Por los pasillos de los Tribunales II corre un malestar entre los abogados penalistas por lo que ocurre con el Sistema Integral de Flagrancia. El esquema se propuso como una fuerte apuesta de la Justicia de Córdoba para resolver con rapidez y de manera ágil los delitos menores que colapsaron las fiscalías durante años. La policía reclamaba un modo rápido de entregar los procedimientos y que se condene o absuelva sin puerta giratoria.
«A nosotros —dice un abogado de la calle— nos perjudica, porque los detenidos reciben asistencia de un asesor público y casi siempre les recomiendan que acepten los hechos y en un abreviado recuperan la libertad en cuestión de horas.»
Así planteado, todo parece funcionar de acuerdo al plan trazado por el Ministerio Público Fiscal, el TSJ y la Defensa Pública. La bronca penalista es porque se vio afectado el flujo de trabajo: «Cuando alguien caía preso tomabas una defensa, un pedido de libertad y una agilización de planilla prontuarial, que son el pan del día de muchos abogados», explicaba un letrado mientras otro acotaba un dato más. «Los que se van con una condena en un abreviado, si reinciden ya no salen con otro abreviado y tendrán que cumplir las dos condenas» dijo un abogado que, entre risas, dijo que “ahí volveremos a tener trabajo de nuevo”.
Un banquero con ambiciones
Los outsiders están de moda en la política argentina, donde preside Milei que llegó sin estructura y otros creen que puede hacer lo mismo, como es el caso del predicador Dante Gebel o el empresario de medios Daniel Hadad (ambos con residencia en Miami).
Pero un cordobés que viaja seguido a Buenos Aires por política volvió impactado por la determinación que vio en el banquero Jorge Brito, que también quiere ser presidente. «Armó un cuerpo de asesores-consultores encabezados por Emilio Monzó y por el diputado Nicolás Massot. Tienen una oficina enorme en Puerto Madero, están hablando con referentes de todos los espacios y tienen recursos ilimitados para comenzar a armar estructura», dijo.
El presidente del Banco Macro está convencido de que puede repetir el camino de Mauricio Macri que pasó de Boca a la Rosada, pero en su caso, empezando desde River. Decidido a seguir la pista del banquero, un periodista consultó a un referente massista en Córdoba -ya que las versiones desde siempre unen a este outsider con el ex ministro de economía-. «Massa está detrás de varios proyectos y en este caso es algo así como un consejero, pero Brito tiene mucha autonomía y habla de igual a igual con Sergio», tras lo cual agregó un dato muy curioso del magnate. «Todavía vive con su familia en Salta, porque no quiere que sus hijos crezcan en el microclima de los millonarios de Buenos Aires y prefiere viajar a trabajar algunos días a la semana a la Capital. Claro que no se mueve en micro: con avión privado es todo más fácil» bromeó.
Un maestranza con mucho country
A medida que se acumulan las semanas de crisis en la Cámara Federal de Córdoba, se suman más elementos que complican el presente del todopoderoso presidente Abel Sánchez Torres. El juez Alejandro Sánchez Freytes lo procesó junto a su pareja Graciela Montesi y ahora el Consejo de la Magistratura tiene la pelota en su campo: debe resolver si lo suspende en sus funciones o inicia un proceso de enjuiciamiento.
En los pasillos de la Torre del Parque Sarmiento no se habla de otro tema, pero hay un silencio que llama mucho la atención: el del gremio de empleados de la justicia de la Nación. El siempre activo y polémico Juan Pablo Triputti nunca se expresó públicamente, aún con el perfil combativo que la UEJN tuvo en la salida del ex camarista Ignacio Vélez Funes, a quien el sindicato denunció.
Los conocedores de las internas federales agregan un dato que suma razones del silencio: un integrante de la comisión directiva tendría registrados numerosos ingresos al country El Terrón de Mendiolaza donde Sánchez Torres construyó una imponente casa. Se trataría de Marcelo «Chiquito» Giménez, un empleado de maestranza y hábil como carpintero, que le debería al camarista el favor de nombrar y ascender a su hija Victoria. “¿Le estará haciendo changas en la casa?”, se preguntaban maliciosamente unos empleados del edificio de calle Concepción Arenal.




