La calle no miente y los números de los mostradores bancarios porteños y bonaerenses terminaron por dinamitar el relato oficial. En una clasificación que incluyó a 16 países latinoamericanos, el sistema bancario de la Argentina exhibió el mayor nivel de morosidad en sus préstamos al sector privado con un 7,3% de la cartera en situación irregular, muy por encima del 2,78% de irregularidad como promedio de la región. La fantasía del repunte se estrella contra las ventanillas de cobro donde los vecinos hacen malabares para tapar baches.
El problema no radica únicamente en los vencimientos impagos, sino en la pequeñez estructural del mercado doméstico. Al mismo tiempo, y pese a haber exhibido una mejora en los últimos dos años, otro indicador financiero central para el crédito ubicó a la Argentina en el último puesto de la tabla. El estancamiento productivo en distritos como La Matanza o Lomas de Zamora encuentra su causa directa en este estrangulamiento.
La comparación con los vecinos del continente deja al descubierto un enanismo monetario alarmante. El ratio crédito/PBI argentino es de 14,3%, el más bajo de los 16 países rankeados. La media continental triplica holgadamente el registro doméstico, demostrando que acá el apalancamiento a la producción sigue siendo una utopía inalcanzable.
El diagnóstico internacional fue certificado por los propios popes del negocio del dinero. Los datos surgen de un informe de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), entidad que agrupa a 540 bancos de la región, con cifras al primer trimestre de este año. El documento desnudó que las entidades tradicionales concentran la mayor porción del rojo financiero.
La masa del dinero incobrable se distribuye entre sucursales de la City porteña y financieras barriales. Y se limitan al sector bancario tradicional, que en la Argentina tiene en sus manos casi dos tercios de los $14 billones en préstamos en situación irregular. El saldo restante lo absorben las aplicaciones móviles y mutuales del conurbano que exprimen a los sectores informales con costos usureros.
Alerta roja por el descalce
El empeoramiento del cumplimiento en las cuotas es una mancha de aceite que se expande por todo el continente. A nivel regional, la irregularidad viene creciendo, según Felaban: “La cartera vencida del sistema bancario latinoamericano reforzó su tendencia alcista y cerró en marzo de 2026 con un saldo cercano a USD 104.621 millones, registro 10% superior a aquél de diciembre de 2025 y 44% por encima del registrado un año atrás.” La escalada enciende luces de alarma en los organismos de control.
El desglose geográfico del reporte deja a las entidades locales en la cima de la vulnerabilidad crediticia. “A pesar de lo anterior, el indicador agregado de morosidad aumentó hasta 2,78% en marzo de 2026 versus 2,51% un año atrás. Nuevamente, los niveles de morosidad más altos se registraron en Argentina, Brasil y Colombia (7.3%, 4.3% y 3.7%, respectivamente), mientras que los más bajo se observaron en República Dominicana, El Salvador y Uruguay (1.1%, 1.4% y 1.7%, respectivamente).” El podio de la incobrabilidad confirma el deterioro del salario real.
El cóctel entre default doméstico y escasez de fondos desnuda un esquema perverso. La combinación de ambos datos, la alta morosidad y el escaso volumen de financiamiento, muestra a las claras la situación del crédito en la Argentina. Históricamente, el sistema no colapsaba porque casi no prestaba, pero ese dique de contención se rompió sin que mejoraran los ingresos.
El castigo crónico del costo de vida pulverizó cualquier intento de previsibilidad contractual. El desempeño históricamente pobre de la Argentina en materia crediticia con relación a la región se vincula a la inflación, que restringe los incentivos de ambos lados, tanto para prestar por el lado de los bancos como para endeudarse por parte de familias y empresas. Somos una anomalía estadística global donde endeudarse para comer es una condena cotidiana.
Los vecinos del cono sur lograron doblegar las volatilidades de precios mientras acá se sigue padeciendo el arrastre. La Argentina es el único de los países analizados que tiene una inflación de dos dígitos anuales, algo que tienen muy pocos países en el mundo. Incluso economías limítrofes con turbulencias severas han corregido sus desvíos mucho más rápido.
