Después de la movilización contra la Ley de inviolabilidad de la propiedad privada todo cambió. En las calles y organizades logramos que se caigan dos capítulos de dicha ley: el de extranjerización de tierras y el de las quemas. Aún no pusieron fecha para tratarlo en diputados. Mientras muchxs estudiantes secundarixs y universitarixs resistíamos la represión, iban llegando grandes contingentes de multitudes que se acercaban después del laburo a la plaza. Esta juventud que tomó las calles ese día fue la que había gritado anteriormente el 3 de junio por justicia por Agostina Vega, víctima de femicidio en Córdoba, desplegando nuevamente los reclamos contra la violencia de género. Una generación que se cansó del silencio ante las injusticias y que empieza a sacar conclusiones políticas relacionadas a accionar y resistir.
En ese sentido, estas conclusiones también empalman con la simpatía hacia quienes, durante todo este tiempo, no le dieron un solo voto al gobierno y denunciaron cada una de sus atrocidades. Por eso, no faltaron en esa movilización los miles de jóvenes que se acercaron a Myriam Bregman. Muchxs de ellxs ya están dando un paso más: comenzaron a participar de los comités propuestos por ella para construir una organización cotidiana.
Somos parte de esa juventud que estudia, labura, busca laburo o todo eso a la vez. Somos endeudades. Una generación que tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes y construir su vida en medio de una crisis que no eligió. Estamos infinitamente hermanadxs con quienes pelean contra contra el imperialismo, la privatización de empresas públicas, la violencia de género y la precarización laboral. Sabemos que no somos individuos aislados, sino que cuando queremos expresarnos y resistir nos unimos con otros sectores. Por eso en este artículo presentamos dos causas que queremos que cada estudiante abrace como propia. Puán no puede ser una burbuja: si queremos enfrentar al gobierno, tenemos que hacer propias las luchas de quienes enfrentan sus mismas políticas.
Esa experiencia que vivimos en la calle dejó una pregunta abierta: ¿cómo hacer para que toda esa bronca no quede solamente en una movilización? ¿Cómo transformarla en organización y en causas concretas?
Violencia de género en el Subte: el caso de Araceli Pintos
Araceli Pintos tiene 28 años, es madre soltera y fue despedida injustamente por la empresa EMOVA hace diez meses. Estaba en su período de prueba trabajando en el Subte. Compartía su puesto con una compañera más y un Policía de la Ciudad. Como lamentablemente le pasa a muchas mujeres, este funcionario de las fuerzas de seguridad, apoyando su arma en la mesa del cuarto que compartían en el trabajo, acosaba sexualmente a Araceli. Ella con valentía contó su caso. No quería enseñarle a sus hijas que tienen que callarse ante estas situaciones. Sin embargo, la respuesta que obtuvo por parte de la empresa fue primero cambiarla de línea mientras el policía seguía en la misma estación, pudiendo replicar este accionar frente a cualquier otra mujer y luego despedirla sin causa antes de que finalizara su periodo de prueba. Desde entonces numerosos organismos del movimiento feminista como Ni Una Menos, Mujeres que no fueron tapa y Pan y Rosas así como trabajadores y trabajadoras del subte conformaron un comité por la reincorporación de Araceli, acompañándola tanto en las instancias judiciales como aportando al fondo de lucha y a distintas acciones que se realizaron por este fin. Entre ellas el corte en Rivadavia y Loria el pasado 20 de agosto, ante el cual la Policía de la Ciudad respondió con represión y posteriormente rodeando a la sede de EMOVA mientras Araceli y otrxs hacían una hablada.
Este es un conflicto que sabemos que puede triunfar. La reincorporación de Araceli es posible porque, si algo aprendimos las feministas, es que no vamos a quedarnos calladas y que cuando tocan a una respondemos miles. Araceli fue despedida por no callarse frente a la violencia machista. Que vuelva a su puesto de trabajo sería una victoria para ella, pero también para todas las trabajadoras que enfrentan situaciones de violencia y saben que no deberían tener que elegir entre denunciar o conservar su trabajo.
«Aerolíneas no se vende»: persecusión contra Lucho Corradi y trabajadorxs del aeropuerto
Luciano Corradi es trabajador aeronáutico y delegado de GPS, una de las principales empresas tercerizadas de la línea de bandera Aerolíneas Argentinas, donde lleva más de 15 años desempeñándose como trabajador de GPS. El día 8 de agosto Luciano fue despedido, un despido persecutorio y antisindical. Tanto él como muchxs otrxs trabajadorxs, estuvieron al frente de la defensa de Aerolíneas Argentinas, ante el intento de privatización que estaba contemplado en la Ley Bases y que tuvieron que bajar. Lucho también fue parte de pelear por las reincorporaciones de sus compañerxs, logrando que trabajadoras como Rosa vuelvan a GPS. En este sentido, no es casualidad que busquen despedir a un trabajador que cuenta con esta experiencia de organización y que usa su posición de delegado para articular las luchas y más aún luego de que se apruebe la Reforma Laboral.
Estas últimas semanas fueron agitadas y se han realizado acciones en Aeroparque por su reincorporación que han tenido amplia repercusión en redes y en distintos medios de comunicación, así como una muy buena respuesta y acompañamiento por parte de lxs usuarixs allí presentes. Esta energía es la misma que se vio en las calles el pasado 6 de agosto frente al intento del gobierno por pasar la ley de extranjerización de la tierra, donde quedó demostrado que la soberanía no es negociable y que hay un amplio interés por defender nuestros recursos estratégicos y los derechos de lxs trabajadorxs.
