El fútbol argentino suele regalar jornadas donde el resultado numérico se queda corto para explicar lo que sucede sobre el césped. La última fecha del torneo Clausura dejó dos muestras claras de esa dinámica: duelos con un alto despliegue de intensidad, ventajas desaprovechadas y la constante sensación de que la irregularidad sigue siendo el rasgo distintivo de los equipos de mayor presupuesto.
Racing y Boca: un clásico de luces y sombras

En Avellaneda, el cruce entre Racing y Boca terminó en un 1 a 1 tan vibrante como representativo de las realidades de ambos conjuntos. Para el equipo xeneize, dirigido por Rodolfo Arruabarrena, el partido arrancó con una constante de su ciclo: empezar abajo en el marcador. Apenas a los cuatro minutos, un penal sancionado a instancias del VAR por una falta de Ayrton Costa le permitió a Marcos Rojo poner en ventaja a la Academia.
Sin embargo, Boca volvió a mostrar capacidad de reacción. A los 28 minutos del primer tiempo, Miguel Merentiel ratificó su buen momento goleador al capitalizar un centro del juvenil Flores, amagar en el área y decretar la igualdad definitiva.
El balance en el Cilindro dejó aspectos positivos para ambos lados:
- En Racing: Se destacó el orden en la distribución del mediocampo (con el cuadrado Lodico, Pérez, Orregoza y Miljevic) y el nivel dinámico de Cannavo por el lateral, aunque volvió a quedar en evidencia lo mucho que extraña la presencia en el área de «Maravilla» Martínez.
- En Boca: La consolidación de juveniles como Flores y Aranda sostiene el andamiaje del equipo, mientras que la preocupación quedó del lado de las bajas físicas, tras las salidas por lesión de Costa y Milton Delgado.
River: del dominio absoluto a la frustración

Por su parte, la jornada en el Monumental ofreció un contraste todavía más drástico. River ganaba con holgura ante un juvenil Vélez Sarsfield, mostrando tramos de fútbol de alta factura técnica y juego asociado. Con tantos de Correa y Freitas, el conjunto de Eduardo Coudet se fue al descanso con un 2-0 cómodo y la ilusión de abrochar su segundo triunfo consecutivo.
El segundo tiempo, sin embargo, desarmó toda la estructura del local. A partir de modificaciones acertadas en el planteo de Guillermo Barros Schelotto, el Fortín descontó por intermedio de Matías Pellegrini tras una desatención en el fondo. El partido cambió de clima, la tensión se trasladó a las tribunas —con cánticos incluidos contra la conducción de la AFA tras un insólito episodio de demora en un cambio que dejó a River momentáneamente con diez hombres— y sobre el final llegó el desenlace anunciado: un cabezazo de Lanzini para sellar el 2 a 2.
Cuentas pendientes de cara a lo que viene
Tanto para los de Avellaneda como para los de Núñez, las conclusiones del fin de semana no pasan únicamente por la suma de un punto. Mientras Boca y Racing intentan pulir un funcionamiento golpeado por la seguidilla de partidos y las bajas por lesión, River debe resolver con urgencia sus baches anímicos y tácticos si pretende que el volumen de juego que insinúa se traduzca en resultados firmes, tanto en el ámbito local como en el frente internacional.



