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Los puntos de asistencia al baño de Barcelona han recibido a 4.229 personas con diversidad funcional o movilidad reducida durante el mes de julio. Y en junio fueron 1.993 visitantes únicos. Este servicio municipal está disponible en la Barceloneta, Nova Icària, Bogatell y en la zona de baños del Fórum, y su objetivo es facilitar a las personas con discapacidad una experiencia de baño autónoma.
Ha sido en Nova Icària donde se han juntado más usuarios, con una media de 63 visitantes al día en julio y 1.951 a lo largo de todo el mes. En contraposición, las instalaciones de Bogatell siguen siendo las menos concurridas: 878 bañistas en julio y solo 135 en junio.
Puntos de asistencia de la ciudad han acogido a bañistas con diversidad funcional de toda Catalunya
“Por suerte, no necesitamos acompañantes para disfrutar de la playa. Aquí tenemos todo tipo de materiales y los técnicos que nos ayudan con las transferencias”, celebra Joaquima Jiménez, una de las usuarias. Ella, que siempre ha necesitado la silla de ruedas por su discapacidad, ha pasado las vacaciones desplazándose desde Sabadell para aprovechar el servicio. Su amiga Núria Rovira, de Terrassa, también ha estado recientemente en los puntos de asistencia barceloneses. De hecho, es fácil encontrar a usuarios que vienen a Barcelona expresamente para conocer los puntos de asistencia.

Concretamente, los equipamientos cuentan con cambiadores, aseos y lavabos adaptados, pérgolas que proporcionan zonas de sombra, pasarelas de madera, muletas, materiales de flotación y sillas anfibias. Entre todos los recursos, las sillas anfibias son las que tienen mayor impacto en la experiencia de los bañistas.
“Los técnicos conducimos la silla por la orilla y dentro del mar, hasta que flota. Algunas personas tienen autonomía suficiente para quedarse solas en el agua; si no es el caso, también las acompañamos”, explica Sandra Carpena, coordinadora de los puntos de Barcelona.
Joaquima Jiménez y Núria Rovira echan la vista atrás para ver cómo ha evolucionado un servicio que, aseguran, ahora está “en auge”. Y es que hace años, si querían bañarse en el litoral catalán, no tenían ningún recurso a su disposición. Así lo recuerda Rovira: “Iba a la playa con mis hijos y tenía que entrar al mar a cuatro patas”. Para superar situaciones precarias como estas, la normativa obliga a pueblos y ciudades a garantizar puntos accesibles en las playas, con pasarelas de madera, plazas reservadas en los aparcamientos, duchas, aseos y vestidores adaptados. Según las usuarias, el problema es que estos equipamientos no son suficientes para garantizar su plena autonomía. En consecuencia, tienen que ir a la playa acompañadas por familiares o amigos dispuestos a ayudarlas con sus necesidades.
Por eso, este verano varios entes locales han impulsado la inclusión de las personas con movilidad reducida en sus playas. Por ejemplo, se han instalado cinco barandillas en Badalona para facilitar el acceso al mar, aunque un temporal las inutilizó; también en Tarragona se ha implementado un sistema acústico que favorece el baño autónomo a los ciegos. De la misma manera, Lloret de Mar ha ofrecido 126 servicios de baño para personas con movilidad reducida a lo largo del verano.
Ahora y visto el uso que se está dando al servicio, el Ayuntamiento de Barcelona está estudiando la implementación de nuevas medidas que podrían ampliar el servicio de cara a la próxima temporada.



