Anoche soñé que Trump escribía una novela de verdadero genio literario. Una de esas novelas introspectivas que exploran a fondo las debilidades y contradicciones del personaje, una de esas que no esquivan las verdades incómodas, precisamente porque hablan a través de la ficción. En la jerga editorial las llaman “novelas literarias”. En las librerías, “ficción para adultos”. En mi sueño, veo a Donald sentado en un sillón de orejas leyendo, muy concentrado, el séptimo volumen de la obra de Proust. Junto a él, una pila de libros: Kafka, Cioran, Camus, Clarice Lispector, Virginia Woolf… Por momentos, en una de esas metamorfosis oníricas que sólo ocurren en los sueños, el rostro de Trump muta en el de Netanyahu, y luego en el de Nasralah, difunto líder terrorista de Hizbulah.
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