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Agosto de 1940. Churchill pronuncia una de sus frases con pasaporte a la inmortalidad: “Nunca en el ámbito de los conflictos humanos tantos debieron tanto a tan pocos”. Nace la leyenda de “Los Pocos”. Los 3.000 aviadores que hicieron frente a las embestidas aéreas de los alemanes en la Batalla de Inglaterra. Aguantar el pulso en el aire era la única forma de evitar la invasión terrestre vía desembarco que Hitler ya tenía decidida: la operación León Marino. “Los Pocos” plantaron cara sin cuartel durante cuatro meses. Más de 500 perdieron la vida, aunque su sacrifico no fue baldío. Sirvió para que Hitler probara por primera vez el amargo sabor de la derrota y quien sabe si para cambiar el curso de la historia.
Antes de ir
‘La Batalla de Inglaterra’, de Stephen Bungay
Para profundizar sobre los pormenores de la batalla aérea más importante de la Segunda Guerra Mundial este es el libro de cabecera. Más allá de los mitos, inevitables tras una gesta, y la heroicidad de “Los Pocos”, el libro bucea en la realidad de todas las variables que afectaron al desarrollo del combate. El bombardeo de Londres y el sufrimiento de la población civil merece el visionado de la película Blitz (2024), dirigida por Steve McQueen.
Entender lo que estaba en juego se hace entendible en Capel-le-Ferne. Aquí, sobre los blancos acantilados de Dover, en el condado de Kent, está emplazado el principal memorial de la batalla. Con el canal de la mancha ante nuestros ojos es fácil tomar conciencia de la insularidad que conforma el ADN de esta isla. Dieciocho millas náuticas separan Inglaterra del continente en el punto más angosto: el paso de Calais. Aquí, alzando la vista hacia el cielo, veremos el campo de batalla en el que los Spitfire y los Hurricanes de la RAF se las tuvieron con los Messerschmitt y los Junkers de la Luftwaffe.
El elemento más atractivo del memorial es la estatua de un joven piloto sentado sobre una hélice esculpida en piedra. Mira hacia el mar y, más allá, hacia el continente europeo, el lugar desde donde procede siempre todo mal, real o imaginario, para los ingleses. La escultura es un guardián de piedra perpetuo de la soberanía. Las réplicas del Spitfire y el Hurricane revelan la necesaria alianza entre el hombre y la máquina. Los dos modelos eran técnicamente superiores a los de las fuerzas aéreas alemanas. La fama y el recuerdo es para “Los pocos”, pero sin el concurso de los ingenieros el heroísmo y la valentía no habrían bastado.
Al fondo, el muro del recuerdo da cuenta de los nombres de los pilotos que hicieron al menos una salida con su escuadrón durante la batalla. Para destacar el carácter colectivo de la heroicidad se obvian rangos y condecoraciones. Previo pago de seis libras se puede acceder a un espacio interactivo en el que experimentar en primera persona las sensaciones de la batalla
La Batalla de Inglaterra acabó en octubre de 1940 con los alemanes derrotados y abandonando el sueño de la invasión. Pero lo que conocemos como Blitz, el bombardeo incesante de la población civil para desmoralizarla, con Londres como primer objetivo, se alargó hasta el mes de mayo de 1941. Provocó la muerte de más de 40.000 personas, la mitad de ellas en la capital inglesa.
Para sumergirse en el recuerdo de la angustia civil de los bombardeos, ensayados por los alemanes en la Guerra Civil española, el Museo del Transporte londinense organiza visitas guiadas a la estación fantasma de Adwych, que sirvió de refugio masivo. Imprescindible también la visita al Churchill War Rooms, el búnker subterráneo secreto desde el que el primer ministro dirigió el esfuerzo militar británico. Aunque la mejor experiencia museística en Londres vinculada a la memoria de la guerra será siempre el Imperial War Museum. Y si creen en los milagros, humanos o divinos, plántense delante de la Catedral de St. Paul y recuperen en su móvil o tablet la famosa fotografía bautizada como St. Paul’s Survives. En la historia asociada a esa imagen está recogido el mal que los bombardeos hicieron a la ciudad y a sus habitantes, pero también lo que los londinenses fueron capaces de hacer por mantenerse erguidos, ellos y sus símbolos. De pie ante el templo sentirá el contraste entre ese pasado y el presente.