El informe de la entidad bancaria excluyó intencionalmente a economías totalmente marginales del circuito transaccional. Bolivia tuvo un 20,4% de inflación en 2025 pero lo redujo en la primera mitad de este año. Los técnicos evitaron comparar el cuadro con Venezuela, el único territorio que supera el descalabro de precios local.
Bancos desprotegidos y auxilio ausente
El desarme de pasivos del Banco Central empujó a las entidades a volcar pesos a la calle sin reparar en la capacidad de pago ciudadana. El financiamiento al sector privado avanzó en los últimos dos años, de la mano de la desaceleración de la inflación, la menor “competencia” de los títulos remunerados del Banco Central y la estabilidad cambiaria. Esa masa de liquidez generó un espejismo de reactivación que hoy pasa una factura impagable.
La ilusión de la salida en forma de rebote productivo chocó contra el paredón de las cuotas vencidas. La recuperación del crédito fue responsable, en parte, de la recuperación en “V” de la economía tras la fuerte caída post-devaluación. Sin embargo, el festejo en los despachos del Poder Ejecutivo omitió calcular la fragilidad patrimonial de los tomadores.
En la Casa Rosada insisten con lavarse las manos y mirar para el costado frente al tendal de deudores. Pero eso trajo también un alza de la irregularidad que hoy se debate con intensidad. Desde el Poder Legislativo reclaman medidas de contingencia inmediatas para frenar ejecuciones y embargos sobre los sectores vulnerables.
El dogma libertario prefiere desentenderse de la catástrofe social que se gesta en las barriadas populares. Mientras el Gobierno asegura que no hará nada al respecto (“es un asunto entre privados”, se repite) analistas y voces de la oposición recomiendan que el Banco Central tome algún grado de participación en el asunto para auxiliar a los cerca de 7 millones de argentinos que mantienen deudas con entidades financieras, ya sea en bancos, fintech u otras instituciones de crédito. La pasividad oficial roza la negligencia ante una bomba de tiempo social.
El colchón de seguridad de las entidades locales frente al impago generalizado es el más endeble del continente. Con respecto a las previsiones del sistema -dinero inmovilizado por los bancos para sostener sus operaciones en caso de impago de sus clientes-, el informe de Felaban explicó: “En términos relativos, el indicador de cobertura (gasto en provisiones ÷ saldo de cartera vencida) disminuyó hasta 164% (marzo de 2026) desde 170% (marzo de 2025).” El desamparo normativo compromete la solidez de todo el andamiaje crediticio.
La desprotección de las entidades financieras locales frente a la mora bate récords negativos. “Similar a ediciones anteriores, la banca dominicana, uruguaya y ecuatoriana reportó los mayores indicadores de cobertura (316%, 226% y 210%, en cada caso), mientras que Argentina y Panamá se posicionaron como los únicos países con indicadores de cubrimiento inferiores a 100% (84% y 93%, respectivamente).” Si el rojo sigue escalando en los barrios del AMBA, no habrá paraguas contable que alcance para frenar el impacto.
Lo que tenés que saber sobre la morosidad bancaria
- Récord continental: Argentina lidera el ranking de mora crediticia en América Latina con un 7,3%, superando por lejos el promedio regional del 2,78%.
- Enanismo financiero: El país tiene el ratio crédito/PBI más bajo de la región (14,3% frente a una media latinoamericana del 47,3%), evidenciando la falta de financiamiento genuino.
- Bomba de tiempo social: Casi 7 millones de personas arrastran pasivos con bancos, billeteras virtuales y cadenas comerciales por un monto irregular superior a los $14 billones.
- Desprotección contable: Las entidades locales son las peores cubiertas de la región ante impagos, con un ratio de previsiones de apenas el 84%, muy por debajo de la cobertura internacional.

