La despedida de Lionel Messi de la selección argentina culmina una era de la Albiceleste. El jugador, ungido en 2009 por el propio Diego Maradona con el número 10, abandona un escenario en el que comenzó siendo comparado con el mito de México 86, hasta acabar convertido ―para muchos―en ídolo popular.
El intelectual Vicente Palermo no está de acuerdo con esta denominación, aunque admite que Messi es «muy querido por los argentinos». La distinción es importante: un ídolo, sostiene Palermo, necesita características que Messi no tiene, ya que no cultiva una personalidad excesiva. «Es una buena persona, tranquilo, no politiza ni partidiza, hace una vida normal», comenta Palermo, fundador del Club Político Argentino. Es, ante todo, «un ejemplo» de buen deportista, además de «un futbolista extraordinario», dice el politólogo a DW.
Maradona y Messi, figuras antitéticas
Maradona era otra cosa. «En Maradona había toda una serie de simbologías nacional-populares-rebeldes-resistentes-impugnadoras. Pero, en el caso de Messi, el valor que se destaca es su calidad futbolística», dice a DW Pablo Alabarces, uno de los pioneros de la sociología del deporte en América Latina, profesor titular de Cultura Popular en la UBA y autor de libros clave como Fútbol y patria. «Messi no es un símbolo de identidad colectiva, pero sí un tipo muy admirado. Es una figura muy potente, que no desplaza a la de Maradona, la complementa», subraya Alabarces.
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Messi inició su andadura en la selección siendo comparado con Maradona y acabó imprimiendo su propia personalidad en la Albiceleste.Natacha Pisarenko/AP/picture alliance
«Maradona era un ídolo nacional y divisivo a la vez», subraya, por su parte, el politólogo Vicente Palermo. Su personalidad permitía que se convirtiera en una figura política, cultural e incluso identitaria. Messi, en cambio, nunca pareció interesado en representar nada fuera del fútbol. Y, para Palermo, eso puede ser incluso una virtud: «Aunque sea en pequeña medida, eso es bueno para los que no compartimos el nacionalismo argentino, aunque nos emocionemos cuando gana la selección».
Resistencias iniciales
La ausencia de teatralidad fue durante años precisamente el problema de Messi a la hora de encontrar aceptación popular. Frente al campeón Maradona, «aquel astro, ese Dios«, resultaba difícil competir, explica a DW Alejandro Wall, periodista, escritor y coautor del libro El Mundial de Messi. Tuvo que medirse con una figura que no era solamente un futbolista, sino una construcción colectiva de la Argentina.
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«Messi va a ser Messi», pronosticó Maradona sobre el futbolista rosarino.Emiliano Lasalvia/AFP
La paradoja es que Messi terminó ganándose un lugar no imitando a Maradona, sino siendo, sencillamente, él mismo. «Messi fue siempre Messi», recuerda Alejandro Wall, citando una frase del propio Maradona: «Messi va a ser Messi». Su gran virtud, añade Wall, fue construirse «en la derrota», soportando frustraciones, caídas y tropiezos. Perdió finales, recibió críticas, llegó a anunciar su renuncia y regresó. Las victorias posteriores no borraron aquel recorrido, sino que le dieron un sello heroico. «Le dieron otro estatus, otra épica», apunta Wall, para quien la conquista del Mundial de Qatar en 2022 terminó situando al jugador en un territorio que, durante décadas, parecía reservado a Maradona.
Fútbol e identidad
«Messi no es un símbolo de identidad colectiva, pero es un héroe, un tipo muy admirado», puntualiza Pablo Alabarces. «Tardíamente, porque tardó mucho en imponerse, hasta por lo menos el Mundial del 2014 y diría mejor que hasta su primer éxito, que fue la Copa América del 2021. Él era muy resistido por los futboleros. La admiración hacia él fue creciendo por el peso de las hinchadas futboleras no tradicionales, es decir, las mujeres y los jóvenes».
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Messi celebra su primer gran éxito con la selección argentina: la Copa América 2021.Richard Callis/Sports Press Photo/IMAGO
El hecho de que el fútbol sea central en la cultura argentina no significa que todos sus héroes sean necesariamente símbolos de identidad nacional, dice, por su parte, Vicente Palermo. El fútbol forma parte de ella, pero eso no obliga a convertir cada acontecimiento deportivo en un evento identitario. «No le cerramos la puerta a la épica deportiva, no veo ningún problema con eso. Otra cosa es convertir, por ejemplo, un partido de fútbol contra Inglaterra en una confrontación con ánimo revanchista, o malvinero, o lo que fuera».
Adiós sin ruido
Messi se marcha por voluntad propia, de forma discreta, sin proclamarse símbolo de nada. La carta que publicó el 31 de agosto de 2026 fue escrita en realidad el 21 de julio, dos días después de la derrota ante España en la final del Mundial.
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La decisión de abandonar la selección argentina se precipitó con el fallecimiento del padre de Messi.Sebastiao de Souza/Cordon Press/picture alliance
El fallecimiento reciente de su padre, explica, influyó en una decisión que ya había madurado. «Dolió y duele en el alma», escribe Messi en su misiva, en la que afirma sentirse «vacío», asegura que ya no tiene más para dar y agradece los veinte años vividos con la selección. Termina agradeciendo a Dios «por hacerme argentino» y con un último «¡Vamos Argentina!». Esa relación con su país de origen permite entender por qué Messi acabó siendo aceptado como propio pese a haberse marchado de Argentina con 13 años: «Jamás perdió el acento», recuerda Alejandro Wall. «Siguió hablando en rosarino hasta hoy».
El futuro del número 10
El duelo público ha sido intenso: políticos, actores, periodistas, filósofos, pilotos y figuras de la televisión argentina han salido a despedirlo. La prensa local habla estos días de vacío. Alejandro Wall asegura percibir «una especie de orfandad del futbolista». Messi forma ya parte de una memoria que millones de argentinos comparten.
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El propio Maradona, durante su etapa como entrenador de la selección argentina, dio a Messi la camiseta con el mítico número 10.Hannah McKay/REUTERS
La pregunta que queda ahora, dice Wall, es quién llevará la camiseta número 10, quién heredará la cinta de capitán y quién ocupará en el campo un espacio que durante años pareció pertenecer exclusivamente a Messi. Vicente Palermo recuerda que cuando el director de orquesta Arturo Toscanini murió, sus músicos decidieron seguir tocando sin que nadie empuñara la batuta. Sin duda la selección de Argentina seguirá interpretando sinfonías, pero está por descubrir cómo sonará la orquesta.
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(rml)

