saint Mére Eglise o la primera casa francesa liberada con la operación Overlord en Bernières-Sur-Mer, entre muchos otros puntos de interés, conforman un decorado de tinte cinematográfico que dopan la narrativa del heroísmo en detrimento del dolor y la carnicería que supuso esa gran operación bélica que abría el tercer frente de guerra aliado contra los alemanes.
Antes de ir
‘El día más largo’, de Cornelius Ryan
Para preparar el viaje es una buena idea leer El Día Más Largo de Cornelius Ryan. Si la lectura no es su fuerte, apuesten por la adaptación cinematográfica del libro que protagonizaron estrellas de la época como John Wayne, Richard Burton, Henry Fonda, Robert Mitchum o Sean Connery. La recreación de la carnicería que fue el desembarco de Normandía merece también un visionado de la película Salvar al Soldado Ryan, dirigida por Steven Spilberg.
Los jeeps militarizados que pueden alquilarse para recorrer la zona, las tiendas de militaría que venden recuerdos a los turistas, bañan de simple experiencia turística un escenario de guerra que sí se hace visible en los cementerios. Las cruces clavadas en el suelo, por millares, dan fe de que lo que sucedió en Normandía el 6 de junio de 1944 no merece convertirse con el paso de los años en un parque tematizado.
Hasta hace unos años lo veteranos supervivientes le recordaban al turista que la sangre que bañó las orillas de esas playas era de verdad, no efectos especiales de Hollywood. Eso ya no sucede. Quedan pocos con vida y están muy mayores, todos con cien años o más.
Guardamos como oro en paño la fotografía que atestigua el testimonio que nos prestó un veterano inglés en Arromanches, con los restos flotantes del puerto que mandó construir Winston Churchill a nuestras espaldas. Memoria en vena.
La mejor manera de empezar el viaje, si algún día se animan, es el Memorial de Caen. Abarca mucho más que el Desembarco de Normandía y permite al viajero zambullirse en la maldad y el naufragio humano que supone toda guerra, aunque sea inevitable.
Esta visita sirve para que después, en las playas y en los otros puntos marcados por el heroísmo de los soldados aliados, no nos dejemos llevar por un falaz y confuso entusiasmo que nos lleve a confundir lo que de verdad pasó en ese lugar con un simple videojuego o una distracción cualquiera de verano.
En Normandía pueden aprenderse muchas cosas. También que los soldados alemanes de la Wehrmacht allí enterrados eran igual de jóvenes que los de los ejércitos aliados. Pero casi nadie visita sus tumbas que, a diferencia de la de los soldados aliados, son mayoritariamente anónimas: “Un soldado alemán”.
En la guerra se puede perder todo, incluso el nombre. No dejen de visitar un cementerio de los felizmente derrotados si programan algún día este viaje. A diferencia de lo que sucede con el increíblemente bello cementerio estadounidense de Coleville sur-Mer, podrán hacerlo en solitario y con mayor intimidad. Nadie se arrima nunca a los perdedores. Y menos si su lucha era en favor del Nazismo.



