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La inteligencia artificial ha empezado a convertirse en una nueva aliada de los socorristas en las playas catalanas. Laif, una empresa derivada de Proactiva, ha desarrollado un sistema de videovigilancia capaz de analizar en tiempo real el comportamiento de las personas que entran en el agua y detectar patrones compatibles con un posible ahogamiento. Cuando identifica una situación de riesgo, la tecnología genera una alerta de que es revisada desde un centro de control antes de ser trasladada a los equipos de salvamento.
El proyecto, que tuvo una primera prueba piloto en verano de 2025, ha comenzado este año su despliegue. Las cámaras ya funcionan en la playa de la Estació de Badalona, la playa Grane de Playa de Aro, Santa Margarida de Roses y la playa de Ponent de Vilassar de Mar, así como en una piscina cubierta de 25 metros del Club Natació Catalunya, en Barcelona. En septiembre, el sistema llegará también a la playa de s’Abanell de Blanes y, fuera de Catalunya, en la playa de Los Cristianos, en el municipio de Arona, en Tenerife.
Todo el dispositivo se coordina desde la sede de Proactiva en Vilassar de Dalt. Allí, los técnicos supervisan las imágenes mediante una interfaz multipantalla similar a las utilizadas en centros de control de tráfico o de seguridad.
La diferencia es que, en este caso, la tecnología no se limita a grabar las imágenes. La inteligencia artificial analiza simultáneamente los movimientos y patrones de comportamiento de todas las personas que se encuentran dentro del agua. El objetivo es identificar situaciones que puedan corresponder a una persona que está perdiendo la capacidad de mantenerse a flote o que ha quedado inconsciente.
“Detectamos patrones compatibles con un posible ahogamiento”, explica Oriol Canals, cofundador y director de Laif y también director técnico de Proactiva. Cuando el sistema identifica una de estas situaciones, “emite una alerta de que desde el centro de control se deriva a los equipos de salvamento”, señala.
La tecnología ha requerido meses de entrenamiento antes de poder operar en condiciones reales. Los responsables del proyecto han recreado y teatralizado numerosas posiciones, reacciones y movimientos del cuerpo asociados a situaciones de peligro en el agua. Entre los escenarios que se han trabajado hay personas que luchan por mantenerse a flote o que quedan inconscientes.
Falsos positivos que ayudan a afinar el sistema
Pese al avance, Laif aún no ha participado directamente en ningún rescate real. Canals lo achaca a que el sistema apenas ha empezado a desplegarse y que esta temporada no se han producido ahogamientos en las playas donde está instalado. El proyecto, por tanto, aún no ha podido poner a prueba su capacidad en una emergencia real.
Sin embargo, el sistema ha generado numerosos falsos positivos. Lejos de considerarlo un problema, sus creadores lo interpretan como buena noticia en esta fase inicial. Las alertas que genera la IA son revisadas manualmente por los técnicos antes de llegar a los socorristas, por lo que los falsos positivos no tienen impacto sobre la operativa de los equipos de salvamento.

El objetivo es que, con el entrenamiento y experiencia acumulada, la tecnología sea capaz de afinar progresivamente la detección. “Llegará un momento en el que nos encontraremos con una persona que realmente sufre un ahogamiento y la tecnología podrá detectarlo con antelación para poder actuar”, defiende Canals.
Laif concibe esta tecnología como una “capa adicional de seguridad” que no pretende sustituir a los socorristas, sino complementar su trabajo. El sistema puede funcionar coordinadamente con los equipos de vigilancia presenciales, pero también puede instalarse en espacios sin socorristas físicamente presentes, de forma que una alerta permita activar los servicios de emergencia más cercanos.
Con el despliegue de las nuevas cámaras, el proyecto amplía así su presencia en diferentes puntos del litoral catalán y da el salto a otras zonas del Estado. La iniciativa sitúa a la inteligencia artificial como una nueva herramienta potencial para anticiparse a uno de los riesgos más graves de la temporada de baño: detectar un ahogamiento antes de que sea demasiado tarde.



