El 28 de febrero, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos e Israel lanzaron una arriesgada campaña militar contra Irán con el objetivo declarado de tumbar al régimen islámico, eliminar de una vez por todas su programa nuclear y acabar con la capacidad de amenaza de sus milicias aliadas en la región. Envalentonado por una operación veloz y exitosa en Venezuela en enero, cuando secuestró en una noche al dictador Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump prometió al pueblo estadounidense que esta iba a ser una nueva “excursión” de “cuatro o cinco semanas” de duración. A finales de marzo, cuando se cumplió el plazo, dijo que le iba a llevar “quizá dos semanas más terminar el trabajo”. Desde entonces, Trump ha declarado por activa y por pasiva que el Pentágono ha salido victorioso, a pesar de que la realidad sobre el terreno muestra un paisaje muy distinto.
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