¿Quiénes toman estas causas y quienes miran para otro lado?
Estas causas no parten de cero. Tanto Araceli Pintos como Luciano “Lucho” Corradi vienen dando pelea junto a distintos sectores que decidieron no mirar para otro lado frente a sus despidos. Estudiantes, docentes de Ademys, jubilades y distintos sectores acompañaron también las acciones realizadas, como el corte en Rivadavia y Loria del pasado 20 de agosto, que terminó con represión de la Policía de la Ciudad.
Desde En Clave Roja, Secretaría General del CEFyL, venimos proponiendo que el Centro de Estudiantes tome activamente esta campaña y participe de las acciones por la reincorporación de Araceli. A la convocatoria se sumaron el PCA y una delegación de la conducción del Centro, El Colectivo, luego de que insistimos en la Comisión Directiva para que se pronunciaran. Sin embargo, otras agrupaciones de la facultad, como el PO y el ¡Ya Basta! – Nuevo MAS, mantuvieron hasta ahora silencio frente a una trabajadora despedida después de denunciar una situación de violencia machista.
Algo similar ocurre con el caso de Lucho Corradi. Desde En Clave Roja presentamos un proyecto en el Consejo Directivo de la Facultad por su reincorporación y venimos insistiendo también para que el Centro de Estudiantes tome esta causa. La respuesta del decano Ricardo Manetti y de la vicedecana Graciela Morgade fue que este conflicto “no tenía nada que ver con la facultad” y que, en todo caso, debía realizarse un pronunciamiento general contra todos los despidos, sin tomar la especificidad de la persecución antisindical contra Lucho. Una respuesta todavía más llamativa si tenemos en cuenta que, sin ir más lejos, las propias autoridades de la Facultad despidieron recientemente a dos trabajadores no docentes y tuvieron que retroceder frente al repudio general. En un contexto en el que sigue sin cumplirse la Ley de Financiamiento Universitario, resulta difícil sostener que los ataques contra los trabajadores y trabajadoras no tienen nada que ver con la vida de nuestra Facultad. Por su parte, al enviar la propuesta de adhesión a esta causa a la Comisión Directiva del CEFyL ni la conducción peronista de El Colectivo, aliada a Manetti, ni ninguna otra agrupación de izquierda de la facultad se ha pronunciado hasta el momento sobre esta causa.
Creemos que estas posiciones merecen una reflexión. No alcanza con declararse en defensa de las mujeres, las diversidades o la clase trabajadora cuando esas luchas aparecen en abstracto. Cuando una trabajadora es despedida por denunciar acoso sexual o cuando un delegado es perseguido por organizar a sus compañeros, hay que tomar partido. Una facultad que dice tener perspectiva de género y defender la soberanía tiene que poner el Consejo Directivo a disposición de estas causas. Al mismo tiempo, lxs estudiantes tenemos que poner nuestras herramientas como el Centro al servicio de que esas peleas triunfen.
Por eso creemos que el desafío para quienes nos reivindicamos parte de la oposición al gobierno de Milei no puede ser mirar estas luchas desde afuera. Si queremos construir una fuerza capaz de enfrentar el ajuste, la precarización, la violencia machista y la privatización, tenemos que empezar por no dejar aisladas a quienes ya están peleando. Un movimiento estudiantil que quiere ser parte de las grandes luchas de nuestro tiempo no puede dejar a nadie tirado ni mirar para otro lado cuando una causa concreta necesita de su fuerza.
¿Por qué tomar estas causas en Puán?
Traemos estos ejemplos no solo porque creemos que pueden triunfar sino porque queremos que toda la bronca que vimos expresada en las calles y esas ganas de luchar contra el gobierno se organicen en políticas concretas para frenar de una vez por todas al gobierno de Milei y su plan de ajuste y entrega al servicio del imperialismo y de la batalla cultural contra las mujeres y las diversidades. Si el 6 de agosto mostró que hay miles dispuestos a salir a las calles, el desafío ahora es transformar esa fuerza en organización. Que la bronca se encuentre, se organice y se transforme en una fuerza capaz de frenar al gobierno.
No queremos un movimiento estudiantil encerrado entre las paredes de Puán. Queremos uno que se reconozca en cada trabajadora despedida por denunciar violencia, en cada delegado perseguido por organizar a sus compañeros y en cada lucha contra la privatización, el ajuste y la represión. Estas son algunas de las broncas que queremos llevar a la Marcha de la Bronca del 19 de septiembre. Porque si el 6 de agosto demostró que hay miles dispuestos a salir a las calles, ahora el desafío es que esa fuerza se encuentre con quienes ya vienen peleando. Que ninguna lucha quede aislada. Que nadie pelee solo. Que Puán sea parte de esa fuerza que se organiza para enfrentar al gobierno de Milei.
Seguiremos pensando estas peleas en el Comité por un movimiento por un Partido de la nueva clase trabajadora que realizaremos junto a trabajadorxs y vecinxs del barrio de Flores el viernes 4 de septiembre en Puán 480 a las 18 H. Allí participarán la dirigente y teórica feminista Andrea D’Atri y el referente estudiantil Luca Bonfante junto a cientos de personas.

